Archivo de la categoría: Renacer una fuente inagotable

LOS PELIGROS QUE ACECHAN A RENACER


    Frente a la opción que expone RENACER, se encuentran otras frecuentemente usadas en muchos grupos de ayuda mutua.

Algunos trabajan hacia el autoconocimiento, de lo que está mal en sus integrantes, priorizando el análisis de las emociones y sentimientos, y en ese proceso, se transforman en grupos de desenmascaramiento en los que todos los fenómenos humanos son reducidos a fenómenos meramente psicológicos, o motivos o intereses secundarios.

Otro de los problemas  es que esta orientación hacia la autoobservación lleva, con frecuencia, a  cuadros de hiper reflexión en los que se da vuelta continuamente en círculos sin salida sobre los problemas que aquejan a sus miembros, llevando a estados de lamento continuo.

Al respecto Elisabeth Lukas nos dice que son tres los peligros del lamentarse de más:

1 – Un sobredimensionar el motivo del lamento, el que es percibido en forma exagerada y atrae toda la concentración sobre sí mismo.

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La respuesta del hombre al sufrimiento yace en la trascendencia.


 

 

Por Enrique Conde

 


      Ante la profunda señal de alerta implícita en una crisis, como es la pérdida de un hijo, el hombre despierta a su intuición, a ese “pre saber intuitivo” del que nos habla Frankl, intuye que la salida existencial está por delante suyo, en lo que aún queda por realizar de ese futuro en el que yacen las posibilidades aún no realizadas.

     A lo largo de nuestro trabajo con seres sufrientes y grupos de ayuda mutua hemos tratado de trasmitir la idea de algo común a todos los grupos: esto es que todos tienen que ver con el sufrimiento humano, más allá del origen de ese sufrir y que, por lo tanto, deben estar orientados hacia el hallazgo de sentido de ese sufrimiento.

      El objetivo común no debe ser no sufrir sino no sufrir en vano,  se debe ayudar a sus integrantes, no a trabajar con los hechos del pasado, que no pueden ser cambiados, sino abrirse a ese mundo en que esperan las posibilidades aun latentes en sus vidas, deben ayudarlos a elegir correctamente entre todas las posibilidades, que deben encontrar las opciones con sentido, que deben emprender el camino, el único camino con sentido que esa conmoción existencial les plantea: el camino final de humanización.

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¿Renacer es una utopía?


Enrique Conde

Reflexiones  de Marta Inés Morales de Liberti  dRENACER TUCUMÁN ARGENTINA

 

        Mi experiencia en Renacer con motivo de cumplir 1 año de concurrencia a este grupo de ayuda mutua

        Asisto a RENACER, grupo de ayuda mutua-, desde una semana después de la partida de mi hija Julieta, y deseo exponer mis reflexiones acerca de este grupo.

        Durante el transcurso de este tiempo he podido ver que, si no entendemos que estamos recibiendo ayuda o no nos abrimos para recibirla, no podremos ser ayudados.

        El salvavidas nos es lanzado y tenemos que tomarlo para salir.

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Un ser espiritual


Por Enrique Conde


            Según Víctor Frankl, el hombre pese a sus condicionamientos físicos y psicológicos, es antes que nada, un ser espiritual, capaz de levantarse por encima de sus condicionamientos físicos, en las alas indómitas del espíritu.

            Se puede definir la condición de espiritual del ser humano, como un estado de conciencia ampliado, es un fenómeno que tiene origen en el hombre y forma parte de un ámbito específicamente humano.

            En el fondo de los anhelos y propósitos de todos los grupos de ayuda mutua, yace, con mayor o menor claridad, el de acceder a la espiritualidad.

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A los padres de hijos suicidas


 

 

Por Enrique Conde

 

 


        ¡Qué difícil es hablar de la muerte, cuando afuera el sol ilumina el verde brillante de las hojas, las gotas de rocío en el pasto, las flores blancas del laurel, la ropa limpia que cuelga en la soga al fondo del jardín!

         En realidad es difícil hablar de la muerte en cualquier circunstancia y en cualquier lugar.

        Tiene que ver con negar la existencia de una certeza, pues todos sabemos que vamos a morir, que es inevitable y, sin embargo, haremos todo lo imposible por negarlo y damos la espalda cuando “le pasa a los demás”.

        Hasta que un día nos pasa a nosotros; le pasa a seres que amamos más que a nada en el mundo… le pasa, incluso, a nuestros hijos, quienes nos enseñaron una insospechada forma de amar, que teníamos reservada sólo para ellos.

        Y de entre todas las diversas formas de morir un hijo, el suicidio está entre las más duras y trágicas para los seres que quedan, generalmente, sumidos en un dolor que no conoce iguales y en una incredulidad que les hará repetirse, una y otra vez: ¿por qué? al mismo tiempo que se reprochan el “no haberse dado cuenta” de lo que iba a suceder para evitarlo y, de aquí en más, comenzarán el largo y angustiante camino de las culpas que los acosarán día y noche y no los dejarán vivir, dormir, respirar.

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El poder indómito del espíritu.


 

Por Enrique Conde.

 


En el fondo de los anhelos y propósitos de todos los grupos de ayuda mutua y también en los de “autoayuda”, yace, con mayor o menor claridad, el de acceder a la espiritualidad. (décimo segundo paso de la metodología de Alcohólicos Anónimos).

La espiritualidad juega un papel fundamental en los grupos de ayuda mutua, entendiendo a ésta como la condición de lo espiritual de cada ser humano, un estado de conciencia ampliada, un fenómeno que tiene origen en el hombre y muestra lo específicamente más humano del hombre.

Al tratar de definir la espiritualidad, entramos en terrenos complejos en los que a la intuición le faltan las palabras, pues las lenguas occidentales poseen términos muy deficientes para describir los estados ampliados de conciencia, por esa razón es que hemos acudido a Dalai Lama, quien da una definición de espiritualidad que transcribimos porque nos parece adecuada para todas las creencias, sean o no religiosas: “La espiritualidad -dice- me parece algo relacionado con las cualidades del espíritu humano, como son el amor, la compasión, la paciencia, la tolerancia, el perdón, la contención, el sentido de la responsabilidad, el sentido de la armonía, etc. que aportan la felicidad tanto a uno mismo como a los demás.

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Encontrar el sentido de la propia vida.


 

 

 

 

Por Enrique Conde.


           Por la magnitud y el misterio de su naturaleza, el hombre siempre ha indagado sobre su origen y el sentido de su existencia, siendo objeto y eje de especulación filosófica, desde los comienzos de los tiempos.

           En definitiva, lo que el hombre más ansía no es riqueza o poder o aun felicidad, sino ser capaz de encontrar una razón para vivir, capaz de encontrar sentido, no sólo a su destino, sino también a las posibilidades que esperan ser realizadas por él.

           No se trata del sentido abstracto, referido al sentido último de la vida, sino al sentido concreto, que según Víctor Frankl tiene la vida para cada uno y que cada uno de nosotros debe encontrar en su vida como seres únicos e irrepetibles que somos.

          En la medida que encontremos y percibamos interiormente valores, que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo, cada uno de nosotros puede marcar una diferencia de acuerdo a como viva su vida.

          Víctor Frankl dice que el hombre, como ser único e irrepetible que es, es capaz de levantarse, en las alas indómitas del espíritu, por encima de sus condicionamientos físicos y psicológicos y responder responsablemente de una manera única, como expresión de su libertad.

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La esencia última de Renacer: la libertad.


 

 

Por Enrique Conde

 

 


         Víctor Frankl sostiene que “Al hombre se le puede arrebatar todo en la vida, menos la última de las libertades individuales, que es la actitud con que enfrentará lo que le toca vivir”

        De acuerdo con su pensamiento, “el hombre es un ser abierto al mundo, orientado a la búsqueda de sentido a las preguntas que la vida le plantea”,

        De esta manera, afirma que no somos víctimas del destino, de aquello que la vida nos presenta sin consultarnos, ya que nos da a todos igual oportunidad de responder, y, precisamente, a través de las diversas respuestas que damos a lo largo de nuestra vida, es que vamos modelando nuestra identidad.

 

        Al tomar conciencia de esto, nos damos cuenta de la importancia de utilizar responsablemente nuestra libertad de elección.

        ¿Y cuál es una elección plena de sentido?

        Aquella que es buena para mí, buena para los que me rodean y buena para la vida.

        Si nuestra elección cumple esa triple condición, sabremos que hemos elegido correctamente.

        Hay además una intuición que nos muestra el camino, es la que nos sugiere, que aún en los momentos difíciles, de sufrimiento inevitable -aquéllos donde creemos perder la fe y la esperanza-, existe la posibilidad de cambio, de transformación interior.

        Según Víctor Frankl, cada hombre es capaz de levantarse por encima de sus condicionamientos físicos y psicológicos, en las alas indómitas del espíritu, más allá de su experiencia previa, y responder en libertad y responsablemente, con su manera única, como seres únicos e irrepetibles que somos

        La toma de decisión, frente a lo limitante, es una postura espiritual, es el poder desafiante del espíritu, como lo denomina Frankl, como lo es también la intuición de lo pleno de sentido que tiene sus raíces profundas en la conciencia, aquello que precede y preside todo lo personal y moral del ser humano, lo que nos hace ser realmente humanos.

        Elisabeth Lukas nos dice, que a Víctor Frankl le llevó toda una vida demostrar que la adopción por la psiquiatría de la metodología de las ciencias naturales, particularmente la física, en oposición a la fuerza indómita del espíritu, tuvo consecuencias fatales.

         Así lo señala Etisabeth Lukas en Psicología Espiritual, al recordar las palabras de Horst Schleifer que nos dice:

        “En lo que respecta al objeto de investigación “persona”, los escritos especializados en temas psicológicos ponen de manifiesto que, desde un principio, la psicología esquivó el factor espiritual en la persona humana.”  

        La aplicación de métodos inadecuados, explica por qué  los resultados de las investigaciones psicológicas académicas, han tenido tan escasa relevancia para lo cotidiano, ya que la adopción de la metodología de las ciencias naturales, particularmente la física, tuvo consecuencias fatales para la disciplina.

      Víctor Frankl abrió las puertas a la cuestión acerca del sentido de la vida.

       Dice Víctor Frankl que lo decisivo radica en la persona espiritual y cuando se trata de actitudes, siempre es posible el cambio de las actitudes existenciales.

        Para Elisabeth Lukas: “Al reprimir la espiritualidad, desaparece la confianza en la vida y su sentido, ya que la capacidad de resistencia espiritual a los embates de la miseria psíquica, mide la estatura moral de cada individuo.

         Dice Elisabeth Kübler Ross: “El mayor regalo que nos ha hecho Dios es el libre albedrío, que coloca sobre nuestros hombros la responsabilidad de adoptar las mejores resoluciones posibles.”

       En Renacer nos resistimos a que se le impongan valores a un papá, a que se restrinja la libertad de un papá, y que el bien más preciado, que es la libertad de cada uno de nosotros, quede en manos de un psicólogo  o de cualquier otro miembro de un grupo.

        Renacer acompaña a los papás y a las mamás hasta que, cada uno, comprenda que vivir su vida tal como le es dada, es su propia responsabilidad.

        Y ahí nos paramos, hasta ahí llegamos y somos fieles y consecuentes con el pensamiento de Víctor Frankl.

 

                                              Viernes 20 de Marzo de 2020

                                           


                                                                                                                                                                Eiségesis de lo expresado por Alicia y Gustavo Berti, iniciadores de RENACER, recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de  Ulises, con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

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Ante la partida de un hijo, “un renacer de las cenizas”


Por Enrique Conde

 

 

 


     Ante la partida de un hijo, a quien difícilmente estaremos preparados para despedir, el dolor es demasiado intenso, desconocido, pareciera que la vida no debería continuar y el tiempo, en su eterno fluir, se hubiera detenido,  en un mundo de total incredulidad e irrealidad.

     Nadie sabe qué decirnos; todos escapan ante una realidad que no conocen, que siempre han ignorado, que no saben manejar.

     No puede ser, nos repetimos una y mil veces y, sin embargo, es; y debemos seguir viviendo; pero ¿cómo?, nos preguntamos una y otra vez.

     Todo dolor trae consigo una enseñanza, ésta puede llegar a ser una experiencia regeneradora, porque es moviéndonos a través del dolor, explorándolo, conociéndolo, que lograremos llegar más allá de él, más allá de lo inmediato, más allá del materialismo limitante, rescatando de un rincón del corazón, los olvidados valores espirituales, que son los únicos que pueden salvarnos de una vida sin sentido, de una muerte en vida.

     La muerte de nuestros hijos no habrá sido estéril, porque a través de su partida, es que el verdadero sentido de la vida se comprende, como un tiempo precioso y finito que debemos vivir al máximo, pero de otra manera, ya que el camino trazado hasta ahora, no sirve para esa nueva realidad.

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Renacer es un despertar a una vida plena.


Por Enrique Conde

 

 

 

 

Para quien sufre la tragedia de perder un hijo, el mundo que lo rodea desaparece y la primera impresión es, muchas veces, de incredulidad… estoy soñando… es una pesadilla… es algo ilusorio… no, no me ha pasado nada… pero de ese sueño no se despierta; ese sueño es realidad…

El ser sufriente piensa que él es el único a quien le ha pasado esa fatalidad y, solamente, cuando, en Renacer se encuentra con otros padres de igual condición se da cuenta que él no es el único; hay otros padres que han perdido hijos, los que, sin embargo, están en una condición distinta a la suya.

Entonces, el mensaje de Renacer puede ser el camino a recorrer para su despertar a una vida plena.

En la primera reunión, pese a no entender mucho de lo que se dice, se capta que hay padres que están en una actitud de calma, muy distinta a la suya y esa es la gran conclusión a que llega quien va por primera vez: que es posible estar en otro estado, lo que impulsa al propósito de asumir una actitud distinta, más positiva, pues si otros padres han podido hacerlo, también podrá él.

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La verdadera felicidad


Por Enrique Conde


        El concepto de búsqueda de la felicidad, ya sea a través del placer como sostiene Sigmund Freud, o a través de una lucha por la superioridad, según Alfred Adler, que pueden definirse, sucintamente, como un deseo de placer y un deseo de poder, en busca de la felicidad.

        Frente a esto, dice Víctor Frankl, “No estoy dispuesto a vivir, luchar o hacer algo o amar a alguien o aún padecer, únicamente, en aras de la búsqueda de placer o de poder, pues eso no bastaría para satisfacer lo que llamo mi deseo de encontrar un sentido a mi vida, ya que, intrínsecamente, todo ser humano siempre está proyectado hacia algo más allá de sí mismo, algo en el mundo exterior”.

          Agrega Frankl que, en la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, desea ponerse al servicio de una causa superior a él, como es para nosotros Renacer, llegará a la autotrascendencia, una cualidad esencial del ser humano.

          Autotrascendencia, quiere decir estar siempre orientado hacia algo o alguien que no es él mismo, hacia una tarea a cumplir, una misión que llevar a cabo, alguien a quien amar, es decir, hacia tareas o personas que están en el mundo, independientes de uno mismo.
Y agrega: “La mejor manera de conseguir la realización personal consiste en dedicarse a metas desinteresadas, pues la búsqueda de la felicidad constituye una contradicción en sí misma.

          No se pueden tener como meta la felicidad, pues, paradójicamente, LA FELICIDAD SE ALEJA, en la medida en que se establece como fin.

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Renacer es un semillero de una humanidad más generosa y más compasiva


 

 

Por Enrique Conde

 

 


        El mensaje de Renacer es una inspiración que surge de nuestros hijos, por eso decimos que es obra de cada uno de nuestros hijos.

      En la medida que llevemos el mensaje con amor, con convencimiento, con mucho respeto por cada uno de los papás, eso es Renacer.

      Y en la medida que, cada uno de nosotros, nos veamos, nada más y nada menos que como mensajeros, sin pretender ser más que eso, Renacer va a  funcionar bien.

      En Renacer, nadie está por méritos propios, sino por su hijo, nosotros, por Nicolás, como está cada uno de ustedes por sus hijos, no estamos porque uno sea más capaz que otro o más inteligente, o lo que sea, estamos porque hemos perdido un hijo.

      No nos olvidemos de esto porque, con el tiempo, cuando uno mejora,  puede olvidar un poco eso y  creer que está por su  propia capacidad.

      La razón de ser de Renacer es ayudar a los padres que vienen a las reuniones atribulados por el dolor, sintiéndose solos por primera vez en su vida y van a una reunión y quieren que los ayuden, eso es Renacer.

      El verdadero Renacer es en el campo de batalla, allí donde está el sufrimiento, allí donde las personas requieren de aquellos que ya han transitado este camino.

      Ayudar, es amor, es amor incondicional, lo cual significa darse al otro, desde lo mejor de sí,  para encontrarse con lo mejor de otro y aceptarnos tal como somos, porque todos tenemos defectos que pueden molestar al que está enfrente o al que está al lado, tratemos de encontrarnos con lo mejor del otro.

      Entonces será un encuentro realmente de pares.

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Renacer es un camino


 

Por Enrique Conde


          Quienes hemos perdido un hijo, hemos experimentado el efecto de una crisis existencial en la que el mundo que nos rodea desaparece y, encerrados en el propio dolor, no sabemos cómo salir de allí.

          Es probable que para algunos, sintiéndose condicionados por lo que el destino les ha deparado, vivan esta crisis tan solo como un signo de su fracaso.

           Sin embargo, ha habido quienes, han buscado un significado a la tragedia de la partida de un ser tan querido, tal el caso de Alicia y Gustavo Berti, los iniciadores de Renacer.

         Renacer, precisamente, surge a partir  la actitud de quienes buscando el sentido a lo sucedido, encausaron sus vidas de una manera distinta a como la estaban viviendo hasta ese momento.

          La primera actitud positiva, de quienes asisten, por primera vez a Renacer, es  la de querer salir del ensimismamiento que rompe los puentes de la comunicación con los demás, ya que, unidos a sus iguales, reconstruyen, esos puentes, camino a la superación.

         Surge así Renacer como un camino en el que, paulatinamente, se van encendiendo luces que iluminan el andar por la vida, en forma distinta a lo vivido a partir de la pérdida del hijo, no sintiéndose la mismas personas.

         Aceptar no ser las mismas personas, implica solo dos posibilidades: podrán ser mejores personas o peores personas, otra alternativa no hay y la opción debe ser exclusivamente propia de cada uno.

         Para ser peor persona no hay que hacer nada, ni siquiera levantarse de la cama o no  querer seguir trabajando, ni hablar con los demás, andando por la calle como quien busca monedas en el suelo.

         Renacer respeta y toma a cada padre desde el lugar en que cada uno se  encuentra, incorporando a cada miembro sin evaluaciones de principiantes y sin coordinadores que autoricen el pasaje de grado; allí existe una igualdad no imaginada en ningún grupo de autoayuda.

         En Renacer no hay normas ni plazos ni evaluaciones.

         Quienes llegan a Renacer, es porque no quieren seguir viviendo como estaban viviendo y en  el primer contacto, al observar la actitud de sus pares, al verlos como el espejo de a donde ellos podrían llegar  surge el  ¿Por qué no yo?, pues si otros han podido avanzar en un camino de superación ¿Por qué no he de poder hacerlo yo también?

         Luego, paulatinamente, se van encendiendo luces que iluminan su camino, primero iiluminan la mente, al principio turbada, y aparecen otras luces que iluminan directamente el corazón, ahora abierto al amor incondicional ya que se comprende que no se necesita la presencia personal de del hijo para seguir amándolo incondicionalmente.

         Escuchar repetidamente el mismo concepto, facilita incorporar su significado frente a la vida, pues cada vez nosotros no somos los mismos, como magistralmente, lo expresó hace ya más de 2,000 años Heráclito cuando dijo “Nunca nos podemos bañar dos veces en el mismo río.”

         Simultáneamente o en forma alternada la mente y el corazón van incorporando los nuevos conceptos que iluminarán, en lo sucesivo, su camino en la vida.

          Aveces la mente se resiste cuando escucha decir que la partida de nuestros hijos es un hecho del pasado, cuando en la mente y en el corazón están en una permanente presencia, hasta que nos despiertan las palabras de Elisabeth Kûbler Ross: “Todas nuestras investigaciones sobre la vida después de la muerte han revelado, más allá de toda duda, que aquellos que realizan la transición están aún más vivos, amorosamente rodeados de un amor incondicional y una belleza más allá de lo que nosotros podemos imaginar. Ellos no están realmente muertos, solamente, nos han precedido en el viaje de la evolución en el que todos nos hallamos embarcados; ellos están con los seres queridos que los han precedido en la muerte, como sus ángeles guardianes, en el reino del amor y la compasión total.”

      En otro momento, Kubler Ross nos dice “Por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un  hijo podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual.”

      Entonces, el camino se ilumina, aún más al percibir el ámbito espiritual de nuestra naturaleza humana, por el cual Víctor Frankl luchó toda su vida,  y percibimos a nuestros hijos en nuestro futuro, pues cualquiera sea la intuición que tengamos de a donde vamos a ir después de nuestra propia muerte, allí están nuestros hijos esperándonos. Ellos no están en el pasado.

       Se nos presentará la difícil opción de darles permiso y dejarlos libres  para que sean felices en el ámbito en que se encuentran, que tiene, para nosotros, la recompensa de sentir la paz interna, aquella que perdimos el día de su partida.

       Luego, seguirán encendiéndose nuevas luces como las que despierta la presencia de otro padre que con su dolor demanda y promueve la ayuda mutua, una tarea que implica dar al otro, el doble de lo que se espera de él.

       Cada uno va descubriendo esas luces que se van encendiendo en su corazón… ya sea sentir que el amor incondicional no necesita de la presencia física de nuestros hijos para seguir amándolos… ya sea que se comprenda la inutilidad de los ¿por qué? tan repetidos sin eco que responda… o ya sea que los ¿si yo hubiera o no hubiera? solo sirven para prolongar insomnios… ya sea que no transformemos a nuestros hijos en nuestros verdugos… ya que aceptemos la realidad… no mirar hacia atrás…  no olvidarse de los hermanos que quedan… preservar la familia… transformarnos en los artífices de nuestra propia vida… darnos una segunda oportunidad… una transformación interior… no fomentando la catarsis… con la libertad de elegir…

       Llegará también el día, en que mirando a nuestro alrededor a los hermanos, familiares, amigos y a la comunidad, asumamos la responsabilidad de derramar nuestra luz, como el faro que a la vez de iluminar, no puede alejar de sí la luz, como reza el pensamiento oriental “Quien enciende una antorcha para iluminar el camino de otro, está iluminando su propio camino”, reflejado en el pensamiento de Víctror Frankl “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

                                                    Viernes 18 Octubre de 2019


Eixégesis del Mensaje de Renacer , recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito. (Extraído de a serie “Buceando en el aljibe”)

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

Por la esencia de -Renacer

 

 

Un impulso hacia la dimensión espiritual del ser humano.


 

 

Por Enrique Conde

 

 

 

 


          Los padres que se acercan a RENACER  lo hacen, no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido, no quieren seguir viviendo como lo están haciendo, e intuyen que necesitan un nuevo proyecto de vida futura.

          Lo que el hombre aspira  ser, en gran medida, lo determina lo positivo que rescata de su pasado, excluyendo aquello que sea teñido por el sentimiento o la emoción de lo que evoca.

          Por lo cual, en las reuniones, volver atrás sobre los hechos dolorosos y la exploración de emociones tan encontradas y negativas, propias de los primeros tiempos, después de la partida del hijo, nos mantienen en un nivel emocional desde donde se hace muy difícil vislumbrar ese nuevo proyecto de vida y más aun;  se hace difícil no caer en la hipereflexión, consecuencia lógica de este tipo de procesos.

          El pasado,  contiene  aspectos positivos, valores ya realizados a los que se puede acceder, pues  tienen influencia en las decisiones que se toman, en los proyectos que se crean.

          El futuro es  determinado por la presencia de aquello vivido en el pasado, lo ya realizado, que permanecerá para siempre en nuestro mundo,  eternizado como la realidad más indestructible.

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La vida vale la pena ser vivida.


Por Enrique Conde


 

          El hombre transita por la vida como si tuviera una balanza, digamos que en la mano izquierda llevamos el platillo donde están las cosas dolorosas de nuestra vida y en la otra mano llevamos el platillo donde están las cosas positivas de la vida.

          Este símil puede graficar la situación del ser humano después de la muerte de un hijo.

          Para quien tiene que hacer su viaje por la vida con un platillo de la balanza sobrecargado por las realidades, que la vida le ha deparado, parece evidente  que la mejor forma de ayudarlo no es aliviar el platillo de su destino,  hecho de por sí imposible de llevar a cabo, sino cargando el platillo de lo que él ofrece a la vida, mediante la realización de posibilidades que cumplan la triple condición de ser bueno para si mismo, ser bueno para quienes lo rodean y ser bueno para la vida misma.

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