Archivo de la categoría: Renacer una fuente inagotable

La vida vale la pena ser vivida.


Por Enrique Conde


 

          El hombre transita por la vida como si tuviera una balanza, digamos que en la mano izquierda llevamos el platillo donde están las cosas dolorosas de nuestra vida y en la otra mano llevamos el platillo donde están las cosas positivas de la vida.

          Este símil puede graficar la situación del ser humano después de la muerte de un hijo.

          Para quien tiene que hacer su viaje por la vida con un platillo de la balanza sobrecargado por las realidades, que la vida le ha deparado, parece evidente  que la mejor forma de ayudarlo no es aliviar el platillo de su destino,  hecho de por sí imposible de llevar a cabo, sino cargando el platillo de lo que él ofrece a la vida, mediante la realización de posibilidades que cumplan la triple condición de ser bueno para si mismo, ser bueno para quienes lo rodean y ser bueno para la vida misma.

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Lo que buscamos no está en el pasado


 

 

 

Por Enrique Conde

 

 


      La tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque entonces, su muerte habrá sido en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.

     Como padre tenemos la responsabilidad de que no sea así, pero es solamente cada padre que puede decidir qué es lo que va a aprender de esto,  si va a llorar hasta regar las plantas del jardín, con lo cual, su dolor y su tragedia sea en vano y no tenga sentido.

     Si continuamos con nuestras emociones y nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos llevarán a ninguna parte, no nos conducirán, absolutamente, a ningún lugar; vamos a pedalear en el barro durante toda la vida.

     La respuesta no está en el pasado, todo lo que ha pasado no se puede modificar.

     La respuesta está adelante nuestro, en lo que todavía  nos falta por vivir.

 

     No nos detengamos pues, en lo que nos ha pasado; tratemos de canalizar nuestras energías acerca de las posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, hay caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero están allí esperando ser recorridos.

     Esos caminos están ahí, esperando que los transitemos.

     Nosotros, que supuestamente, somos la creación más perfecta que existe en este planeta, preguntémonos; ¿por qué tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?

     Eso tiene que tener un significado, ¿por qué no me pusieron los ojos en la mano?, donde yo podría mirarme la cabeza, mirarme las orejas, poder mirarme la espalda.

     Pero no, me los pusieron ahí donde están y los ojos puestos ahí, podemos intuir, que tiene un significado: primero, no me puedo mirar a mí mismo, y, a su vez, que tenemos los ojos adelante, porque tengo que  mirar y caminar para adelante.

     Tenemos que mirar hacia el futuro.

     Tenemos que ver qué es lo que puedo hacer de valioso por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.

     John Milton, escritor inglés que perdió su vista, nos dice “El verdadero infortunio, es no saber sobrellevar un infortunio.”

     Quien siga mirando hacia atrás, no avanzará, va a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un desecho de sal.

     ¿Recuerdan la historia de la mujer de Lot?  Lot le pidió al creador que lo saque de la ciudad de Sodoma y Gomorra y el creador le permite salir con su esposa Edith, con la sola condición que al salir no vuelvan la mirada hacia atrás.

     La mujer de Lot desobedece y se da vuelta y ¿qué pasa?  se convierte en una estatua de sal.

     ¿Cuál es el significado de esta metáfora? 

     Que se cristalizó en lo que quedaba atrás, ese es el peligro de mirar demasiado para atrás.

     El resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y así habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.

     Ese mensaje no queremos darlo y el único elemento para no darlo es nuestra vida y la manera en que la vivamos.

     ¿Cómo vivo mi vida?  ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?

     Sirve para una sola cosa, para ser más solidario y en nuestro caso, ayudar a otra persona a que sufra menos, intuirlo así,  es de la esencia de Renacer.

     Si quieres ayudar a otra persona, a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle ¿cómo estás? yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo una u otra cosa…

      ¿Qué clase de ayuda es esa?

       Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, se tiene que olvidar de su propio dolor, tiene que decir yo también perdí un hijo y sé que se puede salir adelante, porque como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

 

                                                       Viernes 19 de julio de 2019

 

     Eiségesis de lo expresado por sus iniciadores, recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

 

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Hay estados interiores para los que no existen las palabras.


 

Por Enrique Conde

 

 


 

        Asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos, en ese camino, lo mejor.

         Podemos decidir, ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decidir que es lo que queremos ser.

        Podemos elegir una nueva vida

         Encontrar el modelo frankliano, fue encontrar un modelo que reconoce la libertad del ser humano y junto con la libertad, la responsabilidad, que de esa libertad emana.

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Se puede pensar y tener proyectos de futuro.


 

Por Enrique Conde

 


         Cuando perdemos un hijo, no queremos mirar para adelante, no queremos ni pensar cómo ha de ser nuestra vida de aquí en más.

         Como seres humanos, nuestro mundo interior, no se limita a los eventos determinantes del pasado, sino que incluye las posibilidades que se abren ante nosotros, aquello que espera en nuestro futuro y ha de ser realizado por nosotros.

         Si no existiera proyecto alguno, se vivirá en el pasado y se rescatará, continuamente, el hecho en sí, revestido con todas las emociones que  él acarrea, propias de un mundo cerrado, sin horizontes, sin proyectos de vida, sin nada por lo que valga la pena seguir viviendo, se priorizará el rescate de aquello más doloroso, aquello que más sufrimiento ha originado y que, además, se vuelve una y otra vez, en un eterno movimiento circular, a aquello que tanto nos ha marcado, lo que tiene  una manera peculiar de manifestarse en oleadas de la hipereflexión.

        Los padres que se acercan a RENACER  lo hacen, no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido, no quieren seguir viviendo

de esa manera como lo han estado haciendo, es decir, que se dan cuenta que necesitan un proyecto de vida.

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Una nueva actitud.


Por Enrique Conde

¿Qué actitud asume una persona para enfrentar el dolor que le produce un sufrimiento?

Lo hace de frente, ¿verdad?

Debemos vivir con fe absoluta, que no es fe en algo o en alguien, pues el algo o el alguien siempre podrían defraudarnos, sino fe en sí mismo, fe en sus propios valores como ser humano.

La fe absoluta se refiere a un conocimiento de la realidad enfrentándola con aceptación del destino y con un compromiso total y absoluto de la tarea a realizar.

Esa es la fe absoluta del hombre: coraje, aceptación del destino y compromiso total con la realidad y la tarea a cumplir.

¿Cuál es la tarea a cumplir para un padre que ha perdió un hijo?

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