Archivo de la categoría: Renacer una fuente inagotable

Renacer es un despertar a una vida plena.


Por Enrique Conde

 

 

 

 

Para quien sufre la tragedia de perder un hijo, el mundo que lo rodea desaparece y la primera impresión es, muchas veces, de incredulidad… estoy soñando… es una pesadilla… es algo ilusorio… no, no me ha pasado nada… pero de ese sueño no se despierta; ese sueño es realidad…

El ser sufriente piensa que él es el único a quien le ha pasado esa fatalidad y, solamente, cuando, en Renacer se encuentra con otros padres de igual condición se da cuenta que él no es el único; hay otros padres que han perdido hijos, los que, sin embargo, están en una condición distinta a la suya.

Entonces, el mensaje de Renacer puede ser el camino a recorrer para su despertar a una vida plena.

En la primera reunión, pese a no entender mucho de lo que se dice, se capta que hay padres que están en una actitud de calma, muy distinta a la suya y esa es la gran conclusión a que llega quien va por primera vez: que es posible estar en otro estado, lo que impulsa al propósito de asumir una actitud distinta, más positiva, pues si otros padres han podido hacerlo, también podrá él.

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La verdadera felicidad


Por Enrique Conde


        El concepto de búsqueda de la felicidad, ya sea a través del placer como sostiene Sigmund Freud, o a través de una lucha por la superioridad, según Alfred Adler, que pueden definirse, sucintamente, como un deseo de placer y un deseo de poder, en busca de la felicidad.

        Frente a esto, dice Víctor Frankl, “No estoy dispuesto a vivir, luchar o hacer algo o amar a alguien o aún padecer, únicamente, en aras de la búsqueda de placer o de poder, pues eso no bastaría para satisfacer lo que llamo mi deseo de encontrar un sentido a mi vida, ya que, intrínsecamente, todo ser humano siempre está proyectado hacia algo más allá de sí mismo, algo en el mundo exterior”.

          Agrega Frankl que, en la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, desea ponerse al servicio de una causa superior a él, como es para nosotros Renacer, llegará a la autotrascendencia, una cualidad esencial del ser humano.

          Autotrascendencia, quiere decir estar siempre orientado hacia algo o alguien que no es él mismo, hacia una tarea a cumplir, una misión que llevar a cabo, alguien a quien amar, es decir, hacia tareas o personas que están en el mundo, independientes de uno mismo.
Y agrega: “La mejor manera de conseguir la realización personal consiste en dedicarse a metas desinteresadas, pues la búsqueda de la felicidad constituye una contradicción en sí misma.

          No se pueden tener como meta la felicidad, pues, paradójicamente, LA FELICIDAD SE ALEJA, en la medida en que se establece como fin.

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Renacer es un semillero de una humanidad más generosa y más compasiva


 

 

Por Enrique Conde

 

 


        El mensaje de Renacer es una inspiración que surge de nuestros hijos, por eso decimos que es obra de cada uno de nuestros hijos.

      En la medida que llevemos el mensaje con amor, con convencimiento, con mucho respeto por cada uno de los papás, eso es Renacer.

      Y en la medida que, cada uno de nosotros, nos veamos, nada más y nada menos que como mensajeros, sin pretender ser más que eso, Renacer va a  funcionar bien.

      En Renacer, nadie está por méritos propios, sino por su hijo, nosotros, por Nicolás, como está cada uno de ustedes por sus hijos, no estamos porque uno sea más capaz que otro o más inteligente, o lo que sea, estamos porque hemos perdido un hijo.

      No nos olvidemos de esto porque, con el tiempo, cuando uno mejora,  puede olvidar un poco eso y  creer que está por su  propia capacidad.

      La razón de ser de Renacer es ayudar a los padres que vienen a las reuniones atribulados por el dolor, sintiéndose solos por primera vez en su vida y van a una reunión y quieren que los ayuden, eso es Renacer.

      El verdadero Renacer es en el campo de batalla, allí donde está el sufrimiento, allí donde las personas requieren de aquellos que ya han transitado este camino.

      Ayudar, es amor, es amor incondicional, lo cual significa darse al otro, desde lo mejor de sí,  para encontrarse con lo mejor de otro y aceptarnos tal como somos, porque todos tenemos defectos que pueden molestar al que está enfrente o al que está al lado, tratemos de encontrarnos con lo mejor del otro.

      Entonces será un encuentro realmente de pares.

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Renacer es un camino


 

Por Enrique Conde


          Quienes hemos perdido un hijo, hemos experimentado el efecto de una crisis existencial en la que el mundo que nos rodea desaparece y, encerrados en el propio dolor, no sabemos cómo salir de allí.

          Es probable que para algunos, sintiéndose condicionados por lo que el destino les ha deparado, vivan esta crisis tan solo como un signo de su fracaso.

           Sin embargo, ha habido quienes, han buscado un significado a la tragedia de la partida de un ser tan querido, tal el caso de Alicia y Gustavo Berti, los iniciadores de Renacer.

         Renacer, precisamente, surge a partir  la actitud de quienes buscando el sentido a lo sucedido, encausaron sus vidas de una manera distinta a como la estaban viviendo hasta ese momento.

          La primera actitud positiva, de quienes asisten, por primera vez a Renacer, es  la de querer salir del ensimismamiento que rompe los puentes de la comunicación con los demás, ya que, unidos a sus iguales, reconstruyen, esos puentes, camino a la superación.

         Surge así Renacer como un camino en el que, paulatinamente, se van encendiendo luces que iluminan el andar por la vida, en forma distinta a lo vivido a partir de la pérdida del hijo, no sintiéndose la mismas personas.

         Aceptar no ser las mismas personas, implica solo dos posibilidades: podrán ser mejores personas o peores personas, otra alternativa no hay y la opción debe ser exclusivamente propia de cada uno.

         Para ser peor persona no hay que hacer nada, ni siquiera levantarse de la cama o no  querer seguir trabajando, ni hablar con los demás, andando por la calle como quien busca monedas en el suelo.

         Renacer respeta y toma a cada padre desde el lugar en que cada uno se  encuentra, incorporando a cada miembro sin evaluaciones de principiantes y sin coordinadores que autoricen el pasaje de grado; allí existe una igualdad no imaginada en ningún grupo de autoayuda.

         En Renacer no hay normas ni plazos ni evaluaciones.

         Quienes llegan a Renacer, es porque no quieren seguir viviendo como estaban viviendo y en  el primer contacto, al observar la actitud de sus pares, al verlos como el espejo de a donde ellos podrían llegar  surge el  ¿Por qué no yo?, pues si otros han podido avanzar en un camino de superación ¿Por qué no he de poder hacerlo yo también?

         Luego, paulatinamente, se van encendiendo luces que iluminan su camino, primero iiluminan la mente, al principio turbada, y aparecen otras luces que iluminan directamente el corazón, ahora abierto al amor incondicional ya que se comprende que no se necesita la presencia personal de del hijo para seguir amándolo incondicionalmente.

         Escuchar repetidamente el mismo concepto, facilita incorporar su significado frente a la vida, pues cada vez nosotros no somos los mismos, como magistralmente, lo expresó hace ya más de 2,000 años Heráclito cuando dijo “Nunca nos podemos bañar dos veces en el mismo río.”

         Simultáneamente o en forma alternada la mente y el corazón van incorporando los nuevos conceptos que iluminarán, en lo sucesivo, su camino en la vida.

          Aveces la mente se resiste cuando escucha decir que la partida de nuestros hijos es un hecho del pasado, cuando en la mente y en el corazón están en una permanente presencia, hasta que nos despiertan las palabras de Elisabeth Kûbler Ross: “Todas nuestras investigaciones sobre la vida después de la muerte han revelado, más allá de toda duda, que aquellos que realizan la transición están aún más vivos, amorosamente rodeados de un amor incondicional y una belleza más allá de lo que nosotros podemos imaginar. Ellos no están realmente muertos, solamente, nos han precedido en el viaje de la evolución en el que todos nos hallamos embarcados; ellos están con los seres queridos que los han precedido en la muerte, como sus ángeles guardianes, en el reino del amor y la compasión total.”

      En otro momento, Kubler Ross nos dice “Por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un  hijo podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual.”

      Entonces, el camino se ilumina, aún más al percibir el ámbito espiritual de nuestra naturaleza humana, por el cual Víctor Frankl luchó toda su vida,  y percibimos a nuestros hijos en nuestro futuro, pues cualquiera sea la intuición que tengamos de a donde vamos a ir después de nuestra propia muerte, allí están nuestros hijos esperándonos. Ellos no están en el pasado.

       Se nos presentará la difícil opción de darles permiso y dejarlos libres  para que sean felices en el ámbito en que se encuentran, que tiene, para nosotros, la recompensa de sentir la paz interna, aquella que perdimos el día de su partida.

       Luego, seguirán encendiéndose nuevas luces como las que despierta la presencia de otro padre que con su dolor demanda y promueve la ayuda mutua, una tarea que implica dar al otro, el doble de lo que se espera de él.

       Cada uno va descubriendo esas luces que se van encendiendo en su corazón… ya sea sentir que el amor incondicional no necesita de la presencia física de nuestros hijos para seguir amándolos… ya sea que se comprenda la inutilidad de los ¿por qué? tan repetidos sin eco que responda… o ya sea que los ¿si yo hubiera o no hubiera? solo sirven para prolongar insomnios… ya sea que no transformemos a nuestros hijos en nuestros verdugos… ya que aceptemos la realidad… no mirar hacia atrás…  no olvidarse de los hermanos que quedan… preservar la familia… transformarnos en los artífices de nuestra propia vida… darnos una segunda oportunidad… una transformación interior… no fomentando la catarsis… con la libertad de elegir…

       Llegará también el día, en que mirando a nuestro alrededor a los hermanos, familiares, amigos y a la comunidad, asumamos la responsabilidad de derramar nuestra luz, como el faro que a la vez de iluminar, no puede alejar de sí la luz, como reza el pensamiento oriental “Quien enciende una antorcha para iluminar el camino de otro, está iluminando su propio camino”, reflejado en el pensamiento de Víctror Frankl “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

                                                    Viernes 18 Octubre de 2019


Eixégesis del Mensaje de Renacer , recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito. (Extraído de a serie “Buceando en el aljibe”)

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

Por la esencia de -Renacer

 

 

Un impulso hacia la dimensión espiritual del ser humano.


 

 

Por Enrique Conde

 

 

 

 


          Los padres que se acercan a RENACER  lo hacen, no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido, no quieren seguir viviendo como lo están haciendo, e intuyen que necesitan un nuevo proyecto de vida futura.

          Lo que el hombre aspira  ser, en gran medida, lo determina lo positivo que rescata de su pasado, excluyendo aquello que sea teñido por el sentimiento o la emoción de lo que evoca.

          Por lo cual, en las reuniones, volver atrás sobre los hechos dolorosos y la exploración de emociones tan encontradas y negativas, propias de los primeros tiempos, después de la partida del hijo, nos mantienen en un nivel emocional desde donde se hace muy difícil vislumbrar ese nuevo proyecto de vida y más aun;  se hace difícil no caer en la hipereflexión, consecuencia lógica de este tipo de procesos.

          El pasado,  contiene  aspectos positivos, valores ya realizados a los que se puede acceder, pues  tienen influencia en las decisiones que se toman, en los proyectos que se crean.

          El futuro es  determinado por la presencia de aquello vivido en el pasado, lo ya realizado, que permanecerá para siempre en nuestro mundo,  eternizado como la realidad más indestructible.

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La vida vale la pena ser vivida.


Por Enrique Conde


 

          El hombre transita por la vida como si tuviera una balanza, digamos que en la mano izquierda llevamos el platillo donde están las cosas dolorosas de nuestra vida y en la otra mano llevamos el platillo donde están las cosas positivas de la vida.

          Este símil puede graficar la situación del ser humano después de la muerte de un hijo.

          Para quien tiene que hacer su viaje por la vida con un platillo de la balanza sobrecargado por las realidades, que la vida le ha deparado, parece evidente  que la mejor forma de ayudarlo no es aliviar el platillo de su destino,  hecho de por sí imposible de llevar a cabo, sino cargando el platillo de lo que él ofrece a la vida, mediante la realización de posibilidades que cumplan la triple condición de ser bueno para si mismo, ser bueno para quienes lo rodean y ser bueno para la vida misma.

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Lo que buscamos no está en el pasado


 

 

 

Por Enrique Conde

 

 


      La tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque entonces, su muerte habrá sido en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.

     Como padre tenemos la responsabilidad de que no sea así, pero es solamente cada padre que puede decidir qué es lo que va a aprender de esto,  si va a llorar hasta regar las plantas del jardín, con lo cual, su dolor y su tragedia sea en vano y no tenga sentido.

     Si continuamos con nuestras emociones y nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos llevarán a ninguna parte, no nos conducirán, absolutamente, a ningún lugar; vamos a pedalear en el barro durante toda la vida.

     La respuesta no está en el pasado, todo lo que ha pasado no se puede modificar.

     La respuesta está adelante nuestro, en lo que todavía  nos falta por vivir.

 

     No nos detengamos pues, en lo que nos ha pasado; tratemos de canalizar nuestras energías acerca de las posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, hay caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero están allí esperando ser recorridos.

     Esos caminos están ahí, esperando que los transitemos.

     Nosotros, que supuestamente, somos la creación más perfecta que existe en este planeta, preguntémonos; ¿por qué tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?

     Eso tiene que tener un significado, ¿por qué no me pusieron los ojos en la mano?, donde yo podría mirarme la cabeza, mirarme las orejas, poder mirarme la espalda.

     Pero no, me los pusieron ahí donde están y los ojos puestos ahí, podemos intuir, que tiene un significado: primero, no me puedo mirar a mí mismo, y, a su vez, que tenemos los ojos adelante, porque tengo que  mirar y caminar para adelante.

     Tenemos que mirar hacia el futuro.

     Tenemos que ver qué es lo que puedo hacer de valioso por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.

     John Milton, escritor inglés que perdió su vista, nos dice “El verdadero infortunio, es no saber sobrellevar un infortunio.”

     Quien siga mirando hacia atrás, no avanzará, va a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un desecho de sal.

     ¿Recuerdan la historia de la mujer de Lot?  Lot le pidió al creador que lo saque de la ciudad de Sodoma y Gomorra y el creador le permite salir con su esposa Edith, con la sola condición que al salir no vuelvan la mirada hacia atrás.

     La mujer de Lot desobedece y se da vuelta y ¿qué pasa?  se convierte en una estatua de sal.

     ¿Cuál es el significado de esta metáfora? 

     Que se cristalizó en lo que quedaba atrás, ese es el peligro de mirar demasiado para atrás.

     El resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y así habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.

     Ese mensaje no queremos darlo y el único elemento para no darlo es nuestra vida y la manera en que la vivamos.

     ¿Cómo vivo mi vida?  ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?

     Sirve para una sola cosa, para ser más solidario y en nuestro caso, ayudar a otra persona a que sufra menos, intuirlo así,  es de la esencia de Renacer.

     Si quieres ayudar a otra persona, a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle ¿cómo estás? yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo una u otra cosa…

      ¿Qué clase de ayuda es esa?

       Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, se tiene que olvidar de su propio dolor, tiene que decir yo también perdí un hijo y sé que se puede salir adelante, porque como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

 

                                                       Viernes 19 de julio de 2019

 

     Eiségesis de lo expresado por sus iniciadores, recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

 

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Hay estados interiores para los que no existen las palabras.


 

Por Enrique Conde

 

 


 

        Asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos, en ese camino, lo mejor.

         Podemos decidir, ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decidir que es lo que queremos ser.

        Podemos elegir una nueva vida

         Encontrar el modelo frankliano, fue encontrar un modelo que reconoce la libertad del ser humano y junto con la libertad, la responsabilidad, que de esa libertad emana.

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Se puede pensar y tener proyectos de futuro.


 

Por Enrique Conde

 


         Cuando perdemos un hijo, no queremos mirar para adelante, no queremos ni pensar cómo ha de ser nuestra vida de aquí en más.

         Como seres humanos, nuestro mundo interior, no se limita a los eventos determinantes del pasado, sino que incluye las posibilidades que se abren ante nosotros, aquello que espera en nuestro futuro y ha de ser realizado por nosotros.

         Si no existiera proyecto alguno, se vivirá en el pasado y se rescatará, continuamente, el hecho en sí, revestido con todas las emociones que  él acarrea, propias de un mundo cerrado, sin horizontes, sin proyectos de vida, sin nada por lo que valga la pena seguir viviendo, se priorizará el rescate de aquello más doloroso, aquello que más sufrimiento ha originado y que, además, se vuelve una y otra vez, en un eterno movimiento circular, a aquello que tanto nos ha marcado, lo que tiene  una manera peculiar de manifestarse en oleadas de la hipereflexión.

        Los padres que se acercan a RENACER  lo hacen, no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido, no quieren seguir viviendo

de esa manera como lo han estado haciendo, es decir, que se dan cuenta que necesitan un proyecto de vida.

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Una nueva actitud.


Por Enrique Conde

¿Qué actitud asume una persona para enfrentar el dolor que le produce un sufrimiento?

Lo hace de frente, ¿verdad?

Debemos vivir con fe absoluta, que no es fe en algo o en alguien, pues el algo o el alguien siempre podrían defraudarnos, sino fe en sí mismo, fe en sus propios valores como ser humano.

La fe absoluta se refiere a un conocimiento de la realidad enfrentándola con aceptación del destino y con un compromiso total y absoluto de la tarea a realizar.

Esa es la fe absoluta del hombre: coraje, aceptación del destino y compromiso total con la realidad y la tarea a cumplir.

¿Cuál es la tarea a cumplir para un padre que ha perdió un hijo?

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El cambio de actitud emerge de la dimensión espiritual.


Por Enrique Conde

 


Víctor Frankl sostiene que cada ser humano, siempre puede asumir una actitud positiva frente a aquello que no puede cambiar y agrega que no es necesario ocuparse de las causas que lo determinan, pues la causa intrínseca del sufrimiento humano, reside en la propia persona del sufriente, quien puede, libremente, asumir una actitud determinada frente a dichas condicionantes, sean éstas externas o internas.

El hombre no puede evitar su destino, pero a él y únicamente a él lee corresponde decidir con que actitud lo confrontará.

Solo suya será la decisión de dejarse arrastrar como una hoja en la tormenta de otoño, o levantarse fuerte como un árbol que se dobla pro no se rompe durante esa misma tormenta.

La muerte de un ser muy querido, es y será motivo de hondo pesar, pero la decisión de morirse con ese ser, es únicamente del mismo hombre, como lo será la decisión de caminar con la frente en alto desafiando la adversidad.

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¿Cuál es la Esencia de Renacer?


Por Enrique Conde

 

 

   Al interrogar sobre la Esencia de Renacer, como grupo de padres que han perdido hijos, inmediatamente, surge la expresión de Víctor Frankl “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”

    Lo cual trae otra interrogante: ¿cómo es posible que un padre que ha perdido un hijo, pueda, por encima de su propio dolor, ayudar a quien sufra por idéntica causa?

    Aquí aparece la primera característica  de la esencia de Renacer, la ayuda muta entre pares, quienes sufren por la misma causa, pero no quieren seguir viviendo de la manera en que lo están haciendo.

     En primer término, quienes  se acercan, sienten que no están solos, que todos somos iguales, todos llegamos al grupo con la misma desorientación en que se encuentran ellos, que no hubo psicólogo ni siquiatra ni pastilla que pudieran ayudarlos.

    Descubrir que es posible enfrentar la muerte de un hijo con la frente en alto, despertando la esperanza, pues detrás de su tragedia hay mucho por aprender.

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Una plataforma desde donde lanzarse a la  conquista de la paz interior


Por Enrique Conde


  Quien  se  enfrenta  a  la  pérdida  de  un hijo,  se  pregunta ¿qué  será de mí después de perder mi hijo? ¿Seré inútil, resignado a morir en vida, paralizado por los sentimientos? y el llanto es la respuesta…

  o

¿será posible encontrar sentido a esta tragedia y transformar un sufrimiento de esta magnitud en una etapa de crecimiento?

          El modelo filosófico de Víctor Frankl, adoptado como fundamento filosófico por Renacer, introduce la dimensión espiritual en el complejo ser multidimensional, bio-psico-espiritual que es el hombre.

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Renacer es una nueva filosofía de vida.


De la fuente inagotable de Renacer
Al celebrar los 30 años  de Renacer

Por Enrique Conde

 

 

 


          El mensaje de Renacer nació de la intuición anidada en el corazón de dos seres entrañables, que ha recorrido villas, pueblos, ciudades, provincias, estados, países y continentes, como un grito revolucionario, que hoy busca iluminar el camino, por el cual, el sufrimiento humano encuentre la paz, atributo supremo del espíritu humano, a través del amor implícito en la Ayuda Mutua.

           Fue una decisión moral, al descubrir que la vida y las cosas, no necesariamente, deberían ser como se las ve que son y en ese “no, necesariamente, ser como se las ve que son”, pueden ser mejores.

          Por su origen intuitivo y la cristalinidad de sus principios, fundamento de su esencia, debidamente comprobados en una experiencia que cumple 30 años el 5 de diciembre de 2018, estos principios son aplicables a todo grupo de Ayuda Mutua, que se origine por la necesidad de resolver las situaciones provocadas por el sufrimiento humano, que acompaña, por diversas causas, al mero hecho de habitar en este planeta.

          Lo particular del sufrimiento humano, reside en su carácter ineludible y por ser un fenómeno humano común a todos, sin distinción alguna.

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Renacer es Esperanza.


                                           

 

  Por Enrique Conde

 

 


     Cuando nos enfrentamos a la partida de un hijo, que es la más grande conmoción existencial, que puede enfrentar un ser humano, perdemos la noción de todo lo que nos rodea.

    Por qué a mi hijo o mi hija, por qué no hicimos esto o aquello y una nube de confusión nos envuelve y no vemos la puerta para salir de esa situación, es como si la vida ya no tuviera sentido para uno.

    Siempre pensábamos que si perdíamos un hijo, nosotros nos moríamos detrás de él, sin embargo, estamos vivos y las preguntas no encuentran respuestas y cuando venimos a Renacer nos dicen que  nunca nadie ha tenido respuestas a las preguntas que surgen, porque no somos nosotros los que tenemos que hacerle preguntas a la vida o a Dios, sino que es la vida la que nos hace una pregunta: tú padre o madre que has perdido un hijo ¿cómo vas a vivir de ahora en adelante?

    Generalmente, cuando se pierde un hijo, en la cultura en que vivimos, se piensa que tenemos más derechos, sin embargo, la realidad es que tenemos más responsabilidades; en primer término, tenemos la responsabilidad de qué hacer de nuestra propia vida, desde ahora hasta el día que, inexorablemente, nos toque partir.

     El Mensaje de Renacer, nos muestra que en ese instante crucial, tenemos que optar entre decirle sí a la vida o dejarnos llevar por las emociones y cerrar puertas y ventanas, tirarse en la cama, no querer trabajar, renunciar a arreglarse, como si estuviéramos muertos en vida.

     Si nos morimos en vida, detrás de la partida de nuestros hijos,  estamos haciendo  de ellos nuestros verdugos, en tanto, el Mensaje de Renacer, nos muestra que es posible un cambio de actitud, asumiendo  una actitud positiva y hacer de nuestros hijos, no ya nuestros verdugos, sino nuestros maestros.

     Siguiendo a Víctor Frankl, que recluido en un campo de concentración, perdió a su esposa, a un hijo en gestación, a su madre, a su padre y a un hermano y sufrió las vejaciones propias del régimen, sin embargo, en base a su fe y su esperanza de vivir, salvó su vida y luego escribió, diciendo que frente a lo que nos sucede en la vida, que  no podemos cambiar, hay algo que sí podemos cambiar, que es nuestra actitud frente a la vida.

     Así es, no podemos cambiar lo que ha sucedido, pero sí podemos cambiar nuestra actitud y en vez de sentir morirnos y andar por este mundo con la cabeza gacha, como juntando moneditas del suelo, andar con la frente en alto, en homenaje a ese hijo y asumir una actitud positiva, producto de nuestro amor hacia ellos.

    ¿Qué es lo que une a una madre o a un padre a su hijo o su hija, sino el amor?

     El Mensaje de Renacer, nos dice: ¿acaso necesitamos de su presencia física,  para seguir amándolos?

     Al nacer, nuestros hijos nos enseñaron una manera distinta de amar; nosotros conocíamos lo que era el amor a la madre, al padre, a los abuelos, a los tíos, a los hermanos, luego al compañero o la compañera, pero cuando ellos llegaron a nuestro hogar, nos enseñaron a amar de una manera distinta de amor, por el cual, estaríamos dispuestos a dar nuestra vida y ahora, al partir, nos enseñan otra manera de amar, un amor incondicional, más sublime que  ni siquiera necesita de su presencia física.

     Entonces, por ese amor, podemos cambiar de actitud frente a la vida, en homenaje a ese hijo que y podemos hacernos la pregunta ¿cómo habría querido vernos? ¿llenos de angustia? ¿llenos de odio? ¿o llenos de amor?

    Cada uno, en su intimidad, puede responderse esta pregunta.

    A veces, cuando los recordamos, pensamos en ellos como que  están allí donde tuvieron el accidente, o en la cama del sanatorio u hospital, o en el momento que, decidieron, por su cuenta, partir o fueron agredidos… pero ellos no están ahí.

    Ellos están en otro lugar, al que, por nuestras limitaciones físicas, no podemos acceder; según sea nuestra creencia, de a dónde vamos a ir, después de nuestra propia muerte… allí están ellos esperando nuestra llegada.

    La responsabilidad que surge, desde ese momento, hasta el instante de nuestra propia muerte, es la de vivir dignamente, en su homenaje.

    Vivir dignamente en su homenaje, pero también vivir dignamente por nosotros mismos, que lo merecemos y vivir dignamente por quienes nos rodean.

    Por los hermanos, quienes han perdido a un ser tan querido, su compañero de juegos y picardías, muchas veces su compañero de pieza, su mascota o  su modelo, según  la edad.

    Ellos están sufriendo, calladamente, y ven que sus padres, sumidos en su propio dolor, se han  olvidado que ellos existen, entonces, suman a su dolor, el dolor de perder a su mamá y a su papá, que ya no son los mismos.

     ¿Somos las mismas personas antes, que después de la partida de un hijo? No, no somos las mismas personas.

     Si no somos las mismas personas, sólo quedan dos opciones o somos mejores personas o somos peores personas, ¿qué eligen ustedes?

     Es esa la gran opción, que se nos presenta en la vida, frente a lo que sucedió.

      Seguramente, que por el camino de las emociones, encerrándonos en nosotros mismos y renunciando a vivir, no vamos a ser mejores personas, quizá lleguemos a ser un estropajo, lleno de  angustia, de llanto, de bronca, de odio, de resentimiento, que es el camino al que nos llevan las emociones.

     Sin embargo, según nos dice Víctor Frankl, el ser humano, es el único ser del universo, que es capaz  de oponerse a aquello que lo condiciona, de oponerse a sus propias emociones y agrega: nos podrán quitar todo, menos la última de nuestras libertades, que es la libertad de asumir una actitud frente a lo que nos pasa en la vida.

     ¡Sí nos habrá condicionado, la partida de un hijo!

     Sin embargo, tenemos la libertad, que nadie, ni nada nos puede quitar, la libertad de asumir una actitud positiva en homenaje a ese hijo.

     Elisabeth Kübler Ross, que es una científica suizo-norteamericana, que  se dedicaba, en su profesión de médico, a atender enfermos terminales, nos dice, que “aunque parezca extraño, la pérdida de un hijo, puede producir, en los padres un despertar espiritual”.

    Ese es el “despertar espiritual”, al que se refiere el Mensaje de Renacer, cuando nos enfrenta a la opción de ser mejores personas; no mejores personas que los demás, que sería una actitud de vanidad, sino mejores que nosotros mismos, mejores hoy que ayer, mejores mañana que hoy,

    Entonces, aparece la figura de nuestros hijos, como maestros.

    Su partida nos enseña a no temerle a la muerte, nos enseña a dimensionar el poco valor que tienen las cosas materiales, nos enseña a ser más tolerantes con las cosas que nos pasan a diario, nos enseña a comprender el dolor de los demás, en fin, nos enseña  a ver la vida y la muerte de una manera muy distinta,  a como se la ve, en la  cultura, en la cual estamos inmersos.

    En Renacer, si bien podemos homenajear a nuestros hijos, llevándoles flores al cementerio, u ofreciéndole misas, prendiendo velas o  exhibiendo su foto, hemos aprendido una forma más profunda de homenajearlo, que es con nuestra propia vida.

    Es seguro, que cada uno, en su momento, hemos ofrecido, nuestra propia vida, a cambio de la suya y no nos fue concedido, pero hoy podemos vivirla en su homenaje.

     Diariamente, ya sea en nuestro hogar, en la calle, en la oficina o donde sea que estemos, se nos presentan situaciones que nos pueden fastidiar, nos pueden molestar, que habitualmente contestábamos con ira, fastidio o violencia, pues bien, frente a esas situaciones, que son hechos que  no podemos cambiar, ahora, podemos, en homenaje a nuestros hijos, cambiar de actitud. Por ejemplo,  en la calle en vez de acordarnos de la familia del otro conductor, en vez de fastidiarnos, cuando en la cocina nos pasa algo, en homenaje a nuestros hijos podemos cambiar de actitud y en poco tiempo, nos daremos cuenta que ya no contestamos, que ya no nos violentamos, que ya no nos fastidiamos y eso constituye, en gran medida, ser mejores personas, gracias al homenaje, que le estamos haciendo, calladamente, a nuestro hijo.

     Se dirá que es difícil, sí, es dificilísimo, pero ¿acaso no es más difícil, vivir amargados, desilusionados, llenos de pena y angustia?

     Entre dos cosas difíciles, podemos elegir aquella que sea mejor, todo depende de cada uno y de nadie más.

     La semilla es buena, dependerá de cada uno, que caiga en terreno fértil y que la cuide hasta que se robustezca, nosotros sólo trasmitimos el mensaje y les podemos asegurar que es posible.

     Todos hemos llegado de la misma manera.

     Llegará un momento, en que la paz interna,  que perdimos el día de la partida de nuestros hijos, llenándonos de oscuridad, volverá a nosotros, como demostración cabal del triunfo del amor sobre el dolor.

                                                           Viernes 19 de octubre  de 2018

    Versión extraída de la serie “Buceando en el aljibe” como eiségesis del mensaje de Renacer, por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”