RENACER es una obra de amor


Por Alicia Scheneider y Gustavo Berti


Este material forma parte del libro “Tributo a Renacer en su 23 aniversario” disponible para descarga en la sección Libros de este blog.


Río Cuarto, Julio 26 de 1997

Queridos hermanos de RENACER:

En un Encuentro Regional al que asistimos en Capitán Bermúdez, Provincia de Santa. Fe, en Junio de este año, charlando con Silvina y Rubén Piñero, papás editores de la Revista RENACER, compartimos algunas ideas y conceptos, fruto de la experiencia de varios años en los Grupos. Silvina y Rubén consideraron que valía la pena ser compartidas con todos ustedes.

Al comenzar estas líneas nos damos cuenta que son las primeras que, desde la existencia de la revista, enviamos en respuesta a un pedido de los editores. Todas nuestras notas previas han sido extraídas de charlas que hemos dado en distintos lugares donde existe RENACER. Ustedes se preguntarán:

¿qué es lo importante de estas líneas?

¿Por qué ahora?

Cuando ustedes las lean es muy probable que ya se haya cumplido el noveno aniversario de RENACER, lo que quiere decir que estaremos transitando el décimo año de vida. Durante estos años, en los que hemos recorrido más de 100.000 kilómetros compartiendo este mensaje con miles de padres y madres, hermanos y abuelos, hemos conocido muchos Grupos y muchas, muchísimas personas con quienes hemos coincidido y, en otros tantos casos disentido, sobre el mensaje y el significado de RENACER. Y es precisamente esta experiencia la que deseamos compartir con todos ustedes.

Lo esencial. Lo Universal. Aquello que nos une.

Desde el principio hemos tenido el convencimiento que en los Grupos debemos trabajar priorizando aquello que es universal a todos nosotros, lo que es esencial a todos os padres que pierden hijos. Esto que es esencial a todos es el sufrimiento y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce. Todos estamos unidos porque hemos entregado hijos a la vida antes de lo que hemos deseado. Debemos ahora hacer un breve paréntesis y preguntarnos si existe alguna razón de peso para buscar lo esencial a todos nosotros y partir desde allí en esta tarea de ayuda mutua. La lectura de las palabras de Aristóteles sobre Sócrates nos confirma que estamos en la buena senda:

“Sócrates discutía solamente acerca de las cosas morales y no se interesaba en absoluto en la naturaleza; y en las cosas morales buscaba lo universal, pues fue el primero que tomó como objeto de su pensamiento las definiciones. Tenía razón en buscar las esencias (lo que es cada cosa) pues quería razonar, y el principio del razonamiento está constituido por la esencia de las cosas”. Sigue Aristóteles diciendo que “La esencia, lo universal, lo que hay de común en las particularidades representa la unidad de la especie”

Si ahora trasladamos esto a RENACER vemos que lo universal en las particularidades que somos cada uno de nosotros, con emociones y sentimientos tan personales y por ende disimiles, es el sufrimiento y que este universal representa, a su vez, la unidad de los Grupos. Este universal es imperecedero, el sufrimiento siempre será sufrimiento (y lo que cada uno decida hacer con él), mientras que las emociones y sentimientos como vivencias de un mundo sensible son siempre perecederas y cambiantes, de modo tal que las emociones primeras en los padres que pierden hijos siempre son distintas de las que se experimentan cuando pasa el tiempo. Aquí se puede ver ya el germen de algunas dificultades que se presentan en los Grupos: si priorizamos en los Grupos a las emociones, en la medida en que éstas van cambiando, así también cambiará la manera de ver al Grupo que cada uno tiene y con ello cambiará el grado de compromiso de cada uno para con el Grupo.

A lo largo de estos diez años de compartir el mensaje de RENACER nos hemos encontrado con padres dolientes que han querido, con la mejor de las intenciones, modificar la esencia de RENACER. Algunos de ellos, hace ya más de 5 años, han querido que RENACER sea anónimo tomando el ejemplo de Alcohólicos Anónimos.

En su momento esto fue motivo de conversaciones que duraron varios meses. Pero lo significativo es que esos padres que tanto insistieron en el anonimato no alcanzaron a permanecer un año en RENACER. En otra ocasión varios padres en un Grupo quisieron que en RENACER se aplicaran los doce pasos y tradiciones de los Grupos de Alcohólicos Anónimos, sin darse cuenta que esos pasos y tradiciones eran útiles para personas enfermas, con problemas de adicción al alcohol, y que nosotros no somos enfermos sino seres sufrientes y que esa metodología no era apropiada para padres que pierden hijos. Esas personas tampoco duraron mucho en RENACER. Otros padres quisieron hacer subgrupos, comenzando con subgrupos para padres jóvenes. De haber prosperado esta idea, hoy habría subgrupos para padres de hijos muertos por accidente, por asesinato, por suicidio, por cáncer, por sida, por mala praxis, etc., etc., etc. Pero lo que sí no existiría es RENACER, y estaríamos cada uno por su lado buscando justicia, porque los subgrupos se convierten rápidamente en Grupos de víctimas. Y también esos papás ya no concurren a RENACER.

¿Pueden ustedes imaginarse lo que sería RENACER si esos padres dolientes, cuyo compromiso con el Grupo fue tan escaso, hubieran podido imponer sus puntos devista?

Quizás RENACER no existiría ya. Esto debe servir para que cada uno de nosotros re-evalúe el grado de compromiso con el Grupo, en especial porque creemos que lo que se alcanza en los Grupos no debe ni puede ser considerado como un regalo, sino como un préstamo que debe, indefectiblemente, ser devuelto, no a los padres que ya están en función de ayudadores, sino a los padres que han de entrar en los Grupos de ahora en más.

Nuestra Responsabilidad en y para con los Grupos.

Esto nos lleva a su vez a compartir con ustedes algo que hemos aprendido sobre RENACER y que ayudará, esperamos, a arrojar más luz sobre esta tarea y nuestro compromiso con ella. Desde que los padres ingresan al Grupo observamos que, durante este proceso de integración, atravesarán algunas etapas: una primera de deslumbramiento que muchos padres sienten en el Grupo. Muchos consideran que es lo mejor que les ha pasado después de perder un hijo, ven todo con ojos de enamorados y así es su compromiso con el Grupo, quizá quieran hacer muchas cosas apresuradamente, quizá quieran corregir o cambiar lo ya existente sin haberse dado el tiempo necesario para entender lo que es RENACER y así tomar la mejor decisión para el Grupo. Marcel Proust dice que en los estados interiores las emociones se multiplican por diez “y el sufrimiento es un gran estado interior”, y este estar deslumbrado es, ciertamente, un estado emocional. Sólo que luego viene la etapa en que las emociones sedimentan, se hacen más parejas, más tranquilas, y entonces algunos se desencantan y pueden tanto sea dejar el Grupo, como participar menos activamente. Hemos visto con cierta frecuencia que es en estas circunstancias en que comienzan a aflorar los problemas personales.

Creemos, por lo tanto, que debemos aprender a ser cautos y responsables en la manera de tomar las cosas referentes a la ayuda mutua, recordar que nunca estamos solos en esta tarea, que hay siempre otras personas cuyas vidas han de ser tocadas por lo que nosotros hagamos en los Grupos, y que muchas veces será necesario que nosotros sacrifiquemos ideas, pensamientos y hasta necesidades propias, precisamente, porque sabemos o intuimos que por la consecución de esos objetivos alguien en el Grupo va a sufrir. No debemos ir a los Grupos a imponer nuestras ideas, RENACER no puede ser nunca un campo de batalla donde confrontan ideologías diferentes, sino un lugar de servicio donde, en homenaje a nuestros hijos, nos dedicamos a ayudar a los que sufren.

RENACER es una obra de amor y toda obra de amor es una obra trascendente, dejemos entonces que nuestros corazones se abran y pueda entrar en ellos el amor por la vida y por los que sufren y así, de esa manera, sin imposición alguna, la misma vida y Dios indicaran el camino que esta tarea debe seguir. Así, del enamoramiento pasaríamos a vivir la etapa del “amor maduro”, el responsable, el que perdura.

 

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