Testimonios – cuarta entrega


Por Enrique Conde

QUINTA PARTE

TESTIMONIOS


Si nosotros amamos a esos hijos ¿nos vamos a sumir en la angustia porque ellos han partido? ¿vamos a hacer a ellos los culpables de nuestras angustias?

Si nosotros, muriéramos, afectivamente, detrás de ellos, lo que estaríamos haciendo de nuestros hijos, es que son nuestros verdugos, sin embargo, si a través del amor comprendemos que podemos seguir caminando por la vida con la frente alta, estaremos haciendo un homenaje a nuestro hijo o nuestra hija.

En nuestra cultura se hacen muchas clases de homenajes cuando alguien ha partido, que fotos, que una misa, que ir al cementerio, que llevarle flores, y eso está bien; pero nosotros, a través del Mensaje de Renacer, tenemos la gran oportunidad de homenajear a nuestros hijos, con nuestra propia vida, a través del amor.

Nosotros hubiéramos dado nuestra vida por ellos; si nosotros hubiéramos dado nuestra vida a cambio de la vida de ellos, ¿cómo no vamos a poder, a partir de ahora, en homenaje a ellos, vivir una vida distinta?

Se ha dicho que cuando perdemos a un hijo ya no somos las mismas personas, Gustavo Berti en una visita, que con su esposa Alicia hicieron aquí a Uruguay, en la ciudad de Mercedes, nos preguntaba: ¿Nosotros, como padres o madres que hemos perdido hijos, somos las mismas personas antes de perder un hijo que después de perderlo?

No, no nos sentimos las mismas personas, le dijimos todos.

Entonces nos dijo: si no somos las mismas personas, seremos peores personas o mejores personas, otra alternativa no hay ¿qué eligen ustedes?

Ser mejores personas ¿verdad? y para ser mejores personas tenemos que vivir una vida digna.

Sí, vivir una vida digna; digna en homenaje a ese hijo que partió prematuramente, pues podemos hacernos una pregunta ¿cómo quisieran vernos nuestros hijos, desde el lugar donde ellos se encuentran? ¿tristes, abatidos, llorando en los rincones, en un lamento continuo? ¿o quisieran vernos como nos veían cuando ellos estaban con nosotros?

Seguramente, que cada uno de ustedes aquí presentes, en esas horas de profunda meditación, a la que nos induce la partida de nuestros hijos, porque es evidente que luego de la partida de nuestros hijos, empezamos a meditar, mucho más profundamente, sobre lo que es la vida, sobre lo que es la muerte, sobre cuál es nuestro destino, entonces, en esos momentos, en nuestra intimidad, podemos preguntarnos, cómo quisieran vernos nuestros hijos.

De la respuesta, dependerá nuestra decisión sobre la actitud a asumir.

La responsabilidad sobre la elección es nuestra, no es de ellos, ellos ya cumplieron, ellos vinieron a adornar, con su amor, nuestras vidas desde el momento en que nacieron y nosotros no podemos devolvérselo, a raíz de su partida, viviendo una vida de sufrimiento, vivirla miserable, pero podemos hacerlo viviendo dignamente.

Esa es la esencia del Mensaje de Renacer, que todos como seres humanos, pese a la partida de un hijo, podemos vivir dignamente en homenaje a ese hijo.

El Mensaje de Renacer recoge las palabras de Víctor Frankl, quien es un famoso siquiatra austríaco que, por ser judío, estuvo en un campo de concentración a donde fue llevado con su esposa, un hijo en gestación, su madre, su padre y un hermano y, de ellos, solo él salió con vida y a raíz de eso realizó estudios profundos sobre la conducta humana en casos límites.

Víctor Frankl, sostiene que frente a aquellos hechos de la vida que no podemos modificar, y la partida de nuestros hijos es un hecho que no podemos modificar, hay algo que sí, podemos modificar que es nuestra actitud frente a la vida.

A eso se refiere el Mensaje de Renacer: cambiar de actitud.

Salir de esa actitud de angustia y de desesperanza, en la cual, naturalmente, caemos por la cultura en la cual nos encontramos, y salir de esa cultura, asumiendo una actitud positiva, basada, precisamente, en el amor a nuestros hijos.

Nadie puede negar el amor que les tenemos, pero tenemos que demostrarlo, tiene que ser un amor vivido, no un amor declamado, lo tenemos que hacer efectivo, a través de nuestra vida, que es lo único que tenemos para ofrecerles.

Tampoco tenemos que hacer grandes cosas para homenajear a nuestros hijos, basta que, en cada una de las circunstancias que estamos viviendo, cotidianamente, por ejemplo, digamos hoy en homenaje a mi hijo no me voy a enojar por esto, en homenaje a mi hijo no me va a dar bronca esta situación que estoy viviendo, o lo que me pasó con fulano o sultano, en homenaje a mi hijo no me voy a violentarme, por lo que me pasa en la oficina o lo que me pasa en la calle, con aquel conductor que pasa, desprolijamente, cuando nosotros vamos manejando y en vez de acordarnos de la madre del otro conductor, recordemos que nuestros hijos esperan, en su homenaje, una conducta digna.

Son todos hechos de la vida diaria, que ya pasaron y no podemos modificar, pero nos dan la oportunidad de cambiar de actitud.

Si nosotros les ofrecemos esos homenajes a nuestros hijos, indudablemente, que seremos mejores personas, que es lo que nuestros hijos esperan de nosotros.

Entonces el Mensaje de Renacer nos va dando, mejor dicho, nos va mostrando, porque una de las características fundamentales de Renacer es que no impone valores, el Mensaje de Renacer muestra, es decir, muestra un camino que es largo, que no es fácil, nos abre la cabeza a cosas que nunca habíamos pensado y empezamos a ver las circunstancias de la vida, de una manera completamente distinta.

En Huerta Grande, Gustavo Berti nos decía que no es un camino fácil, pero el otro camino, el de encerrase en sí mismo, de cerrar puertas y ventanas, de vivir toda la vida entristecido, como alguien que anda buscando moneditas por el suelo ¿eso es fácil? y entre dos caminos difíciles vamos a elegir el mejor, ¿verdad?, aquel que haga de nosotros mejores personas.

No hablamos de ser mejores personas que los demás, no, mejores personas que nosotros mismos; hoy mejores que ayer y mañana mejores que hoy, entonces cualquiera sea el lugar donde se encuentren nuestros hijos, podremos un día llegar a ellos con dignidad, que es el mejor homenaje que les podemos hacer; vivir una vida digna por ellos, una vida digna por nosotros mismos y una vida digna por aquellos que nos rodean.

Y entre aquellos que nos rodean están los hermanos, nuestros otros hijos que muchas veces, encerrados en nuestro propio dolor, nos olvidamos del dolor de los hermanos, ellos perdieron algo muy importante en sus vidas, algunos perdieron su compañero de picardías, su compañero de cuarto, su modelo si era mayor, su mascota si era más pequeño; algunos de los hermanos no conocían su vida sin su hermano; nosotros como padres hemos vivido una parte de nuestra vida sin ese hijo, pero hay hermanos que no tuvieron una vida sin la existencia de su hermano, entonces su dolor es más profundo y si nosotros estamos encerrados en nuestro propio dolor, le estamos mostrando a esos hijos que también nosotros nos estamos muriendo en vida y ellos que vieron morir a su hermanito, nos ven morir también a nosotros y eso aumenta su sufrimiento.

Ellos nos ven morir, afectivamente, ven morir nuestra alegría, entonces Renacer lo que hace es abrirnos la mente mostrándonos que es posible encauzar la vida de una manera digna.

Quienes hemos transitado un trecho en el camino de Renacer lo único que podemos hacer es mostrarles a ustedes que sí, que es posible y el primer esfuerzo que requiere es tomarse el trabajo de asistir quincenalmente a las reuniones del grupo, a dar de nuestro amor a quien lo necesita.

Podrán escuchar una y otra vez los fundamentos y la esencia de Renacer y cada vez podrán ir captando nuevos aspectos del mensaje; justamente antes de ayer, en nuestra reunión de Renacer Congreso, una mamá, Ana María, dijo: “siempre me voy de cada reunión con algo nuevo”, ¿por qué? porque la mente está dúctil, está más abierta y aquellos puentes de la comunicación, con los demás, que habían desaparecido, que se habían roto, cuando nos juntamos los padres empiezan a reconstruirse en ese ámbito entre pares.

Todos hablamos el mismo idioma y no tenemos necesidad de decir qué fue lo que les pasó a nuestros hijos.

Una cosa que aprendimos, mediante el Mensaje de Renacer, es que no venimos al grupo descubrir qué es lo que nos pasó, porque ya sabemos que fue lo que nos pasó, sino que venimos al grupo a descubrir que es lo que nos espera, que es lo que viene después, es decir, cómo podemos encausar nuestra vida de una manera digna, cómo la vamos a vivir desde este instante, hasta que nosotros partamos también.

Muchas veces los padres evocamos a nuestros hijos como que están en el pasado, en el lugar que tuvieron el accidente o en la cama del sanatorio donde partieron o en el lugar donde ellos mismos resolvieron abandonar esta vida, pero ellos no están allí, ellos no están en el pasado, ellos están en otra dimensión, están en el lugar en que cada uno cree, de acuerdo a su fe, que van a estar el día que partamos.

Ellos nos están esperando; entonces el camino que tenemos que recorrer es ese camino, no es el camino de la angustia ni de la bronca ni de la desesperanza, sino que es un camino de esperanza, esperanza que no es creer en una cosa ilusoria, esperanza que es pensar que las cosas no son sólo como a nosotros, en un momento, nos parecen ser, sino que detrás de lo que a nosotros nos parece que son, hay cosas para descubrir.

A nosotros, cuando partieron nuestros, hijos nos pareció que el mundo se derrumbaba, que había caído una bomba, como ya dijimos, o que había explotado un volcán, pero detrás de eso que es lo que nos pareció en un momento que había pasado, hay toda una vida de amor, una vida de homenaje a nuestros hijos, hay toda una vida en la cual podemos cambiar de actitud, a eso es a lo que propende el Mensaje de Renacer: asumir una actitud positiva.

El asumir una actitud positiva depende de nosotros. Muchas veces se piensa que un padre que ha perdido un hijo o una hija tiene más derechos; el Mensaje de Renacer nos dice que tenemos más responsabilidades, más responsabilidades frente a nosotros mismos para generar esos puentes que se han roto, tenemos más responsabilidades frente a nuestra propia familia de constituirnos en faros que la lleve a buen puerto, tenemos responsabilidades frente a la sociedad porque no somos padres y madres de descarte en la sociedad, la sociedad no nos tiene que ver con lástima, sino que nos tiene que ver con respeto, pero la responsabilidad para que eso suceda es nuestra y es lo que podemos lograr mediante la incorporación de los conceptos de Renacer a nuestras vidas.

Y la sociedad está dispuesta a vernos salir adelante, como se comprueba a través de lo que dijo recién Graciela, como la recibieron los medios de comunicación, o como ha recibido la gente este movimiento de los padres que quieren salir de su estado de angustia y es a través de este camino, que tenemos que comprender que nuestros hijos nos están iluminando y asumir la responsabilidad de seguir adelante.

Muchas veces pensamos que para ellos todo se acabó, sin embargo, para ellos todo ha empezado; nos decía hace poco Gustavo Berti, cuando vino en marzo a Renacer Congreso y a Renacer San José, que todos los días después de la partida de Nicolás él salía de su casa a caminar; salía a caminar y a llorar porque no quería llorar en su casa, allí estaba su hija, y nos decía, si mi hija viera que yo me quiebro por una crisis, la enseñanza que le estoy dejando es que el hombre frente a una crisis de esta u otra naturaleza se puede quebrar y ya no sirve para nada, entonces yo salía a llorar afuera en lugares solitarios, hasta que un día me detuve en el camino y dije: “Bueno, Nicolás, hasta aquí llegamos juntos, yo hubiera querido que tú me acompañaras toda mi vida, pero tú has tomado otro camino; yo te doy permiso y mi bendición para esta nueva vida que vas a comenzar” y lo dejé partir…”

Así le di permiso a Nicolás para que se fuera; muchas veces el apego nos hace aferrarnos a los por qué, a los lamentos, sin dejarlos partir a su nuevo destino.

Ahí descubrió, dice Gustavo Berti, que es muy importante darles permiso a nuestros hijos para que ellos sigan su camino; ellos están en un lugar desconocido para nosotros, por nuestra condición humana, un lugar al cual, con toda seguridad nosotros algún día también vamos a acceder.

A raíz de esto, recordamos una reflexión que hace Elisabeth Kübler Ross que dice que aunque parezca increíble, a los padres que han perdido hijos se les abre una puerta a la espiritualidad.

Acaso ¿para nosotros tienen el mismo valor las cosas materiales? ¿para nosotros, que hubiéramos dado todo lo que tenemos por la vida de nuestros hijos, tienen el mismo valor las cosas que nos rodean? Empezamos a darnos cuenta que no, que no tienen el mismo valor. Muchas veces andábamos detrás de cambiar el auto, o el audio, por comprar esto o lo otro y ahora cuando vemos a alguien desesperado por esas cosas, nos decimos que si les hubiera pasado lo que a nosotros, no andarían desesperados por cosas materiales; porque para nosotros todo empieza a tener un valor distinto.

Empezamos a ser más tolerantes, empezamos a advertir el dolor de los demás.

Vivíamos en nuestra chacrita donde teníamos dificultades con nuestros hijos, claro, alguna enfermedad, dificultades en la escuela, algún disgusto por su conducta, pero las cosas se arreglaban y las dificultades se iban superando y en chacras vecinas había mucho dolor y decíamos pobre padre, pobre madre, pero nada más que eso; hoy comprendemos el dolor de cada uno de los padres y cuando nos reunimos no tenemos necesidad de contar lo que a nuestro hijo le pasó o que nuestra vida se llenó de dolor, no; nos reunimos para decir ¡qué fuerza nos dan nuestros hijos para poder seguir adelante!

El Mensaje de Renacer es una semilla y como dice el Evangelio, cuando se siembra, unas semillas caen en terreno fértil y hay otras que caen en la piedra. Ojalá que en vuestros corazones exista la suficiente fertilidad para que el Mensaje de Renacer florezca y no caiga en un corazón endurecido, donde no florecerá, como se hacía, antiguamente, cuando moría un hijo que se encarpetaba todo, se encerraba todo en un cajón, no se hablaba más de ellos, las fotos no aparecían en ningún lado, hoy podemos tener las fotos de nuestros hijos, hablar de nuestros hijos, nombrarlos, vivir en su homenaje, gracias al Mensaje de Renacer.

Ojalá esta semilla empiece a germinar acá en este grupo, como mensajeros donde nadie sea más que otro padre, en Renacer no hay líderes, no hay cargos, no hay presidente, no hay secretario, nosotros tenemos una mamá que recoge el dinero, que ni título de damos, es la señora que maneja el dinero de los aportes.

Somos todos iguales, porque si alguien quisiera decir que es más que otro padre, lo que está diciendo, es que su hijo es más que los otros hijos, lo cual, es inadmisible; nosotros estamos acá y no hay ningún mérito en ello, estamos porque hemos perdido un hijo ¿qué mérito hay en ello? Pero siempre hay un bichito de querer ser más, esperamos que aquí, en este grupo, todos nos sintamos iguales, como lo hemos logrado en Renacer Congreso, unos aportarán más que otros, pero eso depende, simplemente, de lo que cada uno tiene para dar, si cada uno aporta lo más que puede, seguimos siendo todos iguales.

El augurio que les podemos dejar a ustedes, es que no dejen de concurrir; al principio habrá cosas que no compartan, no entiendan o no les guste. Hay un padre de Pando, Oscar, que nos decía: yo me iba de las reuniones con unas confusiones tremendas; una de las primeras cosas que oyó decir en Renacer era que la partida de nuestros hijos era un hecho del pasado, y a mí me dolía, decía, yo quería seguir aferrado a mi hijo, yo no podía considerar la partida de mi hijo como un hecho del pasado, hasta que un día me di cuenta que sí, que es un hecho del pasado, que lo que tenemos que resolver es nuestra vida de aquí en adelante y empecé a darme cuenta de cada uno de los conceptos, así un día llevaba una herramienta otro día otra herramienta.

El Mensaje de Renacer opera de esa manera, nos hace pensar y en la medida que vamos meditando, nos vamos dando cuenta de cosas que son claras y si vemos que otros pueden salir adelante, nos preguntamos ¿por qué no yo?, pero todo depende del esfuerzo de cada uno, no hay varitas mágicas, simplemente, el mensaje se muestra y cada uno toma lo que le hace bien…

Juan Ramón, aquí presente, nos trajo una imagen muy grafica: cada uno aporta lo mejor de sí y cada uno toma lo que necesita; es como en una reunión lluvia donde cada uno lleva lo que mejor sabe hacer, lo que le parece que le va a gustar más a cada uno y lo pone en la mesa y luego cada uno de los comensales se sirve de la mesa, lo que cada uno apetece, lo que le hace bien.

En Renacer es lo mismo, escucharemos muchas cosas, a veces, cosas repetidas muchas veces, y un día decimos, pero caramba, esto que yo lo he oído decir tantas veces no lo había entendido y ahora adquiere para mí un significado nuevo y profundo.

Entonces, el augurio que les hacemos es que puedan concurrir cada quince días y, si en algún momento tienen que hacer una pausa, por cualquier razón que sea, trabajo, salud o lo que fuere, y no puedan concurrir durante dos, cuatro o diez reuniones, cuando vuelvan nadie les va a reprochar no haber venido, serán siempre recibidos con los brazos abiertos y sobre todo con el corazón abierto.

Que esta semilla que hoy se deposita en vuestros corazones, encuentre tierra fértil y podáis hacer de ella, un gran árbol en homenaje a los hijos de cada uno de ustedes.

Muchas Gracias.

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