Liberarse de todo tipo de tutela.


        “Emmanuel Kant define al tutelaje como “la incapacidad del hombre para hacer uso de la razón sin la dirección de otro.”

        “Uno de los aspectos más importantes, en aquellos grupos que se reúnen por una crisis existencial, que se origina en la pérdida de seres queridos o por otras circunstancias que pueden ser atribuidas a un destino que no se puede controlar, es la decisión de liberarse de todo tipo de tutelaje, entre ellos de la medicina oficial, así como la de la religión.”

        “El hecho de que de una misma realidad, sea posible tener múltiples experiencias, reafirma al hombre, y, especialmente, al hombre sufriente, como un ser libre para elegir la experiencia que extrae de ese mismo sufrimiento y responsable por su elección, hecho que contribuye a restar poder a cualquier tipo de tutela que se pretenda imponer, tanto a los integrantes como a los grupos.”       

        Debemos recordar que Renacer nació como un grupo ecuménico no confesional, en el que siempre se respetó  la  creencia religiosa de cada uno de los padres, por lo que, la participación de ministros de las religiones, es cuando menos, discriminatoria y tendenciosa pues da a entender o sugiere que existe una relación con Renacer.

        Debería ser tenido en cuenta, qué clase de aportes pueden hacer personas que no se han casado o tenido hijos sobre las maneras de encontrar sentido en la muerte de un hijo.”

        “Esta crítica puede hacerse extensiva a los aportes de la psiquiatría y la psicología, ya que los grupos que han opuesto más resistencia al enfoque espiritual trascendente de Renacer y que han priorizado la elaboración de las emociones y sentimientos, han sido formados, precisamente, por psicólogos y psiquiatras… ¡Qué paradoja, que necesitando el grupo porque su conocimiento no les sirvió, quieran llevar a los grupos a trabajar con aquello que les fue inútil para trascender su dolor!”

        “La pérdida de un hijo no es algo de lo que uno tenga conocimiento; todo el mundo tiene conocimiento de lo que significa perder un abuelo, un padre o una madre, pero la pérdida de un hijo no es un conocimiento, es una vivencia, es una experiencia que solamente la tiene aquel que ha pasado a través de ella.

        Si nosotros vamos con esta pérdida, con esta tragedia, a un psiquiatra o a un sicólogo, nos van ayudar de acuerdo a lo que ellos conocen, no de acuerdo a lo que ellos han experimentado, entonces, frente a esto todo el conocimiento queda corto.

        Entonces, nos sentiremos desamparados y no tenemos adonde acudir.

         Si somos católicos acudimos a un sacerdote, pero como los sacerdotes no tienen hijos, también nos dirán por lo que ellos conocen, no por lo que ellos han experimentado porque ni siquiera han podido experimentar lo que significa el amor de padre.

        Entonces, también nos quedamos cortos y vemos de pronto que no hay ayuda y cunde la desazón y los caminos empiezan a cerrarse.

        Tenemos que darnos cuenta que hay sólo dos alternativas, una alternativa es la individual, personas de mucho coraje, de mucha fortaleza espiritual y la otra alternativa es la de agruparse con otras personas que hayan atravesado por idéntica experiencia  de vida y aprender de ellos.”

        “A través de la aplicación de métodos psicologistas, el individuo tiende a apropiarse del fenómeno dejando de verlo como “el otro puede sentirlo” y de esa manera, el otro pierde toda presencia, despareciendo así la esencia del fenómeno de la ayuda mutua, que es “la presencia del otro”.

        “Al emplear una metodología reduccionista, paradójicamente, se ignora aquello que precisamente desean despertar, nos referimos al fenómeno de la espiritualidad humana.

        El error que se produce en estos grupos, es el de trabajar sólo en el nivel de la dimensión psíquica, de lo emocional, dejando de lado lo específicamente humano, como es la dimensión espiritual, quizás influenciados por terapias previas de sus miembros, o por la manera en que ciertas disciplinas psicológicas se han presentado a la sociedad como “la” respuesta a todo tipo de problemas existenciales.”

        “Para una adecuada comprensión de la tarea grupal surge, entonces, la necesidad de un sólido fundamento filosófico- antropológico como sustento, lo que planteó un problema cuando se hizo necesario abrir más grupos para ir conteniendo a nuevos integrantes, tarea que no siempre ha sido de fácil solución, por lo que se ha llegado, en algunos casos, a normatizar la actividad con preámbulos que se leen al comienzo de cada reunión o con objetivos impresos, como son los 12 pasos y las 12 tradiciones, originadas en Alcohólicos Anónimos, e incorporadas posteriormente por muchos grupos, en especial aquellos que enfrentan problemas de adicciones.”

        “Es preciso hacer un esfuerzo por conocer el significado de los grupos en su esencia. ¿Cómo hacer para que cada miembro lo conozca de esa forma?

        Es necesario partir de la universalidad de la experiencia, despojada de todo condicionamiento individual pues, básicamente, para cada uno de los integrantes del grupo, lo universal es el sufrimiento como fenómeno humano no individual, descubriendo, entonces, que la respuesta a ese sufrimiento yace en la presencia del otro, que necesita y más que necesitar demanda  ayuda, que es lo que hace funcionar homogéneamente a los grupos de ayuda mutua.

        Si incursionáramos en el terreno de la psicología, en vez de una experiencia universal certera, tendremos una multitud de experiencias individuales, basadas en un psicologismo que lleva al concepto de que el hombre está sujeto a condicionamientos, sean éstos sociales, biológicos o psicológicos y que, además, está determinado por ellos y no puede librarse de ellos, lo que significa, nada más ni nada menos, que el hombre no es ni puede llegar a ser libre.

        En la ayuda mutua es donde la noción de libertad que propone Frankl evidencia su valor y practicabilidad, pues, precisamente, para Frankl el hombre es libre para enfrentarse y oponerse a los condicionamientos.

        Esta oposición existencial a los condicionamientos, se lleva a cabo mediante el empleo de valores de actitud como son el coraje, el temple, la dignidad, y hemos visto que en ningún lugar son tan contagiosos tales valores, como en los grupos de pares que enfrentan un destino común.

        Para evitar que los integrantes de los grupos tengan cada uno un concepto distinto del significado del grupo, es necesario que la tarea esencial del grupo sea la de ayudar a los nuevos miembros o a aquellos que más necesitan, es decir, hacer que el grupo, en su «totalidad» se deba a los nuevos miembros, que reconozca en el rostro del otro la prioridad de su tarea, pues la vivencia, la experiencia del otro en la Ayuda Mutua, es la manifestación de la dimensión espiritual del ser humano.

        Elisabeth Lukas nos dice que la verdadera autoexperiencia sólo se produce a través de un camino indirecto, “solamente al mirar lo que no es yo mismo”. “El Yo  solamente deviene Yo, a través del Tú.”

        “Como el sufrimiento es un existencial de la raza humana entera no puede, a su vez, ser reclamado como propio por modelo psicológico o religión alguna, razón por la que el sufrimiento y las maneras humanas de sufrir no deben ser objeto de tutelaje alguno”. . .

 


 

Enrique Conde

Conde Enrique,”Páginas sin punto final para un libro sin punto final“, Montevideo, 2010

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