Nuevo Grupo Renacer en Lanús


Grupo Renacer Lanús
Grupo Renacer Lanús

El GRUPO RENACER LANÚS comenzará sus reuniones el próximo sábado.
Dado que, Renacer es un hecho cultural el lugar de reunión es en:

Casa de la Cultura de Lanús

Sarmiento 1713 esquina Tucumán

Lanús Este

Sábados a las  16 hs. a partir del sábado 6 de setiembre de 2008.

http://www.gruporenacerlanus.com.ar

Casa de la Cultura
Casa de la Cultura
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Tomarse la vida en serio


Del “Libro tibetano de la vida y la muerte” de Sogyal Rimpoche

Quizá los únicos que de veras comprenden cuan preciosa es la vida son aquellos que conocen su fragilidad. En cierta ocasión tomé parte en un congreso en Inglaterra, en que los participantes eran entrevistados por la BBC. Al mismo tiempo, podían hablar con una mujer que estaba muñéndose. La mujer se hallaba acosada por el miedo, porque en realidad nunca había pensado que la muerte fuera real. Ahora lo sabía. Sólo tenía un mensaje que dar a quienes la sobrevivíamos: que nos tomáramos la vida, y la muerte, en serio.
Que nos tomemos la vida en serio no quiere decir que debamos pasarla toda meditando como si viviéramos en las montañas del Himalaya o en el Tíbet de los antiguos tiempos.
En el mundo moderno hemos de trabajar y ganarnos la vida, pero no debemos enredarnos en una existencia «de nueve a cinco» sin prestar ninguna consideración al sentido profundo de la vida. Nuestra tarea consiste en encontrar un equilibrio, encontrar el camino del medio, aprender a no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino a simplificar nuestra vida cada vez más. La clave para encontrar un equilibrio feliz en la, vida moderna es la sencillez.
En el budismo, este es el verdadero sentido de la palabra disciplina. En tibetano, «disciplina» se dice tsul trim. Tsul significa «apropiado» o «justo», y trim, «norma» o «camino». Así pues, la disciplina consiste en hacer lo que es justo o apropiado; es decir, en una época excesivamente complicada, simplificar nuestra vida.
De allí surge la paz mental. Tendrá usted más tiempo para dedicarse a las cosas del espíritu y al conocimiento que sólo la verdad espiritual puede proporcionar, y que le ayudará a afrontar la muerte.
Lamentablemente, eso es algo que pocos hacemos. Quizá deberíamos formularnos ahora la pregunta: «¿Qué he logrado realmente en mi vida?». Con esto me refiero a cuánto hemos comprendido realmente acerca de la vida y la muerte. He hallado inspiración en los informes que se han publicado sobre los estudios de la experiencia de casi muerte, como los libros de mi amigo Kenneth Ring y otros autores. Un número sorprendente de los que sobreviven a un accidente casi mortal o a una experiencia de casi muerte describe «una revisión panorámica de la vida». Con asombrosa claridad y precisión, reviven los acontecimientos de su vida. A veces reviven incluso los efectos que sus actos han producido sobre otros, y experimentan las emociones causadas por sus actos. Un hombre le dijo a Kenneth Ring: Me di cuenta de que todos somos enviados a la Tierra para descubrir y aprender ciertas cosas. Por ejemplo, a compartir más amor, a tratarnos con más amor los unos a los otros. A descubrir que lo más importante son las relaciones humanas y el amor, y no las cosas materiales. Y a darnos cuenta de que hasta la última cosa que uno hace en su vida queda registrada, y que, aunque uno no piense en ella y la deje de lado, siempre acaba surgiendo más tarde* A veces esta revisión de la vida se produce en compañía de una presencia gloriosa, un «ser de luz». Lo que se advierte en los diversos testimonios es que este encuentro con el «ser» revela que los únicos objetivos serios en la vida son «aprender a amar a los demás y adquirir conocimiento».
Una persona le contó a Raymond Moody: «Cuando apareció la luz, lo primero que me dijo fue: “¿Qué has hecho que me demuestre que ya has cumplido con tu vida?”, o algo en este sentido. […] Durante todo ese tiempo no cesó de subrayar la importancia del amor. […] También parecía muy interesado en cosas relativas al conocimiento».’ Otra persona le contó: «Me preguntaron, pero sin palabras, todo fue una comunicación mental directa e instantánea, qué había hecho para beneficiar o hacer progresar la raza humana».

Lo que hayamos hecho con nuestras vidas es lo que somos cuando morimos. Y cuenta todo, absolutamente todo.

Graciela Canteros en el 14 Aniversario Renacer San Justo: Resiliencia


Trabajo presentado por Graciela Canteros, mamá de Dieguito, en el 14 Aniversario de Grupo San Justo de Renacer Buenos Aires.

Conmueve a medida que van pasando  los años, y cada grupo cumple un nuevo aniversario, como, algo que nació desde el dolor, crece y se multiplica en acciones amorosas. Y en este ser seres humanos podremos equivocarnos y también reparar, pero, cuando la intención es noble, las obras perduran en el tiempo.

Hay un pequeño  cuento que  dice que se había desatado un gran incendio en la selva y todos los animales corrían alejándose desesperados, pero mientras todos huían un colibrí iba y venía llevando una pequeña cantidad de agua desde un lago cercano hasta donde ardían las llamas. Una jirafa le pregunta sorprendida ante lo aparentemente ingenuo de su actitud, de por que  lo  estaba haciendo,  el pequeño colibrí respondió “…yo estoy haciendo mi parte…”

Interesante ¿no? y nosotros ¿estamos  haciendo nuestra parte?….

En función de nuestra tarea en Renacer pensaba en algo sobre lo que hablamos muchas veces, los que tenemos más tiempo de duelo y  deseos de ayudar, al ver  padres que dejan de venir, tal vez porque no soportan el dolor de los demás, o porque no pueden enfrentar el propio, o por otros motivos,  si nuestra respuesta a la pregunta es sentir que realmente estamos haciendo nuestra parte, sin desanimarnos ante la decisión del otro, y desde una mirada resiliente, buscar que podemos hacer mejor,  aprender o modificar.

…..No podremos aliviar el dolor de todos, pero, que valioso es tener la actitud humilde del colibrí y que cada uno haga su parte…. desde acomodar el salón, servir el café, hacer llamados telefónicos o coordinar. Ninguna tarea es más que otra y todas son necesarias para concretar nuestros objetivos.

Y los que con menos tiempo de duelo, están descubriendo, desde lo vivencial, que la muerte de un hijo nos enfrenta al misterio, al sin sentido de la vida, nos pone ante al desafío de encontrar como seguir , y humildemente también, aún cuando sientan que es mucho lo que falta,  poder responder desde lo más  honesto de cada uno:  “¿ estoy haciendo mi parte?”.

Por eso hoy quiero hablar  de resiliencia. Creo que es una mirada, al igual que los conceptos de logoterapia, que aporta  herramientas para ayudarnos, desde un lugar  posible, a avanzar, crecer y trascender el dolor, como parte del trabajo que hacemos en los grupos.

Y en este hacer, la capacidad de ser resiliente, surge como algo superador en nuestra calidad de vida.  Pero ¿qué es Resiliencia?

Es la capacidad que tiene un individuo,  una familia o  una comunidad para afrontar la adversidad y salir fortalecidos de esa prueba. El término proviene de la metalurgia y de la ingeniería civil que definen así a la capacidad que tienen los materiales, sometidos a un cambio, de no quebrarse y adquirir flexibilidad para volver a su estado original. Es la resistencia que oponen los cuerpos a la rotura por choque o tracción, con una tenacidad particular.

Trasladado a las personas tiene que ver con el hecho de enfrentar  la adversidad no con  corazas sino con flexibilidad, con poder tener una mirada crítica sobre aquello con lo que no estamos conformes o  querríamos  mejorar.

La resiliencia se construye: es un proceso que se desarrolla como una secuencia que comienza en la confianza en uno y en los demás, pasa luego a la autonomía, sigue con  el poder tener iniciativas,  poner esmero, dedicación,  y llegar a  la identidad.
La salud mental y la capacidad resiliente de una persona se fortalecen con el soporte y el apoyo  de otros en relaciones de confianza mutua y afecto. Es un aprendizaje para poder fortalecerse y transformarse a partir de las experiencias.

Se enuncian como pilares de la resiliencia:

– autoestima, confianza en uno mismo y conocimiento de las propias debilidades y recursos,
– independencia, poder mantener cierta distancia emocional sin caer en el aislamiento,
– solidaridad
– capacidad de pensamiento crítico  para no tomar lo dado como única realidad posible, poder hacer un análisis de las causas y responsabilidades para poder accionar y cambiar una realidad dolorosa,
– sentido del humor,
– aceptación del infortunio y de la imperfección,
– ausencia de estilo explicativo pesimista,
– capacidad de relacionarse , de amar y sentirse amado, entendiendo por amor nuestra posibilidad de relacionarnos con el mundo en general y al mismo tiempo recibir el apoyo que se necesita.
– comprometerse con valores y extender el deseo de bienestar a otros.

La resiliencia se trabaja y desarrolla a dos vías, por un lado es  un proceso íntimo pero, que  se construye dentro de un entorno social.  Se hace necesario hacer cambios en las circunstancias, y para lograrlo se necesita del auxilio de otros  que generen,  estimulen y potencien  las cualidades y recursos de una persona que está pasando por un dolor o una situación traumática, para recuperarse y continuar de la mejor manera posible el curso de su existencia.

¿Y cómo se desarrolla la resiliencia?:

•    Alimentando relaciones de cariño y sostén dentro y fuera de la familia. Relaciones que emanen amor y confianza, que provean modelos a seguir, que ofrezcan estímulo y seguridad que ayuden a apoyar la capacidad resiliente que cada uno tiene
•    Pidiendo ayuda cuando se necesita.
•    Buscando tener una buena comunicación y destrezas en la resolución de problemas.
•    Trabajando la capacidad para manejar sentimientos fuertes e impulsos.
•    Con sentimientos, pensamientos y acciones solidarias.
•    Evitando el aislamiento.
•    Aprendiendo formas de preservarse de relaciones que son incapaces de dar sostén.
•    Con auto conocimiento y una visión positiva de uno mismo y confianza en las fortalezas y habilidades
•    Respetando los tiempos propios y las necesidades.
•    Con  capacidad para hacer planes realistas y llevarlos a cabo.  Estimulando acciones diferentes que puedan ayudar a dar un nuevo sentido a la vida, y tener una visón de futuro esperanzada.
•    Con sentido del humor como un neutralizador muy importante de los padecimientos.
•    Y  con el propósito de ayudar a reconstruir “un mundo después del caos”.

No es necesario tener todos estos aspectos para ser resiliente, pero uno solo no es suficiente. Es una  interacción dinámica entre todos estos factores  y cambia de acuerdo con la situación de adversidad.

Una persona resiliente dirá “yo tengo”: relaciones que me sostienen y contienen.

Dado que incluye fortalezas internas, afirmará “yo soy”: “comprensivo, dedicado,  respetuoso de los demás y de mi mismo, confío en que los problemas pueden resolverse y no pierdo la fe y la esperanza.”

Asimismo, la resiliencia incluye poder desarrollar buenas relaciones interpersonales para reconocer que “yo puedo”;” pedir ayuda, conectarme con mis sentimientos y conductas, y  a pesar de todo  resuelvo los problemas que se me presentan.”

La posibilidad de ver las situaciones desde la perspectiva del humor reduce y descomprime las tensiones haciendo más llevadera la tarea cotidiana aún en la adversidad.

Desde la mirada de la resiliencia es muy importante el temperamento de cada uno.  Es así que aquellos que reaccionan impulsivamente o se irritan con facilidad deberán aprender a desarrollar el factor de resiliencia vinculado con el “yo puedo manejar mis sentimientos y mi conducta”.

En cambio los que responden lentamente a los estímulos, deberán desarrollar el factor resiliente vinculado con la iniciativa, y los que son más introvertidos al “yo puedo compartir pensamientos y sentimientos” y “ puedo pedir ayuda”.

¿Qué factores dificultan desarrollar el ser resiliente?:

•    alejarse y aislarse del contacto con los demás, de la familia y amigos,
•    no participar de actividades ni integrar grupos que  den sentido de pertenencia,
•    el pensamiento de “todo o nada”,  que las cosas son blancas o negras y no existen los grises,
•    la generalización excesiva,
•    el pensamiento auto referencial,
•    poco auto conocimiento,
•    exigencia excesiva,
•    personalización, tomar todo lo que  sucede o se dice como algo personal,
•    el perfeccionismo.
•    una actitud permanente de intolerancia, resentimiento y pesimismo ante la vida.

El aspecto  positivo de una observación desde la resiliencia  es que permite  reexaminar aquello que nos falta y hacer algo para compensar esa carencia.
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Grupo de Ayuda Mutua de padres que enfrentan la muerte de hijos.

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