Un homenaje de amor a nuestros hijos


Este documento del mes de mayo de 1996, considero, que es el que expresa las bases de trabajo de los Grupos Renacer, dando una amplia explicación a lo que luego fue sintetizado en “Esencia y fundamentos de Renacer como grupo de ayuda mutua”.
Este es un material de estudio que no debería pasarse por alto en los grupos para saber que estamos trabajando sobre bases sólidas con fuertes pilares que sostienen la construción que desarrollamos y ampliamos día a día.
Juan Francolino
Por Alicia Schneider y Gustavo  Berti, Río Cuarto, 1996.
Desde el momento en que RENACER se extendió, por vez primera, fuera de su ciudad de origen, nuestra principal preocupación fue la de evitar, dentro de lo posible, que la actividad de ayuda mutua se tiñera de ideologismos, especialmente en lo referente a cuál sería la metodología más adecuada para ayudar a los padres que pierden hijos.
Trabajamos desde el inicio con el convencimiento que el sufrimiento no es una enfermedad y por otro lado que nosotros, los seres que sufrimos, somos mucho más que ese dolor y que existe en nosotros una dimensión distinta, más humana, más elevada que nuestra persona o Yo psicológico o Yo secundario; que esa dimensión correspondía a lo que entendemos por Yo primario o Yo  trascendente o persona espiritual o dimensión espiritual del ser  humano, y que era, precisamente, en esa dimensión donde encontraríamos los recursos necesarios para trascender esta  verdadera conmoción existencial.
Este convencimiento surgía desde lo más profundo de nuestro ser, allí donde, en medio de tanto dolor, accedíamos –paradójicamente- a la gracia de reencontrarnos con nuestro Dios.
No era ni accidente ni voluntarismo, al contrario, era un despertar a una nueva y hasta entonces desconocida dimensión de nuestro ser, despertar favorecido y estimulado por palabras de la Dra. Elisabeth Kübler Ross:
“El gran salto hacia la luz”
De esto, Elisabeth Kübler Ross nos habló sólo en términos generales,
contentándose con señalar que sus mejores maestros habían sido niños moribundos y que, “por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un hijo podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual”, porque necesitan saber cómo abrir su
corazón a la presencia de los jóvenes desaparecidos. Y para ello, debían deshacerse primero de un fárrago de “supersticiones a contrapelo”, alambre de púas negativo, escepticismo masoquista, que nos impiden, según ella, sentir la presencia de los que han caído en el reino de la compasión total.”
Ha sido así, entonces, como nació RENACER, no como una  necesidad de “curar” tanto dolor, sino como un despertar espiritual que nos llevó a ver en esta tarea un homenaje a nuestro Nicolás, homenaje que hemos querido, y siempre querremos, compartir con tantos otros padres que han decidido hacer de sus propias vidas un
homenaje a esos hijos que tanto nos han marcado con su partida, siempre prematura para nosotros.

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