Fundamento filosófico


Por Enrique Conde

Tercera Parte 
Génesis de Renacer
 Así lo recuerdan Alicia y Gustavo.

 

  V
Fundamento filosófico

         Superadas algunas dificultades ya esperadas, por ser éste un grupo nuevo, una alternativa para los padres que solo contaban, hasta entonces, con la posible asistencia de la medicina o los ministros de las religiones, la ayuda de Víctor Frankl fue fundamental para la fijación de algunos conceptos que aseguran la razón  de ser de la ayuda mutua, como expresión de un cambio cultural.

       El trabajo en Renacer, está profundamente influenciado por la obra de Víctor Frankl, psiquiatra vienés y filósofo creador de la Logoterapia y Análisis existencial; en su obra se encuentran los fundamentos antropológicos y filosóficos necesarios para llevar adelante esta tarea.

        Es necesario aclarar que, por logoterapia, se entiende un sistema filosófico antropológico que entiende al hombre como un ser consciente y responsable, viviendo en la tensión entre el ser y el deber ser, guiado por la permanente búsqueda de sentido a las preguntas que la vida le plantea.

        Este sistema presenta la particularidad de ser aplicable, tanto como modelo terapéutico (psicoterapia), como por el hombre no enfermo, que busca respuestas a sus interrogantes existenciales. Es, precisamente, en este último  sentido, que es aplicada esta filosofía frankleana.

        Pero si bien ha sido la obra de Frankl, la que  dio los fundamentos teóricos, fue su vida la que nos dio un mensaje invalorable en su libro “El hombre en busca de sentido” y nos sirvió de ejemplo; prisionero en cuatro campos de concentración nazi, durante la segunda guerra mundial, donde perdió a su esposa y un hijo por nacer, su madre, su padre y un hermano y, aun así, dijo: “A pesar de todo sí a la vida”.

            Según Frankl el hombre puede perder todo en la vida, menos la última de sus libertades, que es la libertad  de elegir la actitud con la que afrontará su destino…

            La libertad de elección, trae consigo la responsabilidad por lo elegido, ante  sí mismo, ante la vida o ante el Dios que cada uno crea.

              Agregado a ello, existe una responsabilidad común a todos: que es la responsabilidad de encontrar el camino de los valores afectivos, en el encuentro generoso con el otro, para después ayudar a quienes continuarán ingresando al grupo, lo cual es una responsabilidad grupal; de esta manera, “el ayudado de hoy será el ayudador de mañana”, lo que es consecuencia de la comprensión de que toda libertad, trae aparejada una responsabilidad individual.

            Por entonces. ya había algunos aspectos que eran comunes a todos los padres del grupo: el sufrimiento, la libertad para elegir el para qué y la responsabilidad, no solo individual sino también grupal.

            Lentamente, y casi sin darse cuenta, se  adentraban en el territorio de la esencia de la ayuda mutua.

        Cuando aparecieron los grupos de Moldes y de San Luis, nosotros ya sabíamos que Renacer iba a expandirse, pero todavía no estábamos preparados, porque lo que sabíamos nosotros era que el grupo trabajaba y tenía una tarea muy esperanzadora, una acción muy poderosa, ya que terminábamos siempre cada reunión, con un mensaje de alegría y esperanza.

         Eso lo podíamos hacer nosotros, pero de allí a que pudiera hacerlo otra persona, no lo sabíamos.

         Surgió, entonces, la necesidad imperiosa, de un modelo, un modelo que sustentara filosóficamente, existencialmente, esta tarea de ayuda mutua, para que otras personas y otros grupos lo pudieran utilizar en otros lugares.

        Elisabeth Kübler-Ross nos respondió muchas preguntas personales acerca de la manera en que los hijos parten, con ella pudimos andar hasta que apareció en nuestras vidas  la obra de Víctor Frankl, que nos dio el sustento filosófico antropológico necesario para fundamentar la tarea de Renacer, sobre todo, para que Renacer pudiera reproducirse en otros lugares, sin la presencia nuestra, porque si nuestra presencia hubiese sido requerida para formar un grupo, eventualmente, esto hubiera sido la obra de un par de iluminados, cosa que no es así, porque muchos padres tomaron el mensaje, les gustó y lo adoptaron, y por eso es que  Renacer existe hoy en tantos lugares.

        Frankl nos hizo ver el sufrimiento de manera distinta, nos hizo ver el sufrimiento como catalizador de un crecimiento interior, Frankl dijo: “el hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”, es decir, el hombre que aun sufriendo, prioriza la presencia del otro, se humaniza, por eso pudimos decir un día, cuando quizás nadie nos entendió, pues entonces poca gente nos entendía, que Renacer es un imperativo ético, porque el resultado final para aquellos valientes que se animaban a dar el salto de la trascendencia, era la transformación interior, era el acceso a la verdadera humanidad del hombre.

        Víctor Frankl nos mostró y nosotros pudimos mostrarlo a los papás, que a pesar de todo lo que había pasado, todavía había un espectro maravilloso de posibilidades, un horizonte maravilloso de posibilidades hacia delante, para que nosotros tomemos de ellas aquello que sea lo mejor para nosotros, lo mejor para los que nos rodean y para la vida misma, o sea una opción plena de sentido.

        Esas opciones están siempre ahí, adelante nuestro, pero cuando perdemos un hijo, nos quedamos en el hoy y en el ayer, todo duele; entonces, Renacer le puede mostrar a los papás otras opciones que están delante suyo y pueden asumir la responsabilidad de tomarlas.

        En lo tocante al sentido de la vida, Víctor Frankl afirma que la vída tiene un sentido incondicional que no se pierde en circunstancia alguna, ni aun cuando el hombre se enfrenta con la triada trágica de su existencia, como son el sufrimiento, la culpa y la muerte, que pueden ser enfrentadas, con la adecuada compostura y actitud.

        El sufrimiento se resuelve a través del servicio, la culpa a través del cambio existencial y respecto a la muerte, los padres aprenden a apreciar las oportunidades que la vida les ofrece, para realizar acciones de valor en homenaje a sus hijos y que deben hacerlo hoy, ya que desconocen la duración de sus propias vidas; la muerte, ahora, se convierte en acicate para la acción responsable.

        Dejando fluir estos sentimientos en nuestro interior, daremos paso al nacimiento de un nuevo ser en nosotros, un ser capaz de disfrutar, nuevamente, del sol y de la naturaleza en todo su esplendor, un ser que no se resentirá por la vida, porque ha comprendido la muerte.

         Víctor Frankl dice que nosotros somos libres, pero la libertad nuestra no es libertad de, sino una libertad para, es decir, no somos libres de las cosas que nos condicionan, entre ellas nuestras emociones y sentimientos, pero somos, precisamente, libres para enfrentarlos y para oponernos a esas emociones y a esos sentimientos.

        Afirma: “Al hombre se le puede arrebatar todo en la vida, menos la última de las libertades individuales: la actitud con que enfrentará lo que le toca vivir.·

        Al tomar conciencia de esto, también nos damos cuenta de la importancia de utilizar, responsablemente, nuestra libertad de elección.

        El modelo frankliano nos ha facilitado el lenguaje y los conceptos para definir y transmitir lo que ya experimentábamos, lo que percibíamos en nuestro propio despertar a una nueva manera de vivir, lo que sentimos en esa nueva dimensión de nuestro ser al luchar con dignidad, al ser capaces de enfrentarnos y oponernos a esa parte nuestra que quiere morir con nuestros hijos.

        Es un modelo que nos sirve para describir este proceso de transformación interior a otros padres, que están por comenzar este trágico y a la vez maravilloso camino de recuperación.

        Frankl ha dicho, en sus obras, que la Logoterapia no es sino el lenguaje del hombre común y corriente, que lucha por encontrar sentido a los interrogantes que la vida le plantea, traducido al lenguaje de la ciencia.

        El término Logo fue usado en su acepción de sentido, entendiéndose, entonces, su modelo como el de una terapia centrada en el sentido de la vida; así como Sigmund Freud había hecho de los sueños el sentido del inconsciente, Frankl describió a la conciencia como el órgano del sentido y la consideró parte del inconsciente espiritual, allí donde tienen origen los fenómenos específicamente humanos, tales como la libertad, la responsabilidad y la espiritualidad.

        Este modelo ha ido ganando espacio con el correr de los años, merced a la progresiva decepción por los resultados de los modelos más ortodoxos, con lazos en las ciencias naturales.

        La psicología, como apéndice de las ciencias naturales, sólo se remite a aquello que puede demostrarse, dejando de lado todo lo relacionado con la fe.  Por eso, dice René Hugues en “La noche anuncia la aurora”… Golpearemos con los nudillos la puerta que los hombres de ciencia mantienen  tímidamente cerrada, y que esconde una realidad que les es inaccesible y que por eso ellos niegan.

        Todos los modelos psicológicos, sacando la logoterapia, se basan en la categoría “del antes” y “el después.

        Según Víctor Frankl, el hombre es capaz de levantarse por encima de sus condicionamientos físicos, psicológicos, aún más allá de su experiencia previa, en las alas indómitas del espíritu y responder, en libertad y responsablemente, con su manera única e irrepetible, como ser único e irrepetible que es.

        Renacer vino a demostrar que la dimensión espiritual del hombre es aquella que permite trasformar una tragedia en un triunfo, en un triunfo del espíritu humano, en un triunfo humano, que es un mensaje totalmente contrapuesto frente al mensaje de todas las ciencias de la psiquis.

        Esto, que era una novedad, también era difícil, porque nosotros decíamos: no es necesario prestar atención a los sentimientos y a las emociones, son todas negativas, ya lo sabemos, no tengo que perder tiempo preocupándome de cómo me siento, tengo que utilizar toda mi energía para que el hermano que está sentado frente a mí se sienta mejor.

        Todas estas cosas nos iban llevando por un camino que iba muy lejos de la psicología, iba muy lejos del dolor, aprovechemos esta oportunidad, porque nunca podemos volver a ser la misma persona después de perder un hijo.

       Hemos procedido a realizar una crítica de la psicología que no cesa en su empeño de arrogarse la capacidad de solucionar el sufrir del hombre, al tiempo que hemos rescatado la cosmovisión de Víctor Frankl y de Karl Jaspers, como representantes de modelos filosóficos y antropológicos, capaces de rescatar el triunfo en medio de la derrota, de ayudar a la persona a elaborar un proyecto de sentido en su tragedia, un sentido que sólo puede aparecer en la vida, si el hombre se abre a una dimensión más profunda, una dimensión que le permita reconocer que, en medio de la crisis, la oportunidad se sitúa moralmente por encima del peligro.

       Este mensaje, que hemos llevado a lo largo de más de 29 años, al principio, a la gente le costaba creer, a los papás les costaba creer que hubiese algo en nosotros, que nos permitiera defendernos, que nos permitiera enfrentarnos y oponernos a este dolor.

        Costó mucho tiempo, sin embargo, hoy sabemos que existe, hoy lo vemos, lo vemos en los rostros de los padres y los padres lo ven en los rostros de otros padres, que entran a los grupos, pues entran con los rostros desfigurados de dolor y salen con una sonrisa en los labios, ésa es la fuerza indómita del espíritu.

       Cuando nosotros accedemos a la dimensión espiritual, cuando tomamos poder de nuestra dimensión espiritual, nos encontramos en la verdad y como contrapartida se nos brinda la paz interior.

 

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