Síntesis del mensaje de renacer


Por Enrique Conde

Tercera Parte 
Génesis de Renacer
 Así lo recuerdan Alicia y Gustavo.

 X
Síntesis del mensaje de renacer

 Principios  que son el fundamento y sostén de la esencia de los grupos de ayuda mutua Renacer, de padres que enfrentan la pérdida prematura de de hijos.

 R e n a c e r  es:

       Una experiencia de más de 29  años,  minuciosa y rigurosamente probada, aplicable a todo grupo de ayuda mutua para resolver el dolor producido por un sufrimiento ineludible.

         El 5 de diciembre de 1988 en la ciudad  Río Cuarto, República Argentina, se inició Renacer, Grupo de Ayuda Mutua de Padres que Enfrentan la Muerte de Hijos, que muy pronto se extendió a varios países de este continente y ha cruzado el océano Atlántico comenzando en Barcelona y  luego se abrieron  grupos en otras localidades de España, tales como  Lloret de Mar, San Sebastián, Labañesa (León), Andorra, Valencia, Córdoba, Sevilla, Tafalla (Navarra), Pamplona, Zaragosa y otras localidades de América, a saber: 12 grupos en México, 23  en Chile, 11 en Uruguay, 60 en Argentina, según información recopilada por Carlos Maeso de Renacer Lloret de Mar, agregada  a la edición del libro “Páginas sin punto final… para un libro sin punto final…”, a lo que corresponde agregar grupos en Paraguay, Ecuador, Costa Rica, El Salvador, Bolivia, Brasil, Colombia, Guatemala, Venezuela y Perú, como también cabe  mencionar a aquellas personas que, a título personal, reciben, información de Renacer, radicados en Croasia, Estados Unidos, Panamá, Honduras y Noruega.

        Esto implica un crecimiento vertiginoso y, ciertamente, mayor a cuánto podría, no ya pensarse, sino siquiera soñarse.

        Han sido artífices de este crecimiento los integrante de los diversos grupos,  por la actitud con que cada uno ha afrontado un destino adverso, demostrando a sí mismo, a su familia, a sus amigos y a la sociedad entera, que es posible sufrir con dignidad, levantándose por sobre el propio dolor para ayudar a un hermano que sufre, gracias a la Ayuda Mutua.

        Seguramente, aquel día de diciembre de 1988, cuando por primera vez se reunieron unos pocos padres, mamás y papás que habían perdido hijos, convocados por una mamá y un papá cuyo hijo primogénito, Nicolás, había fallecido seis meses antes, en un accidente de tránsito, ninguno de ellos hubiera podido ni siquiera imaginar, que 29 años después pudiera decirse que ese día había nacido un movimiento que sería una avanzada para la humanidad.

         Para hacer de aquel sueño una realidad, hubo que trabajar luchando contra los paradigmas establecidos, aquellos que desde la niñez subordinan la libertad de pensar, no pudiendo pensar lo no pensado.

         Hubo que luchar contra los intereses de quienes, por entonces, se habían constituido en dueños indiscutidos para tutelar el dolor ajeno, frente a los cuales, Renacer era una alternativa más eficaz, que transitar las etapas de un duelo convencional, como ha quedado demostrado.

         También hubo que luchar contra la inercia de quienes, como golondrinas pasajeras, pasan al vuelo por los grupos y no vuelven.

         Hubo que luchar contra la falta de fe de quienes, como Santo Tomás, tenían que tocar para creer.

         Hubo que luchar contra la desesperanza que invade el corazón herido de quienes han perdido un  hijo.

          Y en esa tarea recorrer miles de kilómetros luchando contra la incredulidad materialista que invade las mentes.

         También hubo luces y esperanzas.

         Luces y esperanzas, aportadas por la obra científica de Elisabeth Kûbler Ross, de Víctor Frankl, de Elizabeth Lucas y tantos otros autores que abren caminos de esperanza.

          Y la infaltable luz y esperanza de tantas mamás y papás, de todas partes del mundo, que no queriendo vivir como estaban viviendo, intuyeron que el mensaje de Renacer, era la forma de mantener vivo el  amor por el hijo que ya no estaba físicamente y lo sentían alojado en su corazón.

          Cincuenta, cien y más años esperan la labor de los actuales integrantes de cada grupo, para que llegue el momento en que esta revolución cultural llegue a todas las culturas.

          El trabajo en Renacer está profundamente influenciado por la obra de Víctor Frankl, pues allí se encuentran los fundamentos antropológicos y filosóficos necesarios para llevar adelante su tarea.

          Para Víctor Frankl  “El hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

          Víctor Frankl, a través este lema afirma que es merced a su trascendencia, que el hombre encuentra los recursos necesarios para levantarse por sobre su sufrimiento, encontrando sentido para el horizonte de su vida futura, haciendo posible sobrepasar cualquier obstáculo que en ella se le presente.

          Trascender significa dejar de lado la propia situación de ser sufriente y usar su capacidad para auto distanciarse de sí mismo, comenzando a ayudar a otro ser sufriente.

          Renacer ha sido y es, cada vez más, una prueba  de que la única forma de ayuda, en el caso de un sufrimiento ineludible. es ayudando a otro, a través de la Ayuda Mutua.

          A partir de ahí, se hizo necesario establecer un cauce por el que discurrirían, con libertad sí, pero dentro de él, todos los grupos que comiencen a trabajar, tratando de evitar los peligros que pueden asechar contra su correcto funcionamiento.

          Al producirse un  crecimiento tan explosivo, los grupos, en especial los más nuevos, pueden quedar expuestos a múltiples peligros, algunos que acechan desde afuera y otros que los acechan desde adentro.

          Dentro de los peligros que acechan desde adentro, se encuentran la psicologización, la estructuración y el personalismo, pudiendo agregar la inclinación a la innovación, porque Renacer es ya “la innovación”.

          La psicologización se produce al colocar demasiado énfasis en la elaboración de los sentimientos y las emociones y por otro lado trabajar, ya sea en charlas o conferencias, con psiquiatras y psicólogos.

          La presencia de estos profesionales, cuando asisten a estos grupos como padres,  nos está diciendo, con su sola presencia, que ni la psiquiatría ni la psicología les han servido a ellos para trascender su sufrimiento.

          La estructuración genera problemas porque atentaría contra la igualdad de sus integrantes, ya que en cualquier forma de  estructura se necesita renovar los cargos y para renovar los cargos se tienen que presentar candidatos y donde hay candidatos, uno tiene que sentirse mejor candidato que otro y, entonces, no habremos aprendido nada; nada, absolutamente nada, con el agravante de  capitalizar la muerte del hijo para acceder a un poder, más otro agravante para cada uno de los demás integrantes del grupo, pues hay alguien que les va decir lo que tienen que hacer, ya que ese alguien, va a tener poder sobre ellos.

          ¿Habrá quien deje que otra persona tenga poder sobre sí, por la muerte de su hijo?

         El personalismo. Provenimos de una cultura, de un mundo en donde se hace el culto al liderazgo, en consecuencia, es muy fácil y muy cómodo delegar en otro que piense por uno y eso sucede, a veces, en los grupos donde se asumen liderazgos, se generan imposiciones, sobre todo, sobre los padres nuevos, ya que esto provoca que el padre nuevo no se sienta con esa libertad que el mensaje y los fundamentos de Renacer propician para que cada padre encuentre la luz, pues no la va a encontrar a través de lo que  hace otro, sino que cada uno la tiene que encontrar a través de lo que uno, íntimamente, encuentra dentro de sí, ese despertar espiritual, esa fuerza indómita del espíritu de la cual hablaba el mensaje de Renacer, que nace de adentro del corazón de cada uno, sin absolutamente ninguna imposición.

          La inclinación a la innovación. Todos los grupos están amenazados por eso que viene de afuera, pensando que  hay una persona a quien hay que seguir, cuando lo que hay que seguir es al mensaje  y ser fieles a ese mensaje.

         Seguramente, que a  nadie le hubiera llamado la atención si los iniciadores hubieran creado una fundación nombrándose directores… pero no lo hicieron; alguien puede preguntar ¿cuál ha sido la posición de los iniciadores al respecto? Ellos lo han expresado así:

          “Hace muchos años, en Río Cuarto, se discutió si debíamos hacer una fundación o si debíamos hacer una institución sin fines de lucro y lo primero que dijimos es que cualquiera de las dos formas que tenga van a tener necesidad de cargos y los cargos tienen que ser llenados y los miembros se van a pelear por los cargos.

          Entonces, como nosotros ya habíamos aprendido que cuando muere un hijo, algo nuestro muere, indefectiblemente, aprendimos que puede morir nuestro ser, pero que también puede morir nuestro ego y que nosotros podemos elegir.

          Dijimos si algo nuestro muere, que sea nuestro ego, no nuestro ser.

           ¿Qué clase de mensaje sería, el que dijera que debía morir nuestro ego y al mismo tiempo se institucionalizara a Renacer, para después tener luchas de “egos” en el momento de llenar los cargos?   

           Esa fue la razón por la cual nosotros elegimos no tener personería jurídica, seguro que si no hubiera sido así, hoy no estaríamos acá.           

           Cuando nosotros iniciamos Renacer en Río Cuarto, si lo  hubiéramos hecho con  personería Jurídica, de manera que todos los demás grupos que quisieran ser Renacer tendrían que haber venido a pedir permiso a nosotros.

         Hubo grupos, hubo gente que nos llamó por teléfono de diferentes lugares, a pedirnos permiso para ver si podían formar un grupo,  pero ¡cómo nos van a pedir permiso¡

           ¿Nosotros estamos autorizados para dar permiso para que alguien forme un grupo? ¡No!  Allí donde los padres se reúnen para dar lo mejor de sí en homenaje a sus hijos y ayudar a otras personas, ahí estará Renacer.

           Jamás podemos nosotros autorizar o no, la formación de un grupo, es más, decimos: ¿tienen deseos de formar un grupo? ¿hay papás interesados? Les enviamos todo el material, que vengan a nuestras reuniones si lo desean, si quieren los acompañamos y, con todo gusto, vamos en la medida que se pueda; fórmenlo; pero nos asombra que nos llamen para pedirnos permiso.

           ¿Cómo puede ser que para juntarse los papás para ayudarse mutuamente, por la pérdida de un hijo, tengan que pedir permiso a otra persona? Que pidan apoyo, que pidan ayuda sí,  pero que pidan permiso jamás.      

           Esas razones son las que nos llevan a nosotros a decir: NO A LA PERSONERÍA JURÍDICA, no es una arbitrariedad, así nació Renacer, así se iniciaron todos los grupos .”

           Nosotros nos mantenemos al margen, no mandamos correos, no mandamos instrucciones, ninguno de ustedes ha recibido, alguna vez, un correo o una carta de Río Cuarto con alguna instrucción o con algún mensaje de que ustedes debieran hacer las cosas de determinada manera.

           Es necesario poner las cosas en su justa medida y comprender que hemos puesto un granito y ustedes también han puesto su granito, somos iguales, estamos a la par.”

           El crecimiento tan rápido, al mismo tiempo de ser motivo de alegría,  debe serlo también de preocupación por la posibilidad de un crecimiento anárquico, tanto en sus fundamentos  filosófico-antropológicos, como en la metodología a la que  puede llevar una autogestión de cada grupo mal entendida.

           El mejor antídoto para todo tipo de dificultades es un conocimiento preciso de la esencia de Renacer, así como un discurrir en esta familia con honestidad conceptual.

           Desde el momento de su creación se ha trabajado, y se debe seguir haciéndolo, con aquello que es universal, lo que es esencial a todos los padres que pierden hijos, que es el sufrimiento que esa pérdida ocasiona y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce.

           Se pone el énfasis en trabajar con aquello que es común a todos porque es, precisamente, lo esencial, lo universal, lo que hay de común en las particularidades, lo que representa la unidad de la especie, en este caso, “el sufrimiento”.

           Este universal es imperecedero: el sufrimiento siempre será sufrimiento, mientras que las emociones y sentimientos son siempre perecederas y cambiantes, con el agregado que un sentimiento sólo puede ser reemplazado por otro sentimiento, y aquí  se ve, implícito, un aspecto de fundamental importancia en el mensaje de Renacer: por amor a nuestros hijos, los que partieron y los que aún quedan, debemos reemplazar el sentimiento de dolor por un sentimiento de amor, porque, como seres humanos que somos, podemos hacerlo, se transforma, entonces, en nombre de ese mismo amor, en un imperativo ético.

           El modelo propuesto no puede ser visto como constrictivo o limitante, de ese árbol crecieron y seguirán creciendo nuevas ramas, pero como ramas  que son, no podrían existir sin tronco y así debe ser con todos los grupos Renacer, deben ser  todos ramas de  un mismo árbol y generar desde el espacio de cada  idiosincrasia geográfica y cultural, nuevos aportes capaces  de enriquecer nuestro común origen, consensuando bases que sirvan para el futuro, cuando ninguno de nosotros estemos.

           Una manera de evitar todos estos problemas consiste en el conocimiento de la esencia de RENACER, porque RENACER es un cauce por el que discurrirán, con libertad, sí, pero dentro de él, donde el modelo propuesto por el grupo iniciador, no puede ser visto como constrictivo o limitante.

           Por esencia ha de entenderse aquello que hace de RENACER ser lo que es, en base a los principios que son fundamento y sostén de su existencia.

           Por su origen intuitivo y la cristalinidad de sus principios, fundamento de su esencia, debidamente comprobados en una experiencia que cumplirá 30 años el 5 de diciembre de 2018, estos principios son aplicables a todo grupo de Ayuda Mutua, que se origine por la necesidad de resolver las situaciones provocadas por el sufrimiento humano inevitable, que acompaña, por diversas causas, al mero hecho de habitar en este planeta.

Ver:

Esencia y fundamentos de Renacer como grupo de ayuda mutua.

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