COMPRENDIENDO EL DOLOR “… Mi hijo ha muerto”


Los Amigos Compasivos, Grupo de Apoyo Nacional, existente en Estados Unidos, han elaborado una guía que constituye la base de este documento y que acercamos a nuestro grupo, con adaptaciones de lenguaje, reflexiones adicionales con comentarios, y sistematización de los ítems, para promover su discusión y análisis.
Daniel y Gabriela Vítolo

QUE PASA CON MI DOLOR
  El dolor con sus altos y bajos dura mucho más de lo que la sociedad en general lo reconoce. Sea paciente con usted mismo.
  El dolor de cada persona es individual (único). Usted y su cónyuge van a experimentar y enfrentar el dolor de distinta manera.
  Es importante conocer que los procesos de dolor son distintos en cada persona, y que ello puede traer una serie de inconvenientes en las relaciones de los matrimonios y de la familia misma. Por ello es fundamental fijar este concepto: cada dolor es único e individual. Hay que evitar observar la manifestación del dolor del otro con espíritu o actitud crítica; ello llevara solamente a un distancia-miento, o a alimentar sentimientos negativos que ahondarán más profundamente tu dolor.
  Del mismo modo, ante la muerte de un hijo el matrimonio sufre. El apoyo que cabría esperar entre los esposos rara vez ocurre ante la muerte de un hijo. Ambos atraviesan por el dolor máximo y ni el marido ni la mujer tienen capacidad de apoyar al otro. Están quebrados ellos mismos, desintegra-dos.  
  No esperes que tu cónyuge comprende o solucione el dolor tuyo; ni la forma en que tu lo vives; pues cada uno debe atravesar la tragedia por su propio camino. Sin embargo respétense mutuamente en su dolor, y será ese respeto el que los fortalecerá en un camino que convergerá – finalmente – en lo que los une: el amor mutuo y el dolor mutuo.
  En materia de dolor no hay tiempos, ni todos los procesos pueden asemejarse. Sin embargo, lo que la experiencia indica es que hay una primera etapa donde el dolor se siente como una opresión permanente, constante y desgarradora; una segunda etapa donde se producen apariciones cíclicas de este síntoma; y una etapa final de estabilización donde el recuerdo de tu hijo comienza a manifes-tarse como una “emoción”.
  Es muy importante ser paciente y no exigirse más de lo que uno puede dar. No hay ninguna obligación de ser “fuerte”. Permítete sentir, con toda la intensidad que desees, el dolor y la ausencia. El proceso del duelo no podrás ignorarlo. Antes o después aparecerá. Todo indica que cuanto antes lo encares y más profundamente lo vivas, más oportunidades tienes de poder salir airoso de él. Como alguien lo ha ejemplificado: es necesario sufrir para dejar de sufrir.

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CUANDO LAS ÚLTIMAS LILAS ESTABAN EN FLOR


(When lilacs last in the dooryard bloom’d)
Del libro “Hojas de hierba” de Walt Whitman
1
Cuando las últimas lilas florecían en la portada
Y la gran estrella, en la noche, declinaba por el occidente
Yo enlutecí, y llevaré aún el duelo con la primavera que
siempre retorna.
Primavera que siempre retornas trayéndome una segura
trinidad,
La de las lilas que perennes florecen, la estrella que declina
al oeste.
Y el recuerdo de aquel que yo amo.

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Videos: 14 aniversario de Renacer Tandil – 1ª Parte


Vídeo de presentación del 14 aniversario de Renacer Tandil


Tema musical: My father’s eyes, de Eric Clapton para su hijo fallecido.

Apertura del encuentro por el 14 aniversario de Renacer Tandil por Susana Serra.

Palabras del Dr. Jorge Garaguso – Presidente Asoc. psiquiatras del Centro de la Pcia. de Bs. As.

¿Y los Hermanos?


ENCUENTRO DE LOS GRUPOS RENACER DE URUGUAY CON ALICIA Y GUSTAVO BERTI 31 DE MARZO Y 1º ABRIL DE 2006

            Yo veo aquí  a muchos hermanos y hermanas que a su vez traen a sus novios, novias o esposos, porque los chicos crecen; para mí es una alegría tan grande cuando veo a los hermanos porque están acompañando a sus papás, nos están recordando que ellos todavía están de este lado de la vida, por tanto, nos necesitan de una manera diferente a como nos pueden necesitar los otro hijos que no están físicamente.
            Los otros hijos, nos pueden necesitar espiritualmente pero estos hijos nos necesitan enteros, espiritualmente, físicamente, afectivamente y tenemos que estar ahí para ellos.
            ¿Por qué están estos hermanos aquí?  Ellos están diciéndonos papá, mamá aquí estamos, estamos con ustedes, los acompañamos, pero acuérdense, siempre, que aquí estamos.
            Y todos los hermanos se sonríen ¿están contentos porque dije esto? a ver, levanten la mano… o mejor, por favor, ¿pueden pararse los hermanos?… (aplausos) les encanta… pero… ¿no les dio un poco de vergüenza porque todos los miraron?

Gustavo: A los hermanos les toca una situación aún más difícil que a los padres, pues muchos hermanos han tenido una vida en la que el hermano o hermana que partió no hubiese estado.
            Nosotros hemos tenido una vida previa en la que nuestros hijos no figuraban, no existían, pero es real para  muchos de los hermanos, que prácticamente, no han pasado tiempo de su vida sin la  presencia del hermano o  hermana que partió.
             Por otra parte, tienen el temor de que sus padres no vuelvan a ser los mismos que antes, es decir, que no solamente perdieron un hermano sino que pueden perder la familia, verla destruida, ese es otro pensamiento que los aflige, que los perturba.
            Nosotros no podemos darnos el lujo de encerrarnos en nuestro propio dolor y no prestar atención al dolor de los demás, sobre todo, al dolor de los hermanos.
            Hemos visto muchos hermanos que nos dicen cómo sus padres se han destruido, que sus padres se olvidaron de ellos, inclusive hoy mismo hubo una llamada a Ana de una madre que le dijo que su hija le había dicho “qué tenía que hacer para que se acordaran de ella”; y la frase tan conocida que figura en tantos libros de un hermano que le dice a sus padres “papá, mamá, ¿tengo que morirme yo, para que ustedes se acuerden de mí?
            Todos estos peligros están ahí delante y si uno se cierra sobre su propio dolor, es como el corta pluma cerrado, termina viéndose el ombligo y no puede ver lo que está frente a uno y así es probable que se destruya la familia.
            Todo esto se puede evitar, requiere esfuerzo, requiere tenacidad, requiere voluntad y requiere para nuestra opinión la participación en los grupos.

            La única manera de resolver el sufrimiento inevitable, es  a través del servicio.           

Alica: A aquellos padres que quizás no están en un grupo, que hace muy poco que han pasado por la
            experiencia, que puede ser meses, pude ser un año, no hay tiempos, pueden pensar y preguntarse ¿cómo estoy viviendo mi vida? ¿soy capaz de sonreír, pero sonreír desde adentro? ¿estoy realmente disfrutando de los momentos hermosos que la vida todavía me presenta?
            Cierta vez, nos decía un papá “me doy cuenta que, en realidad, la gente ve la vida en un televisor en colores y yo la veo en un televisor en blanco y negro”. Esa es la manera como él describió su vida, para él ya no había momento de plenitud ni momentos de alegría, de esa alegría sincera que nace desde el corazón.
            Se dio cuenta que, en realidad, había un camino a recorrer y quizá él no estaba en el camino correcto, que le faltaba algo para que su vida tuviera ese plus que es lo que hace que la vida valga la pena ser vivida.
            Es lo que yo les decía al comienzo, si yo sentía que no podía reírme nuevamente, para mí la vida no valía la pena, entonces ¿cómo podría reconciliar la idea de que no tenía a mi hijo y sin embargo quería tener una vida con alegría? ¿cómo reconciliar las dos cosas? Parecía que era imposible.
            A los papás nuevos ¿no les parece que es como imposible? Pensar que, realmente, quiera uno estar otra vez bien, querer sonreír, querer ser feliz, pero ¿cómo serlo si no tengo a mi hijo?
            Nosotros siempre lo repetimos, como dice Víctor Frankl, la única manera de resolver el sufrimiento inevitable, aquel que no podemos evitar, es  a través del servicio.
            Construyo ese puente cuando me allego al otro, cuando renuncio a algo que es propio de mi yo, cuando renuncio a lo que yo siento, cuando renuncio a como estoy, por los demás.
            Cuando renuncio a mi yo, por algo que no soy yo, estoy renunciando a algo menos elevado, por algo más elevado y lo hago por aquellos que me necesitan y en última instancia lo hago por ese hijo que me está mirando y me está diciendo “Ma, Pa, ¿eso es todo lo que puedo esperar de ustedes?
            Yo sé que  eso no es todo lo que mi hijo espera de mí y sé, igualmente, que ninguno de sus hijos esperaría de ustedes la línea del menor esfuerzo.
            La tristeza viene sola, la podemos cultivar como una manera de ser en el mundo, el vivir a  medias, también podemos vivir así toda la vida, pero ¿Quieren, realmente, vivir así?
            Yo quiero renunciar a esa manera de vivir, por una mejor manera y lo hago por todos, lo hago por ellos, lo hago por los que me rodean y lo hacemos cada día de nuestra vida por todos.

            El esfuerzo debe ser personal.

Gustavo: Miren, creo que después de tantos años que nos conocen, nos  ven bien, ¿no es cierto?
            Como padres y como personas nos sentimos bien, vivimos bien, disfrutamos de la vida; ahora bien, ¿ustedes creen que eso es un mérito de nuestro hijo Nicolás o qué nosotros vivimos bien después de su partida por un esfuerzo personal nuestro?
           
Padres: Es un esfuerzo personal.

Gustavo: Claro, es un esfuerzo personal.

Una mamá: Alguna ayudita les ha mandado…

Gustavo: Claro, pero en general, es un esfuerzo personal.
            Tomemos el ejemplo inverso, Nicolás ha partido, si yo me destruyo ¿es responsabilidad de Nicolás? No.   
            Eso es responsabilidad mía, yo no puedo decir “yo estoy así porque he perdido un hijo”.
            No, “yo estoy así, porque habiendo perdido un hijo quiero estar así”. Esa es la realidad.
            Porque habiendo perdido un hijo elijo vivir de esta manera, elijo vivir sufriendo…
    Sin embargo una cosa es la partida de un hijo y otra muy distinta es lo que yo hago después
con lo que me ha pasado.
            Nadie puede decirme a mí “yo estoy mal porque he perdido un hijo”, me podrán decir “yo sufro, porque he perdido un hijo”, entonces yo le preguntaría: ¿cómo estás sufriendo? ¿estás sufriendo dignamente o estás sufriendo miserablemente? de la manera que sufres, ¿te hace mejor padre o mejor madre?

Cuando muere un bebé


Fuente: First Candle/SIDS Alliance (When a Baby Has Died)

Cómo sobrellevar el proceso de duelo
La muerte de un niño es la peor tragedia que puede acontecer en una familia. El impacto que causa este tipo de fatalidad es muy intenso y alcanza a todas las personas que de una u otra forma se relacionaban con el niño: los padres, los hermanos, los abuelos, los amigos y los integrantes de la comunidad. La muerte de un niño produce un desequilibrio en la armonía familiar y amenaza la estructura de la comunidad y la sociedad.
Como mencionamos con anterioridad, el fallecimiento súbito e inesperado de un niño es una experiencia devastadora que golpea y confunde a la familia. El sentimiento de culpa resulta insoportable y casi no existe energía para buscar ayuda de otras personas. No existió forma de predecir la muerte del niño ni de prepararse para la tragedia. Tampoco existen respuestas a la pregunta “por qué”.
La familia requiere información precisa y actualizada para disipar dudas. Cada familia necesita de una ayuda especial que debe planificarse de antemano.

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