OBJETIVOS DE RENACER


       Presentación de padres de las provincias de Tucumán y Salta, en el Encuentro por el vigésimo noveno aniversario de Renacer, Huerta Grande, Córdoba, Argentina; el  día 2 de diciembre de 2017.

Hemos pensado que, por razones de brevedad, tratar los Objetivos en sí implicaría una reiteración de los conceptos ya por todos conocidos a través de distintos medios de difusión (blog de Renacer, publicaciones, etc.).

Igualmente, recordemos ellos son:

  1. ACEPTAR LA REALIDAD.
  2. ENFRENTAR EL DOLOR.
  3. APRENDER DE EL.
  4. ENCONTRARLE UN SENTIDO.
  5. HALLARLE UN NUEVO SIGNIFICADO A LA VIDA.

Consecuente con ello hemos optado por encarar esta presentación tomando distancia de la teoría pura, compartiendo nuestras experiencias y enfocarnos principalmente en lo afectivo y en la forma de alcanzar esos objetivos. Como verán es un enfoque entre tantos, una experiencia entre tantas, expresada aquí y por este medio con el sólo fin de que, si así lo consideran, pueda servirles de alguna manera.

ACEPTAR LA REALIDAD. ENFRENTAR EL DOLOR. APRENDER DE EL

En una primera etapa apuntamos a que el papá nuevo rompa con esa inercia de quedarse quieto esperando que alguna de sus angustiosas expectativas se cumpla, las siempre vigentes: “se fue de viaje y volverá”, “despertaré de este mal sueño y él estará allí” y seguramente Uds. conocen variados ejemplos más. Una vez puesto en movimiento, desafiamos al papá nuevo a que se desprenda de los preconceptos que culturalmente trae, tales como “No voy a poder seguir viviendo sin mi hijo”, “primero morirá el abuelo…luego el papá….”, etc. etc.  O el siempre vigente “por qué a mí”, “por qué a mi hijo”, “por qué ahora,” Se trata de desaprender para aprender de nuevo y así poder recibir la propuesta revolucionaria del grupo. El proceso de reaprendizaje que mencionamos lleva de la mano la comprensión de la realidad y su aceptación tal cuál es, aunque no nos guste.

El papá nuevo irá entonces entendiendo que Renacer no es el lugar donde vamos a compartir el dolor sino el amor que nos quedó, paradójico tal vez pero central para entender desde el inicio qué es lo que nos moviliza.

Un papá o una mamá que observe que puede salir de su posición de ser centro del dolor, para abrirse y compartir sus experiencias con otro papá, sentirá  inmediato alivio y encontrará una luz de esperanza.

Ello sucederá porque no somos lo que DECIMOS sino que  somos lo que HACEMOS  con lo que decimos o sea que no basta repetir lo que escuchamos en las reuniones, sino que se requiere la efectiva puesta en práctica de lo aprendido, sabiendo que la responsabilidad y la elección van más allá de ello.

En las reuniones nos ha dado muy buenos resultados insistir en el tema de entender que la “resistencia a la aceptación” es un retardador del proceso de crecimiento. Identificar nuestros propios obstáculos para trascender el dolor y encontrar un sentido a lo sucedido es parte de nuestra rutina en cada reunión o conversación.

Sobre el proceso de aprendizaje, insistimos en que la única forma de recibir ayuda es ir a las reuniones de Renacer con las manos y el corazón abiertos. Muchos padres llegan al grupo con un erróneo concepto arraigado culturalmente consistente en cerrarse en la posición de que el dolor con que llega es para siempre. En estas situaciones el grupo presta especial y permanente atención en pos de que el papá logre modificar este pensamiento.

En cada reunión dejamos claramente sentado que el intercambio de sentimientos y vivencias (bases de la ayuda mutua) nos exige una brutal honestidad que nos aleje de la vergüenza o prejuicios producto de nuestra condición social, laboral o familiar, los cuales se diluyen en la experiencia común a todos, que es la pérdida de un hijo.

Tratamos que el papá nuevo, en esos preciosos momentos de comunión con el grupo o con el papá o mamá a quienes le abran su corazón sea simplemente llamado como “Emilia, mamá de Nico” o “Ale mamá de José Luis”….recordando siempre el nombre de nuestros hijos.

Una vez establecido claramente en qué condiciones vamos a relacionarnos los papás, la conexión será directa y enriquecedora convirtiendo al dolor en una oportunidad de crecimiento y transformación.

Si bien hemos aprendido y sostenemos que el principal destinatario de nuestros esfuerzos es el papá nuevo, no descuidamos al que ya ha hecho los primeros pasos y desee ir más allá. El nivel de complejidad de la charla crecerá y ya será inevitable recomendar la lectura de un texto (tenemos una bien nutrida biblioteca) o el comentario de lo ya leído. Eso sólo promoverá la curiosidad de los demás lo que les permitirá entrar en un campo enriquecedor de sus experiencias y descubrimientos iniciales.

Esta particular atención a los más inquietos produjo dos importantes efectos: el primero consistente en que ese papá no considere rutinarias las reuniones al escuchar los mismos conceptos para los papás nuevos que lamentable pero inevitablemente siguen llegando al grupo. El segundo es que muchos de ellos hayan decidido quedarse a colaborar ayudando a los que van llegando y contribuyendo al crecimiento del mismo.

Sostenemos con firmeza que la base de funcionamiento del grupo está lejos de aspirar a ser un ateneo filosófico, psicológico o de altos conocimientos, estamos lejos también de considerar al padre nuevo como alguien a capacitar.  Desde el inicio lo consideramos un par, quien incluso desde su primera reunión puede enriquecernos con sus experiencias.  Seguimos pues a rajatablas el respeto por el principio de horizontalidad.

Con satisfacción hemos observado como un papá nuevo “se descubre” ante todo como una persona que tiene esencialmente una condición espiritual con un tremendo potencial compasivo y amoroso. Lo hemos comprobado cuando un recién llegado tomaba la mano de otro que se emocionaba a su lado. Él ya estaba dando.

 

ENCONTRARLE UN SENTIDO A LA PERDIDA

Siempre hemos sostenido que la mayor riqueza que tiene Renacer es la calidez amorosa con que se recibe al papá nuevo, anticipo de un vínculo que irá creciendo íntimamente y que llevará a esa persona progresivamente a reconvertir su dolor en esperanza y su crisis existencial en sentido, cualquiera sea el que éste papá decida darle.

Hemos fundado ese vínculo en la espontaneidad, esa naturalidad que sólo puede venir de un semejante, plasmado en un lenguaje claro y familiar sin preocuparnos demasiado en las formas. Procuramos brindar a cada papá las herramientas para que encuentre su propio sentido a lo sucedido y sobre el cuál ninguno de los demás tendremos influencia, fieles al concepto de que Renacer no impone valores.

La reunión se convierte así, a través de los testimonios, en una galería de ricas experiencias donde jamás se escuchará un “Uds. tienen que hacer o sentir esto o aquello”. Será siempre una descripción personal de las vivencias y los participantes podrán así elaborar su propio modelo facilitándoles esta tarea, los relatos que escuchan. Pero debe quedar muy en claro que se trata de una “escucha activa” que no se limita a ser “un presta orejas”, sino que implica necesariamente la interacción con el otro y una real participación a fin de compartir el sufrimiento del otro en la reunión o acudiendo a tomar ese café acordado para cualquier momento.

Por eso creemos, como dice Francisco Bretones, que: “…Nada mejor para un buscador de sentido que un vivenciador del sentido”.

Tal vez, al avanzar por este camino nos veamos tentados a creer que nuestra pérdida nos sitúa en un rol de “iluminados” que ahora todo lo entienden y todo lo saben. En nuestras reuniones frecuentemente alertamos sobre esto remarcando hasta el cansancio que el concepto de humildad es central:

  • Para desaprender.
  • Para aprender.
  • Para poner en práctica lo que aprendimos.
  • Para reconocer autocríticamente cuando repetimos errores o caemos en viejos y superados pozos después que dijimos que habíamos aprendido.

Es que cuando finalmente aprendemos, el concepto de responsabilidad se hace patente, porque es responsabilidad con la vida que hemos elegido tener. Darnos cuenta que nos hemos salido de la ruta y mordemos la banquina también es una prueba de aprendizaje y entonces corregir el rumbo es parte del compromiso con nuestra nueva vida.

Y si de compromiso hablamos, el existente con el grupo merece también mención. A nuestras reuniones concurren papás que van al grupo desde sus inicios y permanecen desde hace más de 25 años, compartiendo generosamente sus experiencias. Entrega en actos de amor que incluso trascienden las palabras, una mamá dispuesta a enseñarle a otra mamá a hacer una artesanía es un bálsamo reparador. Todo sirve. Es el Amor en su expresión más generosa y sencilla. ¿Será de sentido de lo que estamos hablando?

TRASCENDER EL DOLOR

Cuando llegamos al grupo lo hacemos con un sentimiento de incorporación del dolor como parte de nuestra esencia, como si el dolor fuera nosotros mismos generando el llamado “proceso de reflexión” que en muchos casos se transforma en “hiperreflexión”, es decir, el “pensar demasiado” en el propio dolor lo que nos mantiene en una constante situación de desasosiego y sufrimiento, un día a día sin paz y sin sentido.

Dejar de lado este sentimiento de exclusividad donde “yo y mi dolor” son lo único que importa para abrir paso a un novedoso proceso de “derreflexión”, esto es cuando empiezo a ver y a ocuparme del dolor del que tengo al frente, abandonando así la exclusividad y el egoísmo en pos de ayudar al otro que también sufre, ello traerá una inmediata sensación de paz gratificante.

La elevación a la categoría de imprescindible del “otro” será claramente distinguida poniendo en evidencia la veracidad de la respuesta al acertijo budista Zen que nos enseñaran Gustavo y Alicia y que dice: ¿Cuál es el sonido del aplauso con una sola mano? La respuesta es la ayuda mutua, cuando una mano se encuentra con la de un hermano que también sufre.

 Ya rota la inercia inicial con que el papá nuevo llega al grupo entrará en un vertiginoso tobogán que cuando menos lo sorprenderá.  Así, la mamá nueva encontrará que hay mamás que conforman un cálido grupo de WhatsApp donde cada jornada envían un “Buen día”, recuerdan  los días de las reuniones o dan una palabra de aliento a la que está teniendo un mal día; pero siempre alertando que ni el WhatsApp ni  el contacto virtual reemplazan el encuentro directo, personal y  amoroso de las reuniones. Siempre habrá en el teléfono un mensaje esperanzador o de meditación como este que compartimos:

“Y una vez que la tormenta termine  no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste.  Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero, una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.  De eso se trata la tormenta.”

LA TRASCENDENCIA A TRAVES DE LA REINSERCION SOCIAL

Hemos puesto principal atención en generar o promover juntadas paralelas a las reuniones habituales. Sencillos y amenos encuentros sociales en fechas previas al  día de la madre, la Navidad, el cumpleaños de Renacer o en cualquier momento sin precisar motivo alguno.  Ocasiones ideales para que papás y mamás recarguen pilas y compartan con los más experimentados su vivencia.

En ellas veremos a nuestros hermanos volver a cantar (quizás esa canción que le gustaba al hijo que partió) o compartir incluso noches de karaoke, donde nos une algo más que una canción.  Volver a reír y a bailar sin culpas, comprobando que se puede vivir plenamente y abandonando así la idea de que toda experiencia de disfrute constituya una deslealtad  a la memoria  de los chicos. Los papás viejos facilitarán el descubrimiento de la idea de que vivir con plenitud es el mejor homenaje a los chicos mostrando su propia experiencia.

Compartir un almuerzo a la canasta o los clásicos té de las mujeres, tienen un valor práctico incalculable. Son la ocasión ideal donde la intimidad con el padre que nos parezca más afín permite ese momento de máxima proximidad entre dos corazones.

Habitualmente y luego de las reuniones hacemos nuestros infaltables “Tercer tiempo”, que surgieron espontáneamente en un simple ¿“Quien se prende en ir a comer un sanguche de milanesa”?.

Allí aparecerá la oportunidad en la cual los conceptos escuchados en la reunión serán comentados y las dudas aclaradas; un espacio ideal de crítica y evaluación del desarrollo de la reunión para escuchar propuestas para mejorar, prestar especial atención a algún papá que necesite mayor ayuda, consensuar todo aquello que sirva para el crecimiento del grupo será siempre bienvenido.

RESIGNIFICAR NUESTRA VIDA

Cuando parece que con la aceptación concluye nuestro camino, Renacer propone y redobla la apuesta, mostrando que ella es sólo el comienzo. Una oportunidad para desarrollar de la mejor manera la potencialidad humana, de ser testimonios de que toda vida vale la pena de ser vivida. Que después de la tragedia puede venir algo bueno…incluso muy bueno.

Se puede dar en situaciones muy simples, por ejemplo: el orden de prioridades que le asignamos a las cosas que nos pasan (quizás después de la partida de los chicos nos sobren dedos de una mano para valorar aquello que es verdaderamente significativo para nuestras vidas), una verdadera valoración de los afectos o simplemente la consciencia, ahora clara a pesar que siempre fue evidente, que somos finitos con una limitación temporal en este mundo.

Y es que, si de dar crédito alguno a la experiencia de la pérdida se trata, ninguno de los que está acá podrá negar que, luego de lo sucedido, nos hemos convertido en personas un poquito más conscientes o si lo queremos plantear más humildemente, en personas un poquito menos tontas, es que bastó un cerrar de párpados para echar luz a nuestras miradas, dirá emocionado un compañero de ruta.

Eso, queridos hermanos, es también un regalo que los chicos nos dejaron, por eso y compartiendo plenamente la reflexión de Viktor Frankl diremos con convicción que: “El sufrimiento hace al Hombre lúcido y al mundo transparente“.

Muchas gracias.

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