Un aporte hacia los próximos 50 ó 100 años de Renacer


Recopilación de Enrique Conde citando textos de Alicia Schneider y Gustavo Berti.

   Este material forma parte del libro “Tributo a Renacer en su 23 aniversario” disponible para descarga en la sección Libros de este blog.


Hubo una frase de la Dra. Kübler Ross, que nos llamó mucho la atención, esa frase dice: “Por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un hijo, podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual.”
A partir de ahí, empezamos a buscar, empezamos a leer para encontrar una definición adecuada de lo que es la espiritualidad que sirviese a RENACER y la encontramos cuando llegó a nuestras manos un libro de un filósofo francés llamado Michel Foucault.
Foucault, llama espiritualidad a la búsqueda, a la práctica y a las experiencias, mediante las cuales el sujeto efectúa en sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la verdad; para, él espiritualidad es el conjunto de esa búsqueda y agrega que sin una transformación, la persona no puede acceder a la espiritualidad y con ello a la verdad.


Explica que esas prácticas o métodos consisten, entre otros, en el ascetismo, en la meditación profunda y en los cambios existenciales; esto último, los cambios existenciales, es lo que nos atañe a nosotros, porque nuestra existencia cambió en el mismo momento que murió un hijo.
Como sostiene Foucault, los cambios existenciales son la puerta de acceso a la espiritualidad; en otras palabras, a través de un cambio existencial el hombre, si lo desea, si es corajudo, si continúa en este viaje, puede tener acceso a la dimensión espiritual, cuyo resultado será estar en la verdad.
Concordantemente, Víctor Frankl dice: “El sufrimiento posee no sólo dignidad ética, sino también relevancia metafísica: hace al hombre lúcido y al mundo transparente”, y estar en la verdad significa estar lúcido, estar despierto, estar consciente y ver al mundo, como realmente es, sin ningún velo que lo cubra.
Foucault va más allá y dice que, a través de las conmociones existenciales, en las que una persona resulta verse bruscamente de cara a la verdad, tiene, como contrapartida, la paz interior y el cese de todas las turbulencias de las emociones.
En esencia, la muerte de un hijo, que es una situación límite, al producir un cambio existencial, abre una puerta de acceso a la espiritualidad y, como consecuencia, se puede llegar a la verdad y la verdad tiene una contrapartida que es la paz interior.
Cuando tratamos de definir a la espiritualidad entramos en terrenos complejos en los que a la intuición le faltan las palabras para definirla.
Las lenguas occidentales poseen términos muy deficientes para definirla; por esa razón, hemos acudido a conceptos del Dalai Lama que nos da una definición de espiritualidad que transcribimos en La Ayuda Mutua como Factor de Renovación Cultural, Moral y Ética, porque nos parece adecuada para todas las creencias, sean o no religiosas.
Prestemos atención aquí, a aquello que es de capital importancia; Foucault dice en palabras claras lo que muchos de nosotros hemos experimentado, que las modificaciones de la existencia son puerta de acceso a la espiritualidad, que aquellos a quienes se les cambia la existencia, radicalmente, se les otorga como premio el de acceder a la verdad y por ende a la libertad.
Interróguense ahora, a ustedes mismos, si no es correcto decir que después de perder un hijo ya no podemos seguir siendo la mismas personas que antes, como hemos sostenido desde la primera reunión de RENACER, el 5 de Diciembre de 1988, que es imposible volver a ser la misma persona, siendo “la misma persona menos un hijo”, que es imposible porque en nuestras vidas se ha producido un cambio radical.
Esta manera de acceder a la verdad, nos coloca en el pensamiento filosófico y no en el psicológico, otra de las razones por las que es incorrecto fundamentar la tarea del Grupo en el análisis de las emociones y sentimientos.
Entonces, para que se dé la espiritualidad en una persona es preciso que el sujeto se modifique, se transforme, se convierta, en cierta medida, en distinto de sí mismo, pues la verdad sólo es dada al sujeto a un precio que pone en juego el ser mismo de éste, o sea que no puede haber verdad sin una transformación del sujeto.
Foucault, cita lo que él llama efecto “de contragolpe” de la verdad sobre el sujeto, aquí tenemos algo sumamente importante para nosotros los que permanecemos en Grupos de Ayuda Mutua, a saber, la verdad no es, simplemente, lo que se da al sujeto para recompensarlo, la verdad es lo que ilumina al sujeto, lo que le da la bienaventuranza, lo que le da la tranquilidad del alma.
Si nosotros no somos capaces de ver a RENACER con estos ojos, jamás seremos capaces de comprender la razón por la que muchos integrantes permanecen por años en un Grupo, precisamente, porque han accedido a la verdad y con ella a la liberación y la paz del alma.
RENACER es un lugar donde vamos a dar lo mejor de nosotros en nombre de todos los hijos que, con su partida, han contribuido a despertar espiritualmente a tantos padres a ser seres solidarios y compasivos, receptivos al dolor de los que sufren.
El padre que a través del dolor descubre, asombrado, su dimensión espiritual, y a través de ella su capacidad de trascender y renunciar a su sufrimiento, lo hará a través de lo que escucha en RENACER y de su propio camino intuitivo, alimentado por el amor que encuentra en el recibimiento y en las reuniones en sí, y no lo hará porque lo leyó en los objetivos, menos aún si sus lecturas se hace con la visión reduccionista y psicologista de quienes niegan en el ser humano su dimensión espiritual.
Así también decimos que la paz y la serenidad no son objetivos en sí mismos, sino el resultado de una tarea bien hecha al trascendernos para acercarnos al otro ayudándolo a recuperar su esperanza, nace en nosotros una paz interior profunda y perdurable.
El Mensaje de RENACER lo que hace, realmente, es despertar la fuerza indómita del espíritu de cada papá cuando entra a RENACER.
El Mensaje de RENACER, asentado en los valores espirituales, los valores más humanos del hombre, sostiene que de una experiencia tan dolorosa pueden surgir seres más fuertes, más solidarios y compasivos, capaces de vivir una vida plena de sentido, afirmándose, de esta manera, como una escuela de vida.
En la dimensión espiritual es donde se generan los fenómenos más humanos del hombre: el amor, la libertad y la responsabilidad, que son los que nos permiten darnos cuenta de un hecho capital para enfrentar nuestro destino: una cosa es lo que nos ha pasado y otra cosa, y muy distinta, es lo que cada uno de nosotros decide hacer con aquello que nos ha sucedido.”
Es necesario trabajar con una nueva realidad, una realidad que ha estado oculta, pero que comienza a dejarse ver a través de este camino de espiritualidad al que la muerte de un hijo nos abre las puertas, toda otra visión, todo otro proyecto, enfrentado a éste, queda disminuido.

En la serie “La palabra de Alicia y Gustavo Berti”, Febrero 2011

 

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