TODO DOLOR TRAE CONSIGO UNA ENSEÑANZA.


“El hombre no puede evitar su destino, pero a él y únicamente a él le corresponde decidir con que actitud lo confrontará; sólo suya será la decisión de dejarse arrastrar como una hoja en la tormenta de otoño, o levantarse fuerte como un árbol que se dobla pero no se rompe durante esa misma tormenta.

El sufrimiento, el sufrimiento intenso, ese sufrimiento que lleva en él la capacidad de aniquilar al hombre, presenta, en cambio, la posibilidad de llevarlo a recorrer un camino existencial distinto, dado que puede hacer que seres humanos retrocedan a la categoría de entes al padecer un sufrimiento al que no han sabido encontrarle un sentido, pero también puede hacer que otros seres al haber logrado perder su angustia por una decisión que ya ha sido tomada por el destino, asumir una respuesta diferente y, en ese proceso, adquirir un conocimiento del ser tan intenso, tan profundo, que los lleve a un estado de iluminación, de trascendencia del propio destino.

La muerte de un ser muy querido es y será motivo de hondo pesar, pero la decisión de morirse con ese ser, es únicamente del mismo hombre, como lo será la decisión de caminar con la frente en alto desafiando la adversidad, pues si bien el destino es quien hace las preguntas, siempre le quedará al hombre la libertad de cómo responderlas.

Ante la partida de un hijo, a quien difícilmente estaremos preparados para despedir, el dolor es demasiado intenso, desconocido; pareciera que la vida no debería continuar y que el tiempo, en su eterno fluir, se hubiera detenido en un punto en el espacio, un punto de total incredulidad e irrealidad.

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Aprovechar cada día y cada hora, para realizar un ACTO DE sentido cuando se nos presenta


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Fragmento extraído del libro de Viktor Frankl “En principio era el sentido”, respondiendo en una entrevista al tema de referencia.


Kreuzer: Es decir: ¿Que una píldora que nos hiciera olvidarnos de la muerte, también eliminaría el sentido de nuestra vida?.

Frankl: Nos desactivaría. Nos haría inútiles. Nos paralizaría. No tendríamos ningún estímulo para actuar. Perderíamos la capacidad de ser responsables, la conciencia de responsabilidad para aprovechar cada día y cada hora. Es decir, para realizar un acto de sentido cuando se nos presenta, cuando se nos ofrece momentáneamente.

En el Antiguo Testamento hay una cita del sabio Hillel, que fue uno de los fundadores de las dos primeras escuelas del Talmud; también se cree que fue uno de los maestros de Jesús. Ese versículo, que puede usted consultarlo en cualquier Biblia, dice lo siguiente: «Si no lo hago yo, ¿quién lo hará? Y si no lo hago ahora, ¿cuándo tendré que hacerlo? Y si lo hago sólo para mí, ¿qué soy yo?».


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Viktor Frankl , “En el principio era el sentido”, Ed. Paidós, Barcelona, 2000