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Buceando en nuestro aljibe II


     Los últimos viernes de cada mes Enrique Conde nos hace entrega de un ensayo, desde el año 2014 denominó  a esta serie “Buceando en nuestro aljibe” y la presente es la segunda recopilación que abarca los artículos editados desde el mes de agosto de 2016 hasta el mes de diciembre de 2017.

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La verdadera felicidad es el resultado de nuestra actitud y no una meta a alcanzar.


Enrique Conde

 

        Para Víctor Frankl el concepto de búsqueda de la felicidad, ya sea a través del placer como sostiene Sigmund Freud, o a través de una lucha por la superioridad, según Alfred Adler, pueden definirse sucintamente como un deseo de placer y un deseo de poder, en busca de la felicidad.

        Sin embargo, dice Víctor Frankl, “No estoy dispuesto a vivir,  luchar o hacer algo o amar a alguien o aún padecer, únicamente, en aras de la búsqueda de placer o de poder, pues eso no bastaría para satisfacer lo que llamo mi deseo de encontrar un sentido a mi vida, ya que, intrínsecamente, todo ser humano siempre está proyectando hacia algo más allá de sí mismo, a algo en el mundo exterior”.

         Agrega Frankl que, en la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, desea ponerse al servicio de una causa superior a él, como es para nosotros Renacer, llegará a la autotrascendencia, una cualidad esencial del ser humano.

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Hay estados interiores para los que no existen las palabras.


        La muerte de un hijo debe servir como una plataforma de despegue espiritual, una plataforma donde asentarnos para crecer y ser personas distintas.

         Encontrar el modelo frankliano, han dicho Alicia y Gustavo Berti, fue encontrar un modelo que reconoce la libertad del hombre y junto con la libertad la responsabilidad, que de ella emana; un modelo que reconoce en el hombre la libertad de elegir no sólo el “para qué” de su sufrimiento, sino que también reconoce al mismo sufrimiento como una condición esencial de la existencia humana y reconoce en el hombre sufriente la capacidad necesaria para encontrar sentido a su tragedia.

         Desde esta cosmovisión humanista, centrada en un hombre libre y responsable y orientado a metas que no son él mismo, apoyado en valores elegidos libremente y con profunda dedicación a servir al hermano que sufre, es que Renacer propicia este modelo como fundamento filosófico para los grupos Renacer.

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¿Es posible vivir sin el hijo que físicamente no está más?


Enrique Conde

           Quien no lo haya vivido, no podrá imaginarse lo que significa verse, de la noche a la mañana, sin ese hijo, que para uno estaba para siempre en su vida y ni siquiera nunca nos hubiéramos podido imaginar que un día tuviéramos que vivir sin él.

           Al atravesar una conmoción existencial, como es la pérdida de un hijo, no podemos seguir siendo los mismos, algo en nosotros ha cambiado para siempre; la vida  se ha invertido como un guante de goma que se saca dando vuelta sobre sí mismo y somos otra persona distinta, nunca más la misma persona  y tenemos que elegir.

           De pronto, al darnos cuenta de esto uno se dice: “tengo que sufrir, no puedo evitarlo”, pero ¿puedo elegir cómo sufrir?

           ¿Es lo mismo sufrir miserablemente, que sufrir dignamente?

           ¿Es lo mismo caminar por la vida, como buscando monedas en el suelo, que caminar con la frente alta? No.

           Hay un tiempo de sufrir, pero aún sufriendo, sabemos que podemos sufrir miserablemente o sufrir con dignidad.

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Lo más triste sería perder la esperanza


Enrique Conde

     Renacer es un mensaje de esperanza, nuestros hijos son esperanza, son esperanza desde el momento que son concebidos, por eso decimos “la dulce espera”, y  ¡qué esperanza tan hermosa!

     Son esperanza de que tengan buena salud, luego esperamos su primer “ajó”, estamos esperando oír su primer “papá”, su primer “mamá”, estamos esperando que den sus primeros pasos, su gateo, siempre, siempre estamos esperando…

    Cuando van a la Escuela, cuando van al Liceo y aun siendo grandes nosotros, como padres, también alimentamos esperanzas, es decir, los hijos son: ¡ESPERANZA!

    Empero, un aciago día, la vida nos enfrenta a que esa esperanza se quiebra.

    El mensaje de Renacer lo que hace es restituir esa esperanza, una esperanza distinta, una esperanza más sublime…

    Cualquiera sea lo que nosotros creamos respecto a donde vamos a ir luego de nuestra muerte, a ese lugar que cada uno piensa que algún día llegará, después de la propia muerte, en ese lugar están nuestros hijos.

    Nuestros hijos están en nuestro futuro…

    El mensaje de Renacer genera una esperanza, la esperanza de que nuestros hijos están en otra dimensión, que no se extinguen y en esa dimensión es que nosotros los alojamos en nuestro corazón, allí los sentimos.

    El mensaje de Renacer nos da fuerzas, nos da vitalidad y ganas de seguir viviendo.

    Hemos escuchado a madres y a padres que han dicho “yo me quería morir cuando murió nuestro hijo y ahora yo quiero seguir viviendo para poder homenajearlo, porque mi vida es lo único que tengo para poder homenajearlo”.

    El verdadero homenaje para nuestros hijos es hacer el bien todos los días, a toda hora del día, de mañana, de tarde, de noche, permanentemente.

    Si nos hacemos el propósito de hacer el bien en homenaje a nuestros hijos, no vamos a hacer mal a nadie, entonces, seremos más humanos, más solidarios, más productivos, dejando de ser aquellos seres que caminan dando lástima, inútiles para la sociedad, inútiles para la familia, para pasar a ser seres dignos para uno mismo, para los otros hijos, para el esposo o la esposa, para la familia, para los parientes, para los amigos y para la comunidad.

    El mensaje de Renacer nos ha demostrado que se puede vivir una vida feliz después de aceptar que ese hecho es un hecho del pasado inmodificable y de aceptar que lo único que podemos cambiar es nuestra propia actitud, y no los hechos del pasado.

    Podemos dejar de vivir en el pasado y dejar “renacer” esa esperanza que se había quebrado el día que  ellos partieron, pero vuelve a surgir.

    Aquel día perdimos nuestra paz interna, se produjo una conmoción interna de todo nuestro ser.

    Por el camino que nos muestra el mensaje de Renacer, es posible recomponer aquella paz perdida y, finalmente, podemos decir, que de la misma manera que nuestros hijos, en su momento, fueron causa de “la dulce espera”, hoy son la causa de “una dulce nostalgia”.


                                             Viernes 29 de Setiembre de 2017

             Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay