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RENACER ES ESPERANZA


“Buceando en nuestro aljibe” – Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer


   Cuando nos enfrentamos a la partida de un hijo, que es la más grande conmoción existencial a la que se puede enfrentar un ser humano, perdemos la noción de todo lo que nos rodea.

     Es una conmoción tal como si hubiera caído una bomba a nuestro alrededor, como si  un volcán hubiera explotado en nuestro interior; no sabemos donde estamos y nos asaltan los ¿por qué?

    Porqué a mi hijo o mi hija, porque no  a mí, porque no hicimos esto o aquello y una nube de confusión nos envuelve y no vemos la puerta para salir de esa situación, es como si la vida ya no tuviera sentido para nosotros.

    Siempre pensábamos que si perdíamos un hijo, nosotros nos moríamos detrás de él, sin embargo, estamos vivos y las preguntas no encuentran respuestas y cuando venimos a Renacer nos dicen que  nunca nadie ha tenido respuestas a las preguntas que surgen, porque no somos nosotros los que tenemos que hacerle preguntas a la vida o a Dios, sino que es la vida la que nos hace una pregunta, tú padre o madre que has perdido un hijo ¿cómo vas a vivir de ahora en adelante?

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ESENCIA Y FUNDAMENTOS DE RENACER COMO GRUPO DE AYUDA MUTUA


El 5 de Diciembre de 1998 nació Renacer en Argentina, en la ciudad de Río Cuarto. Desde ese instante el grupo se ha extendido a varios países en nuestro continente y ha cruzado el océano Atlántico para tener presencia en Barcelona y otras ciudades de España. Esto implica un crecimiento vertiginoso y, ciertamente, mayor a cuanto podía no ya pensarse, sino siquiera soñarse.

De este crecimiento hemos sido responsables todos nosotros, en mayor o menor medida, debido, fundamentalmente, a la actitud con la que  hemos afrontado un destino adverso, demostrando así a nuestras familias, a nuestros amigos, a nosotros mismos y a la sociedad entera que es posible sufrir con dignidad y, a partir de Renacer, levantarnos por sobre nuestro dolor para ayudar a un hermano que sufre. Renacer ha crecido de esta manera tan explosiva, no por la difusión periodística que cada uno haya podido darle, tampoco por un azar del destino o una circunstancia fortuita, sino que lo ha hecho por tener un mensaje tan poderoso que ha roto barreras sociales, culturales y geográficas. Mensaje del cual todos nosotros, aun sin darnos cuenta, hemos sido y somos portadores, pero que al mismo tiempo, y por el hecho de ser portadores de ese mensaje que nuestros hijos nos han dejado, nos añade una responsabilidad extra en nuestras vidas, cual es la de llevarlo con dignidad y honestidad.

Este mensaje no es, a su vez, un mensaje común. En él está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, esa memoria colectiva que los padres que hemos perdido hijos estamos ayudando a formar. Memoria que, a diferencia de muchas otras, no es de dolor, frustración o memoria en “contra de”, sino que es memoria de amor, memoria que se construye y se levanta a favor de la vida, dando cuenta así de lo más noble del ser humano: su dimensión espiritual —Goethe decía: la vida es amor, la vida de la vida es espíritu—, pero además, en este mensaje está implícita la esencia de Renacer, es decir aquello que hace que Renacer sea como es y sin lo cual no podría ser Renacer. Y es específicamente a este aspecto al que queremos dirigirnos hoy.

Esto es de particular importancia dado el crecimiento vertiginoso de nuestra tarea, al que ya nos hemos referido. Para darse una idea cabal de esto basta decir que el primer grupo de ayuda mutua que se formó en occidente es el de alcohólicos anónimos, que nació en USA en 1934 y tardó más de 25 años para cubrir ese país y Renacer en 14 años ha cubierto 9 países en 3 continentes. Pero este crecimiento tan rápido, al mismo tiempo que es motivo de alegría, debe serlo también de preocupación por la posibilidad de un crecimiento anárquico, tanto en sus fundamentos filosófico-antropológicos, como en la metodología a la que puede llevar una autogestión de cada grupo mal entendida. Esta es una posibilidad mayor en los grupos que son comparativamente más jóvenes y en aquellos que no participan de  los encuentros latinoamericanos y de las distintas jornadas de capacitación en las que se vuelcan la continua capacitación así como el enriquecimiento aportado por distintos grupos al mensaje de Renacer. Esta anarquía puede producir  problemas, tanto internos como externos. Pero también debemos saber que el mejor antídoto para todo tipo de dificultades es un conocimiento preciso de la esencia de Renacer, así como un discurrir en esta familia con honestidad conceptual.

En junio de 1997 escribíamos en la revista de Renacer que, desde el momento de su creación hemos trabajado, y debemos seguir haciéndolo, con aquello que es universal a nosotros, lo que es esencial a todos los padres que pierden hijos y esto es el sufrimiento que esa pérdida nos ocasiona y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce. Hemos puesto tanto énfasis en trabajar con aquello que es común a todos porque es precisamente la esencia, lo universal, lo que hay de común en las particularidades, lo que representa la unidad de la especie. Si trasladamos ahora esto a Renacer vemos que lo universal en las particularidades que somos cada uno de nosotros, con emociones y sentimientos tan personales y por ende disímiles, es el sufrimiento y que este universal representa, a su vez, la unidad de los grupos. Este universal es imperecedero, el sufrimiento siempre será sufrimiento —y lo que cada uno decida hacer con él—, mientras que las emociones y sentimientos son siempre perecederas y cambiantes, con el agregado que un sentimiento sólo puede ser reemplazado por otro sentimiento, y aquí vemos, implícito, un aspecto de fundamental importancia en el mensaje de Renacer: por amor a nuestros hijos, los que partieron y los que aún quedan, debemos reemplazar el sentimiento de dolor por un sentimiento de amor, y por que, como seres humanos que somos, podemos hacerlo, se transforma entonces y en nombre de ese mismo amor en un imperativo ético, como veremos más adelante.

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La intención del Grupo Renacer


Por Juan Francolino, Papá de Luciana, Grupo Renacer.

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           Hace unas semanas una mamá que concurre al Grupo Lanús asistió a una consulta médica. El profesional, luego de hacer las indagaciones correspondientes toma conocimiento de que la paciente tiene una hija muerta y que por ello concurre al Grupo Renacer. Ante la situación planteada el médico comenzó a dar opiniones diciendo que los grupos no servían para nada y que no había nada para hacer y que debía tomar medicamentos psicotrópicos.  Esto en grandes rasgos y sin detenernos en los detalles de la conversación, que no fueron en términos compasivos. Afortunadamente la mamá, mas allá del enojo por la situación vivida tiene muy claro los motivos por los que concurre a Renacer.

           Esta situación nos permite observar qué es lo que sucede cuando una disciplina invade un área que no es su ámbito de acción. De acuerdo a la visión de Viktor Frankl el hombre es un ser bio-psico-socio-espiritual. Dentro de esta concepción, la medicina en sus diferentes especialidades tendrá su campo de acción cuidando la salud física; especialidades como la psicología y la psiquiatría tienen su campo de acción en los cuidados de la salud mental, la religión se ocupará de cuidar la salud del alma y los aspectos sociales por diversas conformaciones grupales. El Grupo Renacer trabaja con aspectos existenciales y vivenciales que se pueden inscribir dentro de las dimensiones sociales y espirituales.[1]

           Viktor Frankl expresa que en una relación de médico y paciente, el profesional no debe hablar o dar consejos sobre temas vinculados a la religión o a Dios, sí lo puede hacer en una relación entre creyentes. [2]  El médico que atendió a esa mamá no debía hablarle como lo hizo en su relación de medico y paciente dado que se puso a opinar de temas que no conocía ni entendía como los de una crisis existencial que se vive luego de la muerte de un hijo y que puede tener consecuencias en los diferentes aspectos de la persona.

           Entonces, por ejemplo, si una persona está aquejada por un fuerte dolor de muelas que no le permite dormir su estado anímico estará muy afectado. A pesar de que pueda estar angustiado a causa del dolor, la solución a su problema no se la dará la psicología, ni la religión, ni un grupo de ayuda mutua sino que es un tema que debe ser resuelto por la medicina dental. El odontólogo va a actuar con la intención de curar su dentadura y al hacerlo desaparecerá el dolor, como consecuencia el humor del paciente mejorará. Una mejora en el aspecto físico trae como consecuencia una mejora en el aspecto psíquico. Cada disciplina se moverá con una intención y como consecuencia podrá tener mejoras en aspectos de las otras dimensiones mencionadas.[3] El ejemplo anterior es básico y es muy obvia la diferencia, pero hay casos en que los límites entre los campos son muy sutiles. Muchas veces, las personas religiosas, al ir a un templo a orar o a hablar con el sacerdote mejora su relación con Dios y como consecuencia se sienten mucho mejor anímicamente.

El Grupo Renacer trabaja en el campo de las vivencias; no de las creencias, no de la biología, no de la psicología. Nos movemos dentro de las experiencias compartidas con el objeto de encontrar un sentido a la vida luego de la muerte de un hijo. Renacer no invade espacios que no le son propios y la prueba de ello es que hay madres y padres que concurren a médicos,  psiquiatras, psicólogos, a su templo religioso, a grupos que buscan reivindicaciones y además concurren al Grupo Renacer. El Grupo Renacer ofrece algo diferente a los demás espacios y es muy respetuoso de todos ellos.

           Del mismo modo que el Grupo Renacer no ocupa áreas que no son de su competencia, debemos cuidar que  no sea  invadido por temas que son de otras áreas. No incorporamos liturgias religiosas porque es un grupo ecuménico dado que a Renacer concurren  madres y padres de cualquier religión y quienes no profesan culto alguno; no es un grupo de terapia porque esta conformado por pares y no hay terapeutas. El Grupo Renacer no actúa como psicoterapeuta y obviamente, tampoco ejerce la medicina.

            El Grupo Renacer es generoso y respetuoso; es nuestro trabajo preservarlo para que su tarea superadora y distintiva siga ampliándose para que más madres y padres en la situación límite que enfrentan ante la muerte de un hijo puedan encontrar su propio camino, pudiendo elegir en libertad ser mejores personas; en donde el amor, la compasión y la solidaridad permitirá darle un día mejor a muchas personas.


[1] En el Grupo Renacer trabajamos con los aspectos espirituales que no deben confundirse con los aspectos religiosos. Ver: Schneider A., Berti G.; “El papel de la espiritualidad en la ayuda mutua”, Disponible en: https://gruporenacer.wordpress.com/2013/09/25/el-papel-de-la-espiritualidad-en-la-ayuda-mutua-2/

[2] Frankl V., “La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión”,  Editorial Herder, Barcelona, 1977

[3] Frankl V., “La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión”,  Editorial Herder, Barcelona, 1977


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RENACER ES ESPERANZA


“Buceando en nuestro aljibe” – Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer


   Cuando nos enfrentamos a la partida de un hijo, que es la más grande conmoción existencial a la que se puede enfrentar un ser humano, perdemos la noción de todo lo que nos rodea.

     Es una conmoción tal como si hubiera caído una bomba a nuestro alrededor, como si  un volcán hubiera explotado en nuestro interior; no sabemos donde estamos y nos asaltan los ¿por qué?

    Porqué a mi hijo o mi hija, porque no  a mí, porque no hicimos esto o aquello y una nube de confusión nos envuelve y no vemos la puerta para salir de esa situación, es como si la vida ya no tuviera sentido para nosotros.

    Siempre pensábamos que si perdíamos un hijo, nosotros nos moríamos detrás de él, sin embargo, estamos vivos y las preguntas no encuentran respuestas y cuando venimos a Renacer nos dicen que  nunca nadie ha tenido respuestas a las preguntas que surgen, porque no somos nosotros los que tenemos que hacerle preguntas a la vida o a Dios, sino que es la vida la que nos hace una pregunta, tú padre o madre que has perdido un hijo ¿cómo vas a vivir de ahora en adelante?

    Generalmente cuando se pierde un hijo en la cultura en que vivimos se piensa que tenemos más derechos, sin embargo la realidad es que tenemos más responsabilidades, en primer término, tenemos la responsabilidad de qué hacer de nuestra propia vida desde ahora hasta el día que inexorablemente nos toque partir.

     El Mensaje de Renacer nos muestra que en ese instante crucial, tenemos que optar entre decirle sí a la vida o dejarnos llevar por las emociones y cerrar puertas y ventanas, tirarse en la cama, no querer trabajar, renunciar a arreglarse, como si estuviéramos muertos en vida.

     Si nos morimos en vida, detrás de la partida de nuestros hijos,  estamos haciendo  de ellos nuestros verdugos, en tanto el Mensaje de Renacer nos muestra que es posible asumir un cambio de actitud, asumir  una actitud positiva y hacer de nuestros hijos, no ya nuestros verdugos, sino nuestros maestros.

     Siguiendo a Víctor Frankl que recluido en un campo de concentración perdió a su esposa, A un hijo en gestación, a su madre, a su padre y a un hermano y sufrió las vejaciones propias del régimen, en base a su fe y esperanza de vivir. salvó su vida y luego escribió diciendo que frente a lo que nos sucede en la vida, que  no podemos cambiar, hay algo que sí podemos cambiar que es nuestra actitud frente a la vida.

     Nosotros no podemos cambiar lo que nos ha sucedido, pero podemos cambiar nuestra actitud y en vez de sentirnos morir y andar por este mundo con la cabeza gacha como juntando moneditas del suelo, andar con la frente en alto en homenaje a ese hijo y asumir una actitud positiva producto de nuestro amor hacia ellos.

    ¿Qué es lo que une a una madre o a un padre a su hijo o su hija, sino el amor?

     El Mensaje de Renacer, nos dice: ¿acaso necesitamos de su presencia física  para seguir amándolos?

     Al nacer nuestros hijos nos enseñaron una manera distinta de amar; nosotros conocíamos lo que era el amor a la madre, al padre, a los abuelos, a los tíos, a los hermanos, luego al compañero o la compañera, pero cuando ellos llegaron a nuestro hogar nos enseñaron a amar de una manera distinta  y ahora, al partir, nos han enseñado otra manera de amar, un amor incondicional, más sublime que  ni siquiera necesita de su presencia física.

     Entonces, por ese amor, podemos cambiar de actitud frente a la vida, en homenaje a ese hijo que partió y podemos hacernos la pregunta ¿cómo habría querido vernos? ¿llenos de angustia? ¿llenos de odio? ¿o llenos de amor?

    Cada uno en su intimidad puede responderse esta pregunta.

    A veces, cuando los recordamos, pensamos en ellos como que  están allí donde tuvieron el accidente, o en la cama del sanatorio u hospital, o en el momento que decidieron por su cuenta partir o fueron agredidos… pero ellos no están ahí.

    Ellos están en otro lugar, al que por nuestras limitaciones físicas no podemos acceder, pero cualquiera sea nuestra creencia de a dónde vamos a ir después de nuestra propia muerte… allí están ellos esperando nuestra llegada.

    La responsabilidad que surge desde ese momento hasta el instante de nuestra muerte, es la de vivir dignamente.

    Vivir dignamente en su homenaje, pero también vivir dignamente por nosotros mismos que lo merecemos y vivir dignamente por quienes nos rodean.

    Por los hermanos, quienes han perdido a un ser tan querido, su compañero de juegos y picardías, muchas veces su compañero de pieza, su mascota o  su modelo, según  la edad.

    Ellos están sufriendo calladamente y ven que sus padres, sumidos en su propio dolor, se han  olvidado que ellos existen, entonces, suman a su dolor, el dolor de perder a su mamá y a su papá que ya no son los mismos.

     ¿Somos las mismas personas antes, que después de la partida de un hijo? No, no somos las mismas personas.

     Si no somos las mismas personas, sólo quedan dos opciones o somos mejores personas o somos peores personas, ¿qué eligen ustedes?

     Es esa la gran opción que se nos presenta en la vida frente a lo que nos sucedió.

      Seguramente que por el camino de las emociones, encerrándonos en nosotros mismos y renunciando a vivir, no vamos a ser mejores personas, quizá lleguemos a ser un estropajo, lleno de  angustia, de llanto, de bronca, de odio, de resentimiento que es el camino al que nos llevan las emociones.

     Pero según nos dice Víctor Frankl, el ser humano es el único ser del universo que es capaz  de oponerse a aquello que lo condiciona, de oponerse a sus propias emociones y agrega: nos podrán quitar todo menos la última de nuestras libertades, que es la libertad de asumir una actitud frente a lo que nos pasa en la vida.

     ¡Sí, la partida de un hijo nos ha condicionado! Pero tenemos la libertad que nadie nos puede quitar, de asumir una actitud positiva en homenaje a ese hijo.

     Elisabeth Kübler Ross, que es una científica suizo-norteamericana, que  se dedicaba en su profesión de médico a atender enfermos terminales, nos dice que aunque parezca extraño, la pérdida de un hijo puede producir en los padres un despertar espiritual.

    Ese es el “despertar espiritual” al que se refiere el Mensaje de Renacer, cuando nos enfrenta a la opción de ser mejores personas, no mejores personas que los demás que sería una actitud de vanidad, sino mejores que nosotros mismos, mejores hoy que ayer, mejores mañana que hoy.

    Entonces aparece la figura de nuestros hijos como maestros.

    Su partida nos enseña a no temerle a la muerte, nos enseña a dimensionar el poco valor que tienen las cosas materiales, nos enseña a ser más tolerantes con las cosas que nos pasan a diario, nos enseña a comprender el dolor de los demás, en fin, nos enseña  a ver la vida y la muerte de una manera muy distinta  a como la ve la cultura en la cual estamos inmersos.

    En Renacer, si bien podemos homenajear a nuestros hijos llevándoles flores al cementerio, u ofreciéndole misas, prendiendo velas o  exhibiendo su foto, hemos aprendido una forma más profunda de homenajearlo, que es con nuestra propia vida.

    Es seguro que cada uno, en su momento, hemos ofrecido nuestra propia vida a cambio de la suya y no nos fue concedido, pero hoy podemos vivirla en su homenaje

     Diariamente, ya sea en nuestro hogar, en la calle, en la oficina o donde sea que estemos, se nos presentan situaciones que nos pueden fastidiar, nos pueden molestar, que habitualmente contestábamos con ira, fastidio o violencia, pues bien, frente a esas situaciones, que son hechos que  no podemos cambiar, ahora podemos, en homenaje a nuestros hijos cambiar también de actitud. Por ejemplo,  en la calle en vez de acordarnos de la familia del otro conductor, en vez de fastidiarnos cuando en la cocina nos pasa algo, en homenaje a nuestros hijos podemos cambiar de actitud y en poco tiempo nos daremos cuenta que ya no contestamos, que ya no nos violentamos, que ya no nos fastidiamos y eso constituye en gran medida ser mejores personas, gracias al homenaje que le estamos haciendo, calladamente a nuestro hijo.

     Se dirá que es difícil, sí, es dificilísimo, pero ¿acaso no es más difícil vivir amargados, desilusionados, llenos de pena y angustia? Entre dos cosas difíciles podemos elegir aquella que sea mejor, todo depende de cada uno y de nadie más.

     La semilla es buena, dependerá de cada uno que caiga en terreno fértil y que la cuide hasta que se robustezca, nosotros sólo trasmitimos el mensaje y les podemos asegurar que es posible.

     Todos hemos llegado de la misma manera.

     Renacer es la esperanza  que llegará un momento, en que la paz interna  que perdimos el día de la partida de nuestros hijos, llenándonos de oscuridad, volverá a nosotros como demostración cabal del triunfo del amor sobre el dolor.

                                                                                          29 DE AGOSTO DE 2014

     Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida Ana Zaida.

                  Enrique, Ana Doris  y Ulises

        De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

                 “Por la esencia de Renacer”


English translation.

 

Ejemplos


    Este texto originalmente fue escrito en febrero de 2008 para su exposición en el 14 aniversario del Grupo Renacer Tandil, luego de un poco mas de cinco años he modificado algunos párrafos.  Dedicado a todos las madres y padres que nos han dado  ejemplos que hoy nos sirven de guía en las tareas que realizamos en los grupos.
Juan Francolino

Voy a hablarles de MUERTE y no de cualquier muerte sino de algo peor que nuestra propia muerte, hablamos de la muerte de un hijo.

¿Que pasa cuando muere un hijo?

Al morir un hijo se destruyen ilusiones, proyectos, anhelos y nuestro sistema de creencias. Nuestra vida queda sin sentido.

Nos habían enseñado que los hijos sobreviven a los padres, que es antinatural que un hijo muera antes que un padre.

Nos derrumbamos emocionalmente y nos encontramos inmersos en la más profunda crisis existencial.

Volvemos del cementerio y tenemos que seguir viviendo. Hay vecinos que nos ven en la calle y se cruzan para no enfrentarnos. Y en ese momento no podemos entender esa actitud.

Familiares y amigos no logran entender lo que estamos viviendo.

En las reuniones evitan mencionar el nombre de nuestro hijo.

Lentamente nos quedamos solos.

En ocasiones escuchamos frases tales como,

El tiempo todo lo cura.

Ya va a llegar la resignación.

Son jóvenes pueden tener otros hijos.

Pueden adoptar.

Miguel de Unamuno expresa:
“Hay personas que en efecto piensan de esta manera porque piensan nada más que con el cerebro. En cambio hay otras que piensan con el cuerpo y con el alma, con la sangre y con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida…”[1]

Quienes sufrimos una tragedia, debemos tomar en cuenta algunos conceptos:

No es antinatural que un hijo muera antes que un padre, es anticultural;  miremos la naturaleza y veamos a cuantas madres se le mueren los cachorros. Veamos los centros de pobreza de nuestro país y las víctimas que cobra la desnutrición infantil. Y este concepto es difícil de asimilar tanto para quienes tenemos un hijo fallecido como para los que no lo tienen. Y esto es así porque en nuestra cultura no se habla de la muerte seriamente. Se habla de la muerte o en broma o se evita el tema por temor a atraerla.

¿Y que podemos decir de la muerte? Con certeza 2 cosas: primero que todos moriremos y segundo que no sabemos cuando[2].

Debemos aprender que la muerte es parte del vida, posiblemente la parte más importante ya que es el fin de la vida y lo que da marco a la vida. Lo contrario de la muerte no es la vida, es el nacimiento (o la concepción).

El tiempo que nuestros hijos llevan muertos no significa nada, lo que importa es lo que hacemos y que actitudes tomamos en ese tiempo. Nunca es demasiado temprano para empezar a hacer cosas para estar bien. Sin embargo, no podemos ser ayudados si no queremos que nos ayuden. Cuando estoy en el pozo alguien me puede ayudar lanzándome una soga pero yo tengo que tomarla y jalar para salir.

Ante el derrumbe emocional que conlleva la partida temprana de un hijo tenemos que RENACER y buscar hasta volver a encontrar el  “SENTIDO A LA VIDA” de acuerdo a a lo que expresa Viktor Frankl o darle “Sentido a la vida” de acuerdo a Harold Kushner. Ya no somos los mismos que fuimos, nuestros valores no son los mismos. Las crisis traen cambios y nosotros cambiamos.

Pero esto no quiere decir que nos olvidemos de nuestro pasado o de que manera veíamos las cosas antes.

Decimos que la gente no nos entiende, no nos comprende que solo en Renacer nos encontramos contenidos.

¿Como éramos nosotros antes de la muerte de nuestro hijo?

¿Por qué la gente que no sufrió una tragedia debería entendernos?

Ellos no nos tienen que entender, no pueden. Nosotros los tenemos que entender a ellos porque nosotros sabemos como es estar en las 2 veredas del camino. Porque seguramente nosotros en algún momento de nuestra vida tomamos las mismas actitudes que hoy nos molestan de los demás.

En ocasiones escuche a padres enojados con sus hijos vivos porque no quieren hablar del hermano muerto.

¿Como era nuestra familia antes de la muerte de nuestro hijo?

¿Hablábamos en nuestra casa sobre la muerte?

Porque el primer ejemplo lo tomamos de nuestra casa y la cultura que adquirimos durante mucho tiempo no la podemos modificar en un instante.

Y ya que lo mencione hablemos de ejemplos. Los ejemplos nos dan las pautas a seguir. Desde que somos chicos buscamos los ejemplos en los padres, en los maestros o en nuestros ídolos. Nos vamos cultivando en los ejemplos. Y vamos inventando nuestra vida a partir de los ejemplos.

Alguna vez escuche decir “lo que se hace en Renacer es admirable”. La palabra  ADMIRABLE se utiliza para poner una barrera para definir lo que no puedo hacer. Lo que se hace en Renacer es EJEMPLAR.

En Renacer lo más importante que encontramos son los ejemplos.

Partimos en el año 1988 con el ejemplo que nos dio el matrimonio Berti formando el primer Gupo Renacer y a partir de ese ejemplo inicial otras madres y padres lo tomaron y pusieron en marcha más grupos, algunos siguen, otros no, pero el ejemplo sigue y todos los años hay grupos nuevos.

Y los grupos supieron  resolver  problemas y situaciones que se le presentaron y nos dieron un tremendo ejemplo de lucha y perseverancia con el objeto de seguirse ayudando mutuamente y dando a la madre y al padre que llega un ejemplo de que se puede ser una persona integra y que da lo mejor de sí a su familia y la sociedad dado que, podemos volver a sonreír y podemos ser felices.

Y cuando llegamos a la intimidad de cada grupo, a cada mamá, a cada papá, encontramos un ejemplo.

“Si está mamá con semejante tragedia puede seguir adelante, estar bien y ayudar a otros, yo también puedo”.

Los padres cuando llegan al grupo creen que vienen a recibir y no se dan cuenta que desde el primer momento están dando. Nos dan su testimonio, nos dan a su hijo, nos dan enseñanzas, pues en cada historia tenemos cosas que aprender, nos dan cosas que en otro lado no se atreverían o no podrían dar, nos dan sus ganas de poder mejorar y muchas cosas más que no me alcanzaría el tiempo para enumerar. Y como consecuencia reciben.

Y se produce la Ayuda Mutua porque nos estamos ayudando unos a otros. Y la Ayuda Mutua es posible entre pares, entre personas que estamos en un mismo nivel. Y aquí estamos nivelados porque somos padres que tenemos uno o más hijos fallecidos.

Hace un tiempo atrás una mamá nos dijo:

Puse la foto de mi hijo en el grupo, es en el único lugar que yo puedo compartirlas porque para mi es sagrado.

El ejemplo contagia, porqué cuando llegamos al Grupo no sabemos que nos vamos a encontrar. Y podemos ver a Renacer como un lugar a donde vamos a contar lo mal que lo pasamos en la semana o por el contrario, como un lugar a donde vamos a ir con el objeto de salir mejor de lo que llegamos, un lugar a donde ir a contar que fue lo que hice en la semana para estar mejor.

Y cada papá qué concurren a los grupos son ejemplos y seguramente va a haber una mamá o un papá que va a tomar ese ejemplo para ayudarse a salir adelante.

Siempre que hablamos de muerte y hablamos de dolor estamos hablando de amor, porque el amor y el dolor son dos caras de la misma moneda. Duele porque amamos.

Desde el amor el dolor deja de importar ya que cambiamos cuando encontramos el sentido al sufrimiento.

En Renacer no estamos unidos por el dolor, en Renacer estamos unidos por el amor de nuestros hijos.

Juan Francolino

Papá de Luciana.

Grupo Renacer


[1]  Unamuno M de, “El sentido trágico de la vida”, ESPASA-CALPE, Madrid, 1961

[2] Rimpoché, S., El libro tibetano de la vida y de la muerte, Ediciones Urano, Barcelona, 1994

¿A que nos referimos cuando mencionamos “La Esencia de Renacer”?


La historia de Renacer es la historia  de un cambio posible conseguido por miles de personas de múltiples comunidades, cimentado en un nuevo y sólido fundamento filosófico antropológico y una moral, de la responsabilidad y de la libertad, sustentado en la dimensión espiritual, atributo específicamente humano.

Desde el momento de su creación hemos trabajado  con aquello que es universal a nosotros, lo que es esencial a todos los padres que pierden hijos, que es el sufrimiento que esa pérdida nos ocasiona y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce.
Este mensaje no es un mensaje común, en él está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, en este mensaje está implícita la Esencia de Renacer.

En consecuencia, necesitamos trabajar firme en la Esencia de Renacer; es necesario que la conozcamos y nos mantengamos dentro de ella, es preciso hacer un esfuerzo por conocer el significado de los grupos en su esencia, porque el mejor antídoto para todo tipo de dificultades es un conocimiento preciso de la Esencia de Renacer, así como discurrir en esta familia con honestidad moral e intelectual.

Cabe preguntarnos pues,

¿Cuál es la Esencia de Renacer?

Inmediatamente surge la expresión de Víctor Frankl “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”
Lo cual nos trae otro interrogante:

¿cómo es posible ayudar a un hermano que sufre por encima del propio dolor?

Aquí aparece la primera característica  de la Esencia de Renacer,  ayuda entre pares, es decir, entre quienes sufren por la misma causa, y no quieren seguir viviendo de la manera en que lo están haciendo.

¿Ayudar a qué?

Ayudar a enfrentar el dolor, aprender de esta realidad que nos toca vivir, otorgar al sufrimiento un sentido y en ese proceso, dar un nuevo significado a la vida.

¿Cómo enfrentar el dolor?

Mostrando a quien se acerca, en primer término, que no está solo.
Mostrando que todos llegamos al grupo con la misma desorientación en que se encuentra él o ella hoy, que no hubo psicólogo ni siquiatra ni pastilla que pudieran ayudarnos.
Mostrando que es posible.
Mostrando que Renacer es un grupo de  ayuda mutua de padres que enfrentan la muerte de sus hijos con la frente en alto.
Mostrando que Renacer es esperanza, pues detrás de una tragedia hay mucho por descubrir.
Mostrando que la vida nos ha enfrentado a una situación que no podemos resolver quedándonos en el pasado, en un pasado que no podemos modificar.
Mostrando que tenemos la capacidad de oponernos a aquellas emociones y sentimientos que nos condicionan.
Mostrando que en vez de sumirnos en el dolor, por amora nuestros hijos, el que se fue y los que nos quedan, podemos aprender de esta realidad que nos toca vivir.

¿Aprender qué de esta realidad?

A darnos cuenta, quizás por vez primera, que al enfrentarnos a situaciones límites, somos seres envueltos en nuestro propio devenir, que la historia ya realizada no puede ser cambiada, que no tiene sentido continuar  rumiando eternamente sobre ese pasado, y que la salida existencial yace por delante nuestro, en lo que aún queda por realizar de nuestro futuro.
Que una cosa es lo que nos ha pasado y otra cosa, y muy distinta, es lo que cada uno de nosotros decide hacer con aquello que nos ha sucedido.
Que los “¿por qué?” no tienen respuesta.
Que no estamos en el mundo con más derechos que antes, sino con  más responsabilidad frente a los otros hijos que nos recuerdan que estamos de este lado de la vida y nos reclaman, frente a nuestra pareja, frente a la comunidad que está mirando qué mensaje estamos dando:

– ¿Que la muerte todo lo puede?
– ¿Que la muerte nos destruye?
– ¿Que nuestros hijos están siendo nuestros verdugos?

Aprender una nueva manera de comunicación que parta desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro y, en ese proceso, ver al otro como aquel para quién yo soy el otro.

 ¿Otorgar al sufrimiento un sentido?

Captar que el sufrimiento es un fenómeno específicamente humano,
despersonalizarlo y no centrarlo en el propio sufrimiento.

Entonces, el objetivo no será no sufrir, sino no sufrir en vano.

Darnos cuenta que nuestra vida ha sufrido una conmoción existencial, que nos ha cambiado para siempre, que ya no seremos las mismas personas, que tenemos que optar y que somos libres para hacerlo y siempre responsables de la opción que adoptemos.
Y en ese camino cambiar los “por qué” por “para qué”.
Cuando las circunstancias no pueden ser cambiadas, el sufrimiento le da un sentido nuevo a nuestras vidas, frente a nosotros mismos, frente a nuestros hijos, frente a la comunidad, frente a la vida, frente a la muerte, frente a Dios o como cada uno lo sienta.
Y a partir de ahí, vivir nuestra vida tratando de aceptarla tal como es, vivirla con coraje, no escapándose de ella, no ocultándose de ella, enfrentándola con valentía.
Como dice Elisabeth Lukas “Las grandes cosas de la existencia sólo le son dadas a los seres que saben orar y la mejor manera de aprender a hacerlo es por medio del sufrimiento.”

¿Dar un nuevo significado a la vida?

Nos dice Frankl: “Si se quiere definir al hombre, habría que definirlo como el ser que hasta puede liberarse de aquello que lo determina.”
La muerte de un hijo debe servir como una plataforma de despegue, como una plataforma de despegue espiritual, una plataforma donde asentarnos, para crecer y ser personas distintas.
Nada hace al hombre más capaz de superar su sufrimiento, como la experiencia vivida de tener una misión especial en esta vida.
Estos caminos confluyen en uno solo, como quizás en ninguna otra ocasión en la vida: el ser sufriente a quién ayudar se vuelve la tarea a cumplir.
Después, a nivel individual, al despertar en cada uno a la solidaridad, vendrán otras ayudas, la que se dispensa a todo ser que, afectado por la adversidad, sufre como ser humano.
Pero, la esencia de Renacer no se agota en la ayuda a un hermano que sufre, sino que empieza por la ayuda a un hermano que sufre… se ahonda en la ayuda a un hermano que sufre… y también termina allí. Pero no  se agota en la ayuda a un hermano que sufre, sino que en el camino, la esencia de Renacer implica un cauce, implica el funcionamiento del grupo, implica una tarea dentro  de cada grupo, implica una transformación interior, implica una actitud, implica una conducta; implica descubrir, implica comprender, implica una filosofía, implica  despertar a la espiritualidad… y más… responsabilidad, libertad para elegir, un imperativo ético, una revolución cultural, una actitud moral, considerar a las emociones y sentimientos la parte reducida del ser humano, considerar al sufrimiento como un fenómeno  patrimonio de la humanidad, comprobar que el dolor no es para siempre, un desafío, una segunda oportunidad, respetar las creencias… y más… Y tantas otras cosas que se van grabando en la mente y penetran en la conciencia de cada uno como el agua mansa que fertiliza los campos, en razón de escucharlo una y mil veces, hasta que un día uno despierta a que ésa es la realidad de la vida, como tan claramente fue dicho en Huerta Grande 2008; “encontrar sentido a esta tragedia; y cuando se le encuentra sentido, lo más  maravilloso de esto es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta; planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.”
Se abre así una puerta para reflexionar sobre cada uno de estos aspectos de “Lo que implica la Esencia de Renacer”,  en base al mensaje de Renacer integrado a través de los conceptos vertidos en más de veinte años transcurridos de su historia.

Material extraído de las charlas de   Alicia Schneider y Gustavo Berti.

27 de febrero de 2009

Recopilación realizada por Enrique Conde – Renacer Congreso – Montevideo – Uruguay.

SOBRE EL PODER DE TRANSFORMACIÓN DEL SER HUMANO


Por Alicia Schneider y Gustavo Berti. Río Cuarto 1996.

“Un ser humano que cambie para bien, eleva a la humanidad un escalón más en su evolución espiritual.”
Jiddu Krishnamurti

Dice Elizabeth Lukas que el poder para la transformación que yace en el ser humano, es una capacidad que hoy se aprovecha de manera muy insuficiente; agrega que una psiquiatría muy determinista ayudó para dejarlo caer en el camino. Sin embargo es una  capacidad inherente al ser humano que fue comprendida y  ricamente utilizada y descripta en la antigüedad por todas  las religiones, y por todos los mitos religiosos. Sólo miramos algunos ejemplos con los que vivimos a diario: el pedazo de barro que se convierte en el primer hombre, el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo; siempre el simbolismo de algo que se transforma en algo más ha acompañado a la historia de la humanidad. Tenemos ejemplos concretos de la naturaleza misma: el carbón que se pule hasta obtener el más fino diamante; la oruga, que  de una existencia pequeña aferrada a la tierra, cuando el momento es exacto, despliega sus alas de mariposa recién descubiertas para volar libre.

Como parte integral de una naturaleza siempre cambiante y rica en matices y expresiones, el hombre tiene también esta capacidad de transformación. Lukas cita a  Karl Jaspers y nos dice que, como fuerza más potente “lo trágico” se muestra como desencadenante de conmociones existenciales con una gran potencia para la transformación: “Con el conocimiento trágico comienza el movimiento histórico, que no sólo acontece en los sucesos externos sino en la profundidad del ser humano”. “En lo trágico acontece el trascender por encima de la miseria y del horror hacia el fundamento de las cosas”. O sea, que el hombre no solo puede cambiar el mundo que lo rodea, sino que puede cambiarse a sí mismo. Emerger desde el abismo de lo que fue, hacia las alturas de lo que comienza a descubrir, hacia “el fundamento  de las cosas”, hacia su ser. El hombre puede elevarse por encima de sus condicionamientos físicos y psíquicos, de su “ser oruga”, más allá aún de toda experiencia previa y emerger libre, viéndose a sí mismo por primera vez, con los ojos despojados del espíritu, donde mora su conciencia. Y comenzar a construir de la nada.

Al entrar los padres al grupo observamos que las preguntas que generalmente se hacen sólo pueden ser hechas desde el “ser oruga”, cuando todo lo familiar de repente se les antoja desconocido, la existencia como la vivían y concebían, estalla en pedazos:

“¿ Por qué a mí?, por qué a él?, la vida no tiene sentido”. “Dios no existe”.

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