¿Es posible vivir sin el hijo que físicamente no está más?


Enrique Conde

           Quien no lo haya vivido, no podrá imaginarse lo que significa verse, de la noche a la mañana, sin ese hijo, que para uno estaba para siempre en su vida y ni siquiera nunca nos hubiéramos podido imaginar que un día tuviéramos que vivir sin él.

           Al atravesar una conmoción existencial, como es la pérdida de un hijo, no podemos seguir siendo los mismos, algo en nosotros ha cambiado para siempre; la vida  se ha invertido como un guante de goma que se saca dando vuelta sobre sí mismo y somos otra persona distinta, nunca más la misma persona  y tenemos que elegir.

           De pronto, al darnos cuenta de esto uno se dice: “tengo que sufrir, no puedo evitarlo”, pero ¿puedo elegir cómo sufrir?

           ¿Es lo mismo sufrir miserablemente, que sufrir dignamente?

           ¿Es lo mismo caminar por la vida, como buscando monedas en el suelo, que caminar con la frente alta? No.

           Hay un tiempo de sufrir, pero aún sufriendo, sabemos que podemos sufrir miserablemente o sufrir con dignidad.

           Esa es una elección que yo puedo hacer hoy, aún cuando acabara de enterrar a mi hijo..

           ¿Qué clase de persona vamos a ser?

           No quedan más que dos caminos, nos dice el mensaje de Renacer, o soy mejor persona o soy peor persona; si alguien conoce otra posibilidad quisiera que lo diga, en Renacer no se conocen otras alternativas, no hay otras opciones.

           ¿Voy a dejar que mi dolor maneje mi vida y viva como un “zombie”?

           Entonces, se nos plantea el problema de la propia responsabilidad.

           ¿Qué hago de mi vida de aquí en más?

           Siempre será nuestra responsabilidad cómo viviremos nuestra vida, cómo la viviremos cada día.

           Cada día me levanto y puedo elegir lo que cada día voy a hacer de mi vida; soy yo quien voy a proponerme llorar, porque el llanto es lo que yo siento por mi hijo, o voy a levantarme con deseos de hacer algo en su homenaje que no sean las lágrimas.

           Si uno basa el trayecto de su vida, de acá en más, en el amor, si cada día de mi vida me levanto haciendo ese esfuerzo extraordinario que significa, aún en esos primeros tiempos, despertarse y saber que me despierto sin mi hijo, pero sabiendo también que por amor a él, y si me quedan otros hijos, también por amor a ellos, tengo que ponerme de pie con dignidad.

           Tengo que iniciar ese día y cada día de mi vida con proyectos de vida que incluya a otros seres que sufren.

           Cuando los padres comienzan a darse cuenta que nunca una persona que ha perdido un hijo volverá a ser la misma persona, que algo cambia para siempre, es aquí donde Renacer le abre el camino al análisis de la propia existencia.

           La respuesta es siempre la misma: el salto hacia nuestra dimensión espiritual, donde encontraremos los recursos necesarios para reinsertarnos en la sociedad a través de una vida productiva y plena de sentido.

           Asumamos el desafío, la aventura de ser una nueva persona y elijamos en ese camino entre lo mejor y lo peor, porque podemos decidir, podemos elegir, no somos bebés recién nacidos, comenzamos una nueva vida pero ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decir que es lo que queremos ser, entonces, a través de esa transformación interior, la muerte de un hijo no va a ser en vano, esos hijos van a ser estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas, nos tocaron, se fueron pero nos transformaron, nos tocaron para cambiarnos, son pocas las veces en que la vida nos da segundas oportunidades.

              La decisión es nuestra, en la más absoluta soledad, afirmada en el amor incondicional por nuestros hijos.

                                                           Viernes 27 de Octubre de 2017


             Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer

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3 comentarios en “¿Es posible vivir sin el hijo que físicamente no está más?”

  1. La ausencia corporal, la nueva presencia únicamente espiritual de nuestros hij@s luego de su partida, es algo que durante mucho tiempo trajo un huracán incontenible, una marejada incomprensible a nuestras vidas, pero nuestra decisión, nuestra convicción era vivir, y hacerlo plenamente, se lo habíamos prometido, se lo debíamos y a través de nuestro caminar, todo aquel dolor, todo aquel sufrimiento fue convirtiéndose en lo que realmente era, amor, del más puro y grandioso, pero para que esto sucediera, caímos muchas veces y de igual manera nos levantamos.
    Renacer ha sido testigo e inspirador de los pasos transitados, de la travesía por amor que hemos forjado, el depositario de aquel amor que no deja de fluir, y hoy comprendemos que su nueva presencia, la de nuestro amado hijo, es semilla para que crezcan árboles de esperanza, árboles llenos de frutos que hacen que la nueva presencia de Manri, sea una dulce presencia, una amada y dulce presencia.
    Ante la pregunta ¿es posible vivir sin el hijo que físicamente no está más?, la respuesta es sí es posible, y agregamos lejos de sobrevivir, lejos de resignarnos, lejos de ser quien fuimos, y llenos de heridas y moretones, pero mejores personas al final, y es posible solo si nuestro amor es quien guía nuestra vida…

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