Taller: “ El día después”


Conclusiones del  Taller: “ El día después” realizado en el “14º Aniversario Renacer Tandil” por el Grupo Renacer Monte Grande – 16/17 de febrero 2008 
  
     Hoy vamos a hablar del día después, y ya todos sabemos a que día particular nos estamos refiriendo, ya que desde ese día han cambiado nuestras vidas sumiéndolas en un dolor indescriptible con palabras. Solamente aquellos que viven esta experiencia tan trascendental saben a que tipo de dolor nos referimos, por lo tanto no es necesario ahondar en palabras sobre este tema, pero sí sería interesante agregar que si bien este dolor, este sufrimiento, es tan intenso que destruye todos nuestros proyectos de vida, nuestros anhelos, tambalea todo nuestro entorno social y familiar, etc.  Y nos sumerge en un estado de permanente depresión sin poder vislumbrar un horizonte, una esperanza, a punto tal que llegamos a pensar muy seriamente en la forma en que podríamos reencontrarnos con aquellos hijos que han partido.

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Valentía


Por Juan Francolino, papá de Luciana, Grupo Avellaneda, Junio 2006

      “Es muy valiente, no le teme al peligro”. Esta frase o frases parecidas las escuché muchas veces y parecen una definición. Pero tal vez una definición errónea. No temerle al peligro es inconsciencia.
     Valentía es sobreponerse a los temores y enfrentar los peligros que nos acechan.
     Cuando un hijo deja de estar a nuestro lado necesitamos ser valientes para aceptar esta pérdida y enfrentar el día a día sin ellos.
     Es una circunstancia para la que no estamos preparados, nos han enseñado que “los hijos entierran a  los padres”, “los padres no deben sobrevivir a los hijos”.
     Proyectos e ilusiones desaparecieron en un instante. Cuántas cosas dejan de tener sentido.
     Repasamos la vida de nuestro hijo y descubrimos que él no nos quiere ver derrotados y en posición de víctimas. El quiere ver a su mamá y a su papá, que fueron de una u otra forma su ejemplo, como antes. Y nos damos cuenta que hay otras personas que nos esperan o necesitan y que nuestra obra está por hacerse.
     Y necesitamos ser valientes para enfrentar ese futuro incierto, superar nuestro egoísmo, construir nuevos proyectos y pararnos sobre nuestro propio dolor para decirles a nuestros hijos: “Hijo, aquí estoy como quiero que me veas y como sé que te gusta verme”.

¿Qué es, pues, perder un hijo?


Fragmento del “Capítulo 2 – El comienzo de la Vida” del libro “La muerte y los niños” , de Elisabeth Kübler Ross.

¿Qué es, pues, perder un hijo? ¿Quién ayuda a lo largo de esta prueba? ¿Cómo podríamos ser menos indiferentes a lo que reclaman aquellos que se ven afrontando semejante sufrimiento: uno de los mayores que existen? ¿Cómo pueden los padres que pierden un hijo recobrar algún día la existencia normal y feliz?
La vida fue concebida para ser simple y hermosa, en los retos que la vida nos presenta siempre habrá lo que yo llamo tormentas, grandes y pequeñas. Pero sabemos por experiencia que las tormentas pasan, que después de la lluvia vuelve a salir el sol y que aun el más frío invierno dará paso a la primavera.
Pero esos argumentos no convencen a los padres que han perdido un hijo, o que tienen un niño con una discapacidad severa o una enfermedad terminal. Las expresiones supuestamente cordiales —como «Era la voluntad de Dios» o «Por lo menos lo tuvisteis un tiempo»— no sólo son de mal gusto, sino que suelen disgustar a los desconsolados padres.
Nadie puede proteger a un ser querido de las penas de la vida ni ahorrarle el dolor. Nadie puede consolar ni cambiar la amarga realidad de un padre o una madre que han perdido un hijo. Pero podemos brindarles nuestro apoyo, estando a su lado cuando necesiten hablar o llorar, cuando tengan que tomar decisiones difíciles o complejas. Y podemos ayudarlos a prevenir las secuelas de tan dolorosas pérdidas con una actitud más sensible y una mayor predisposición a escucharlos antes de que ocurra la muerte, si eso es posible.

Herramientas


Por Juan Francolino, Papá de Luciana, Grupo Avellaneda

            Las herramientas o recursos no son universales. En caso de no tener un martillo a mano se podrá clavar un clavo con una pinza o con una piedra, pero estás no son las mejores herramientas ni las adecuadas.

            Muchas veces utilizamos el recurso del “abrazo” para expresar aprecio y contención. Pero este recurso en algunos casos puede ser peligroso. En personas que han sido abusadas sexualmente, el abrazo fue parte de la violación.

            En otras ocasiones la gente que practica una religión utiliza herramientas en su templo y en su intimidad como citas bíblicas, oraciones o alabanzas a Dios y las cuales le resultan muy útiles, si las sacamos de ese ámbito pueden traer conflictos.

            Los  Grupos Renacer son abiertos para todas las madres y padres que tienen un hijo fallecido sin importar si profesan alguna religión o no. Luego de la muerte de un hijo, muchas veces, el sistema de creencias (o no creencias) queda cuestionado.

            Por lo tanto al traer temas religiosos al ámbito de los Grupos Renacer puede dar lugar a malos entendidos, polémicas y confundir el verdadero objetivo de los mismos que es trascender el dolor, ayudarnos mutuamente para resolver la crisis existencial en la que caemos y poder darle sentido a nuestra vida.
 

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