NUESTRA ACTITUD FRENTE A LA VIDA


INTRODUCCIÓN, por Ana Doris Conde

“Hola, soy Ana Conde, hija de Enrique Conde, más conocida por Anita o Ana Doris (como luce al pie de cada artículo de papá).

Como muchos ya sabrán papá partió el día 25 de octubre al encuentro de su “dulce Ana” (mi mamá) y de Enriquito.

Papá tenía unos hermosos y muy bien llevados 90 años, y una enfermedad lo llevó en tan solo cinco días, Dedicó toda su vida, desde niño prácticamente, a una búsqueda espiritual, a encontrar un sentido a la vida, y recién fue cuando llegó a RENACER que terminó de encontrar las respuestas a tantos años de búsqueda incansable, leyendo infinidad de autores y sacando de cada uno de ellos aquellas cosas que iban dándole una respuesta a sus inquietudes.

Sus últimos 25 años los dedicó por entero a RENACER, junto a mi mamá y ya los últimos seis años y medio sin ella, sin su dulce Ana que tanto extrañaba.

Cuando escuchó a Gustavo una vez decir que el mensaje de RENACER no podía “morir”, que debía seguir de acá a 50, a 100 años, no dudó ni un segundo en poner manos a la obra y redobló sus esfuerzos para que ello no sucediera. Desde ese momento empezó con más ahínco aún  a difundir el mensaje de RENACER, desde su modesto lugar y como él podía o sabía hacerlo. Es por eso que, como siempre él iba un paso más adelante, trabajó para que cuando él ya no estuviera en este plano, sea yo quien siguiera difundiendo sus palabras como mensajero de RENACER con escritos ya preparados para muchos años más.

Hoy, me toca a mí Ana Doris, en homenaje a mi querido papá, continuar su obra ya escrita de antemano pensando que este momento llegaría algún día y dejándome como trasmisora de su labor de mensajero de RENACER, ya que siempre afirmaba, fervientemente, que el mensaje de RENACER debe trascender a las personas.

 

NUESTRA ACTITUD FRENTE A LA VIDA

Enrique Conde

La pérdida de un hijo es la crisis existencial más severa por la que un ser humano puede pasar, sin embargo, dentro nuestro, hay recursos interiores tan fuertes, tan increíbles, que se descubren, justamente, frente a una crisis como ésta y nos damos cuenta que se puede, porque hay cosas hermosas que uno descubre a partir de lo que nos pasó.

           Frente a lo irreversible, frente a aquello que no puede ser cambiado, el hombre  tiene aún la última de las libertades individuales: la de elegir la actitud con la que ha de enfrentar su destino y, a la vez, hacerse responsable de esa elección, y se podrá vivir como si los hijos fueran los artífices para arruinarle la vida o convertir a los hijos que partieron en un valor, en algo que nos conduzca hacia nuevos valores orientados hacia el futuro.

           Si a nuestro hijo sólo lo dejáramos en el recuerdo del pasado, nos hará daño, pues estaríamos atrapados entre recuerdos y sentimientos que no nos ayudarán a enfrentar el presente, el aquí y el ahora;  pero, si yo, por mi libre elección lo convierto en un valor, lo veo adelante de mí, como algo que me orienta, exigiéndome que actúe, que me esfuerce, convirtiéndose en una fuerza impulsora que me obliga a la acción, a salir para adelante.

           Cuando muere un hijo, lo que importa es lo que hacemos de allí en adelante, lo que importa es cómo vivimos nuestra vida a partir de lo que nos   pasó.

           El vacío que dejan los hijos que se van, a veces lo queremos llenar con algo y no sabemos con qué y lo primero que se nos ocurre es llenarlo con más dolor, con lágrimas, con el llanto desesperado, con depresión o llenarlo con pastillas; si están tomando pastillas porque están tristes, están postergando lo que tarde o temprano han de enfrentar sin pastillas.

           Si hay tantos padres que han podido salir, les aseguramos que ustedes también pueden salir, no abandonen la lucha, porque los hijos se lo merecen.

           Hemos trabajado con el convencimiento que, al enfrentarnos a situaciones límites, nos damos cuenta, quizá por primera vez, que somos seres históricos, envueltos en nuestro propio devenir, que la historia ya realizada no puede ser cambiada, que no tiene sentido continuar rumiando eternamente sobre ese pasado, ya que la salida existencial yace por delante nuestro, en lo que aún queda por realizar de nuestro futuro, en otras palabras, que la única manera de eliminar la oscuridad es dejando que entre la luz.                 

           Alguien puede tomar la pérdida de un hijo y decir que el hombre es lo que recibe y que el destino lo ha castigado y ahí se terminó todo, o podemos decir que nosotros somos lo que damos a la vida y que la memoria de nuestros hijos es lo que vamos a entregar a la vida.

           Tenemos que pensar muy bien que es lo que vamos a entregar a la vida, entonces, podemos darnos cuenta que lo que el destino nos ha brindado es una realidad de la vida y que a nosotros nos queda la libertad interior de decidir qué va a hacer cada uno con el dolor que le ha producido la pérdida de un hijo, porque una cosa es lo que a mí me ha pasado y otra cosa, muy distinta, es lo que yo decido hacer con eso que me ha pasado, que no es lo mismo. 

           Nuestros hijos han partido antes de lo que quisiéramos, pero aunque uno se muriera  no puede decir que se  muere porque se murió su hijo, me he muerto porque he elegido morirme después que mi hijo partió, que es muy distinto, es pues responsabilidad de cada uno de nosotros la actitud que asumamos. 

           Los papás de RENACER tenemos la responsabilidad de trasmitir una actitud de solidaridad, de amor incondicional, de rescatar el valor de la vida por encima de todo lo que nos pueda pasar, lo tenemos que llevar en nuestras actitudes  todos los días de la vida, es nuestra responsabilidad trasmitir alegría de vivir, es nuestra responsabilidad trasmitir el valor de la vida y no importa lo que pase afuera, no importan los problemas que haya, yo tengo que tratar de mantener siempre mi mejor actitud y dar siempre lo mejor de mí, en todas las situaciones de la vida. 

           Al descubrir una vida nueva, al descubrir una persona nueva en nosotros, nuestra conciencia despierta y ya no podemos vivir irreflexivamente ningún momento de nuestra vida, porque ahora sabemos que esto es transitorio, lo sabemos desde adentro, entonces, aunque estemos bien tenemos que estar siempre alertas, siempre con la conciencia despierta, porque si no podemos volver a los vicios anteriores y los falsos valores vuelven a introducirse en nuestra vida y entonces,  el dolor por la partida del hijo vuelve a hacerse presente.                    

           Necesitamos tener la conciencia despierta  para no estar ausentes allí donde somos espiritualmente necesarios.

           Esto es parte de la Esencia de RENACER.

                                                                    Viernes 20 de noviembre de 2020

             Eiségesis de lo expresado por  sus iniciadores  Alicia   y Gustavo Berti, recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enrique y -a Enriquito.  

De RENACER Congreso – Montevideo, Uruguay

                                              “Por la Esencia de RENACER

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