Encontrar el sentido de la propia vida.


Enrique Conde.


       Por la magnitud y el misterio de su naturaleza, el hombre siempre ha indagado sobre su origen y el sentido de su existencia, siendo objeto y eje de especulación filosófica, desde los comienzos de los tiempos.

           En definitiva, lo que el hombre más ansía no es riqueza o poder o aun felicidad, sino ser capaz de encontrar una razón para vivir, capaz de encontrar sentido, no sólo a su destino, sino también a las posibilidades que esperan ser realizadas por él.

           No se trata del sentido abstracto, referido al sentido último de la vida, sino al sentido concreto, que según Víctor Frankl tiene la vida para cada uno y que cada uno de nosotros debe encontrar en su vida como seres únicos e irrepetibles que somos.

          En la medida que encontremos y percibamos interiormente valores, que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo, cada uno de nosotros puede marcar una diferencia de acuerdo a como viva su vida.

          Víctor Frankl dice que el hombre, como ser único e irrepetible que es, es capaz de levantarse, en las alas indómitas del espíritu, por encima de sus condicionamientos físicos y psicológicos y responder responsablemente de una manera única, como expresión de su libertad.

          Ser libre significa libertad de opción, no libre de los condicionamientos, sino, precisamente, libre para enfrentarse a ellos y asumir una actitud positiva.

          Para Frankl la vida tiene un sentido incondicional que no se pierde en circunstancia alguna, ni aún cuando el hombre se enfrente con la tríada trágica de su existencia, como son el sufrimiento, la culpa y la muerte, los que pueden ser enfrentados con la adecuada compostura y actitud.

          En la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, se pone al servicio de una causa superior a él o amar a otra persona, vive la autotrascendencia, una cualidad esencial de la existencia humana, pues ser humano significa estar orientado a algo o a alguien que no es el mismo.

           El hombre es, necesariamente, un ser abierto al mundo, que puede apoyarse en aquellas partes más nobles del ser humano, su dignidad y los valores a los que el hombre como ser libre se siente atraído para encontrar sentido a su existencia, en vez de sentirse empujado por sus instintos.

           El hombre no llega a ser tal, hasta que no se olvida de sí mismo, ya sea para allegarse a alguien a quien amar, a una tarea que cumplir o a un sufrimiento al que encontrarle sentido, pues la esencia del hombre es la auto-trascendencia.

            La llegada de la muerte a nuestro hogar como un huésped no invitado, llevándose a un hijo, dejando vacía una habitación de la casa y un lugar en la mesa familiar, haciendo tambalear con su sola presencia las estructuras más íntimas del pensamiento y de la vida misma, puede llegar a ser una experiencia regeneradora, pues todo dolor trae consigo una enseñanza.

            Es en la muerte donde hallaremos el sentido de la vida misma, la clave de nuestra propia existencia, porque es moviéndonos a través del dolor, explorándolo, conociéndolo, que lograremos llegar más allá de él, más allá de lo inmediato, más allá del materialismo limitante, rescatando de un rincón del corazón los olvidados valores espirituales del hombre, que son los únicos que pueden salvarnos de una vida sin sentido, de una muerte en vida.

           El sufrimiento, correctamente vivido, despierta la trascendencia dormida: “el hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”, dice Víctor Frankl.

            Un nuevo modo del ser se hace presente: Ser para otro. 

           Este transitar del ser para sí mismo a un ser para otro, permite el salto a la trascendencia y lo hace a través de una elección, que se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.

            ¿Y cuál es una elección plena de sentido?

            Aquella que es buena para mí, buena para los que me rodean y buena para la vida.

            Si nuestra elección cumple esa triple condición, sabremos que hemos elegido correctamente.

            Hay además una intuición que nos muestra el camino, la que nos dice que aún en los momentos difíciles, de sufrimiento inevitable aquéllos donde creemos perder la fe y la esperanza, existe la posibilidad de cambio, de transformación interior.

           Podemos orientar nuestro desprendimiento hacia una persona a quien amar, a una tarea que cumplir, o bien hacia algo no concreto, como sucede con los valores de actitud que, si bien emanan del hombre, no están dirigidos a él mismo, sino a la vida, o a Dios o a nadie en particular.

           El sentido de nuestra intencionalidad autotrascendente, concluyen, como quizá en ninguna otra ocasión en la vida, en los grupos de ayuda mutua, donde el ser sufriente a quien amar se vuelve la tarea a cumplir a través de los valores de actitud.

           Víctor Frankl, nos dice que es merced a su trascendencia que el hombre encuentra los recursos necesarios para levantarse por sobre su sufrimiento y que al encontrar sentido en el horizonte de su vida, hace posible saltar cualquier obstáculo que en ella se presente.

           Entonces, la muerte de nuestros hijos no habrá sido estéril, porque a través de su partida es que el verdadero sentido de la vida se comprende como un tiempo precioso y finito que debemos vivir al máximo, pero de otra manera, ya que el camino trazado hasta ahora no sirve para esa nueva realidad.

           Por eso, Alicia Berti nos dice: “Debemos recomenzar, es como renacer de las cenizas, debemos captar el mensaje de infinito amor que nuestros hijos al partir nos dejaron y que los hijos que quedan nos recuerdan cada día: dar amor, sólo amor.

           El objetivo es encontrar sentido a esta tragedia; y cuando le encuentro sentido, lo más maravilloso de esto, es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta, planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.”

                                                  Viernes 28 de julio de 2017


          Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana que  el próximo 31 hará fecha de su llegada a este mundo para llenar con la luz de su amor a quienes  la amaremos por siempre.  


De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

 

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