UN HIJO MERECE UNA TRANSFORMACIÓN INTERIOR



GUSTAVO BERTI
25 Aniversario Renacer Tucumán
14,15 y 16 de septiembre de 2018
Transcripción Silvia Dobler

Pero entonces yo voy a seguir un poco con este razonamiento. Todos hemos dicho que después de perder un hijo  ¿somos la misma persona que antes? NOOOOO.  No, entonces somos una persona distinta.

Entonces entramos de nuevo en distinciones, somos una persona distinta que sufrimos por algo que no podemos llamarlo duelo, por algo distinto.

Bien, acá voy a hacer una pausa y voy a retomar desde otro punto de vista, este hilo lo vamos a cortar vamos a suspender un momentito, y vamos a lo siguiente, es un poco lo que han dicho Moñi y lo que ha dicho Cacho, nada más que con distintas palabras.

Nosotros los seres humanos somos hacedores de mundo.

Yo leí hace mucho tiempo en la Torá que decía: “si matas a un hombre, destruyes un mundo”  y yo en ese momento no sabía a que se refería,  pero me he dado cuenta que nosotros vivimos en múltiples mundos,  el mundo que yo tengo en común con mi esposa  no es el mundo que tengo con mis hijos, son distintos.  El mundo mío con Nicolás  incorporaba una serie de aspectos que no tenía el mundo mío con Luciana.  Eran mundos distintos.

El mundo que tengo con mis compañeros de trabajo, porque yo tengo un mundo con ellos, comparto cosas, ese compartir, ese convivir es hacer mundos con, ¿estamos? ¿se entiende?  yo hago un mundo con ustedes,  ustedes hacen un mundo conmigo,  con Moñi, con Cacho,  pero son mundos distintos a pesar de pertenecer a un mundo común,  más global.

Podemos comparar esos mundos con pequeñas esferas,  con pompas de jabón,  entonces cuando un mundo es demasiado grande y choca con otro,  se rompe a veces,  y eso nos pasa con los hijos.. Prestamos mucha atención a uno y sufre el otro, entonces tenemos que ser cuidadosos de que el mundo con uno, sea parecido al mundo con otro pero el mundo compartido con un hijo  es totalmente distinto al mundo compartido con un padre o compartido con una esposa.  ¿Estamos de acuerdo?  No digo que sean mejores o peores, simplemente son distintos.

Porque ustedes no hablan con un hijo varón de la misma manera que hablan con su esposa, o con una hija mujer.  Y en ese hablar está el mundo compartido, y entonces son mundos distintos, hay mundos que son más importantes que otros y en una familia que de por sí constituye un mundo, de esos mundos pequeños que van haciéndose en la familia el mundo que uno hace con un hijo  es el mundo más poderoso de todos.

Entonces cuando ese mundo se rompe, nosotros nos quedamos sin mundo.  Ahí está lo que hablaban Moñi, y lo que hablaba Cacho,  es decir,  todos han dicho que no somos las mismas personas después de perder un hijo,  y es cierto,  porque hemos perdido un mundo que era uno de los mundos más importantes y eso explica también por qué,   algo que siempre me ha llamado siempre la atención, por qué algunos padres se recuperan rápido y otros no se recuperan,  porque en ese momento que se pierde ese mundo  queda un espacio vacío desconocido y lo desconocido produce miedo,  produce temor,  produce angustia,  pero el mundo cómodo, el confortable ya no existe.No es que yo tenga que elegir dar el salto, ya lo dí, porque ese mundo se acabó y no estoy más en el aire,  estoy todavía en esa parte negra del pasado donde sólo hay oscuridad,  donde solo hay frío y puedo quedarme ahí o puedo cruzar para otro lado.  Pero ¿qué pasa del otro lado?  del otro lado no hay palabra,  donde no hay mundo no hay palabra,  entonces tengo que empezar a construir la palabra de nuevo,  tengo que empezar a construir el lenguaje,  ¿estamos?  no existe nada, por eso, por eso, todavía no hay un nombre para la muerte de un hijo,  porque ese nombre tenemos que hacerlo,  en ese mundo no hay palabra y la palabra la tenemos que hacer nosotros. ¿Se entiende esto?  SIIIIIIII.

Por eso hace 20 años nosotros hicimos una ponencia que se llama “En busca de un lenguaje común”, entonces, hemos llegado a la conclusión, ustedes han llegado a la conclusión, y han dicho:  no hay duelo para la muerte de un hijo,  y han dicho:  no somos la misma persona.

Entonces lo que un hijo merece es una transformación interior, y lo más curioso, es que no podemos elegir porque en el preciso instante en que murió nuestro hijo ya nos transformamos ya nos insertamos en ese otro mundo.  No podemos elegir…

Un comentario en “UN HIJO MERECE UNA TRANSFORMACIÓN INTERIOR”

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