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Muertes Inesperadas


Frases del libro “Muertes Inesperadas” – Eduardo H. Grecco

  • “La muerte inesperada no da espacio para saldar cuentas pendientes, decir adioses, limar rencores o dar un abrazo más. Muchas veces hace nacer, en los que quedamos vivos, sentimientos de bronca, indignación e impotencia que se aceptan sólo con resignación. Uno se ve obligado a aprender de golpe, y todo junto, algo para lo cual aún no estaba preparado.”

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Ejemplos – Como ayudarse a seguir luego de la muerte de un hijo.


Trabajo presentado en el 14 Aniversario de Renacer Tandil en representación del Grupo Avellaneda por Juan Francolino, Papá de Luciana. 
(Publicado originalmente el 21/02/2008) 

Voy a hablarles de MUERTE y no de cualquier muerte sino de algo peor que nuestra propia muerte, hablamos de la muerte de un hijo.

¿Que pasa cuando muere un hijo?

Al morir un hijo se destruyen ilusiones, proyectos, anhelos y nuestro sistema de creencias. Nuestra vida queda sin sentido.
Nos habían enseñado que los hijos sobreviven a los padres, que es antinatural que un hijo muera antes que un padre.
Nos derrumbamos emocionalmente y nos encontramos inmersos en la más profunda crisis existencial.
Volvemos del cementerio y tenemos que seguir viviendo. Hay vecinos que nos ven en la calle y se cruzan para no enfrentarnos. Y en ese momento no podemos entender esa actitud.
Familiares y amigos no logran entender lo que estamos viviendo.
En las reuniones evitan mencionar el nombre de nuestro hijo.
Lentamente nos quedamos solos.

En ocasiones escuchamos frases tales como,

El tiempo todo lo cura.
Ya va a llegar la resignación.
Son jóvenes pueden tener otros hijos.
Pueden adoptar.
Hasta aquí la descripción de este cuadro de situación. Veamos los siguientes conceptos:

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Día a día


Autor: Carlos Juan bianchi

Solo unos pocos hechos, tienen la virtud y el poder de generar en el hombre profundos cambios, verdaderas crisis vitales. Son estos acontecimientos, oportunidades (no siempre aprovechadas), para crecer y otorgarle a nuestra existencia un sentido que rebase el individualismo egoísta con que habitualmente nos movemos. Entre ellos se ubican por su trascendencia: el nacimiento y la muerte de un hijo. Signado el primero por la felicidad y el segundo por el pesar de la pérdida. Ambos por el amor.

He tenido que experimentar a lo largo de mi vida las dos emociones, desde ya la última, no deseada. Si Alguien, (con mayúscula) me propusiese volver el tiempo atrás y repetir la historia con su mismo desgraciado final, yo aceptaría, porque remedando a J. L. Borges diría: “he preferido ser feliz y desdichado, a no ser ninguna de las dos cosas”. Cuando Martín partió, el dolor, el resentimiento, la impotencia, la desesperanza se adueña de mí. De nada valieron en ese entonces el cariño de los seres queridos que aún me quedaban: mis otros hijos, mi pareja, mis padres, algunos pocos amigos… Necesité tocar fondo, vomitar hasta el hartazgo esas emociones que me envenenaban, despojarme de ellas hasta quedar como quedé: vacío, sin fuerzas ni ganas de seguir… Al cabo de algún tiempo, (no fue poco), comenzó a disiparse esa densa bruma, con dificultad me puse de pié. La vida se ajetreaba a mí alrededor. El mundo no se había detenido. Yo mismo, con mi gran dolor estaba vivo. Necesitaba replantearme muchas cosas, pero fundamentalmente como seguir sin él, sin su tierna presencia. Si mi vida hubiese de continuar, debía ser de la mejor manera posible. Aprendí a evitar las conductas autodestructivas, a no asumir un papel de víctima, a no mendigar una limosna de afecto porque comprendí que no era yo ni mi dolor tan importante para los demás, como para que me dispensaran demasiado tiempo. Cada cual tiene sus penas, pensé. Seguiré mi camino con dignidad, con la frente alta. Es cierto, dolorosamente cierto que he perdido un hijo pero no seré por ello un inválido ni reclamo de la sociedad un tratamiento especial. No he de incomodar a nadie con mis queridos recuerdos, y podré además escuchar a otros en el relato de sus desventuras y hasta asistirlos talvez ya que el sufrimiento ha sido para mí una escuela de vida venturas y hasta asistirlos talvez ya que el sufrimiento ha sido para mí una escuela de vida y me ha sensibilizado de un modo especial frente al dolor de los demás. Es como si un velo se hubiese disipado despojándose de urgencias materiales. Enseñándome que la vida es presente, que la vida es hoy, que hoy es el único día del que soy realmente dueño, y es aquí y hoy, donde se manifiestan mis emociones. Es esta realidad no caben las postergaciones ni las promesas, (que son una especie de sentimientos posdatados y muchas veces incumplidos). Hoy soy libre de ser quien soy, de expresar mis sentimientos con claridad, de decir que sí, de decir que no, de evocar la imagen de mi hijo y sentir en mi cuerpo la tibieza del vínculo y el amor recíproco, de elegir mi camino y tomar determinaciones sin que estas incluyan necesariamente las expectativas de la sociedad. Martín se fue y al partir me ha abierto una pesada puerta de apegos y prejuicios, enseñándome a vivir intensamente mi presente, con plenitud, con libertad, con él lo vivió, con actitud dadora, cordial, espontánea, sensible, dejando de lado mezquindades y temores, eligiendo vivir a dudar. Hoy el futuro no es más mi verdugo, es en todo caso una dulce promesa de reencuentro. Hoy ésta es mi verdad y el recuerdo de mi hijo y de su hombría de bien me asisten permanentemente. Hoy este es el camino que me acerca a él. Sin pausas, sin urgencias…día a día.

Ariana en Gotitas de Rocío – Renacer en la radio


Ariana, hermana de Yanina Natalia dejó su testimonio en el programa Gotitas de Rocío – Renacer en la Radio – el programa que se emite los sábados de 20 a 22 hs. por AM 1320 y se puede escuchar por Internet en http://www.radiociudad.com.ar

TRABAJANDO EN EL PROCESO DEL DUELO


¿Qué significa superarlo?

Andrea Gambill es una mujer que vive en California, U.S.A. y participa en un Grupo Nacional de Ayuda  que existe en ese país para padres que han perdido hijos, denominado Los Amigos Compasivos. Esta madre ha escrito algunos pensamientos a un bo-letín  que dicho grupo publica trimestralmente, y hemos tomado contacto con ese material gracias a la colaboración de nuestra amiga Eliana Shasha, del Grupo de Madres. Sobre la base de las reflexiones de Andrea, hemos dado cuerpo a este documento que acercamos al Grupo para su discusión y reflexión, incorporando a su contenido experiencias e impresiones recogidas.
Daniel y Gabriela Vítolo

UNA PREGUNTA FRECUENTE

Una de las preguntas más espinosas y frecuentes que asalta siempre a todos los padres dolientes es cuándo podrán superar su dolor o su proceso de duelo. Cuándo van a salir de él.
Seguramente también tú te lo preguntas.

*   LA INCOMPRENSIÓN DEL DOLOR DEL ALMA   *

Obviamente, la tristeza de quien ha perdido un hijo surge y se transmite por mucho más tiempo del que muchos observadores cercanos sienten que es necesario. Y el alma de quienes nos acompañan en el dolor se siente animada – o al menos sino animada, no deja de querer llegar a estarlo – para acompañarnos y sostenernos en nuestro dolor.
En este sentido ellos desean que tengamos una pronta recuperación; y que también prontamente, nuestra tristeza vaya desapareciendo, y nuestro dolor aminorando. Por ello quizás se preguntan a sí mismos, respecto de cuándo podremos superar nuestro dolor, o salir de nuestro “duelo”.
Sin embargo, reflexionemos un momento en el sentido de que la misma persona que muestra esta clase de actitud hacia el doliente, probablemente, nunca imaginará ni se le pasará por la mente preguntar a un individuo a quien se le ha quitado una pierna, cuándo podrá superar el dolor de que esa pierna le haya sido amputada.
Y es fácil entender la diferencia: la herida del alma no se ve. No se advierte patético y directa-mente la pérdida. Tampoco impacta del mismo modo la tragedia al observador. Sus sentidos no son agredidos directamente.
Es evidente que si la pérdida es “ visible” a los ojos de los demás ( y sobre todo una clase de pérdida, que nadie imagina podría ocurrirle a él – como en el caso de la pierna -), existe una mayor tolerancia y paciencia para poder adaptarse a la situación, y para no imaginar preguntas que – a criterio del observador – debería hacerse la víctima.
A pesar de ello, y aunque no pueda verse con los ojos, la muerte deja una herida abierta; y la pérdida de un hijo es – en rigor – una verdadera amputación.
Pero en nuestro caso hay que admitir lo que ocurre generalmente. Diversos estudios han indicado que – frente a la muerte –las personas no dolientes son tolerantes respecto del dolor y del duelo de los demás por unas pocas semanas pero, luego, su paciencia se vuelve más débil y su compasión, generalmente se agota. Desde ya que existen excepciones; pero lo cierto es que la sociedad, en general , no está preparada para consolar por todo el  tiempo que a ellos ( los dolientes )  les gustaría ser acompañados.
Y ello es – no guste o no – así; una realidad que debemos asumir sin que necesariamente tengamos que emitir sobre ella juicios de valor. Simplemente, la sociedad no está preparada. No asumir esta realidad y rebelarnos contra ella no cambiará mágicamente a la sociedad, y sólo nos traerá mayor sufrimiento.

NOS FORMULAMOS LA PREGUNTA: “¿CUÁNDO?”

Las pérdidas que causan intenso dolor vienen, generalmente, acompañadas por un profundo shock que adormece al doliente por un tiempo; pero, cuando este shock termina o desaparece, la realidad del dolor se instala en el doliente con toda su fuerza y en plenitud.

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Valores que sanan


El próximo sábado se realiza el encuentro por el 14 Aniversario del Grupo San Justo de Renacer Buenos Aires. Carlos Juan Bianchi, el papá de Martín, será uno de los disertantes. Volvemos a publicar el siguiente vídeo.

Charla de Carlos J. Bianchi en el XV Aniversario de Renacer Buenos Aires Facultad de Derecho. 28 de abril de 2007.

Carlos Juan Bianchi en Luján


RENACER LUJAN

El sábado 12 de abril, a las 16 en el salón de Eventos de la Cooperativa Eléctrica -Rivadavia 1063- se llevará a cabo una conferencia a cargo del Psiquiatra Dr.Carlos J.Bianchi, quien desde la muerte repentina de uno de sus hijos, se ha volcado a integrarse a grupos de mutua ayuda y desde ese entonces dicta seminarios en distintos países de Latinoamérica y Europa.

La entrada es libre y gratuita, se ruega puntualidad. Para información, llamar a los tels: (02323) 422480 (Dora), (02323) 420858 (Naldi), (02323) 426802 (Cecilia), (02323) 494045/(02323) 498727 (Bety).

 

Haga Click aquí para ver otros artículos en este BLOG relacionados con el Dr. Carlos Juan Bianchi.

Egolatría y relaciones ideales


Carlos J.Bianchi – El proceso del duelo -Capítulo 16
Ediciones Corregidor, 2003
 

En el difícil camino que transitamos en el afán de crecer como personas, es necesario desprenderse de ciertos bagajes que entorpecen nuestra marcha.

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Cómo ayudarse cuando fallece un hijo…


Autor: Charles A. Corr es profesor emérito de la Universidad Edwardsville del sur de Illinois y ex-presidente (1989-1993) del Grupo Internacional de Trabajo sobre la Muerte, el Duelo y las Personas en Agonía.

La muerte de un hijo es probablemente la experiencia más dolorosa y difícil que una persona pueda experimentar. Viola todo lo que podemos esperar del curso natural de los hechos.

“Los hijos deben sobrevivir a sus padres,” decimos. En la mayoría de los casos, lo hacen. ¿Pero qué hacemos cuando nos encontramos dando la despedida final a un hijo? ¿Entonces qué? ¿Qué podemos hacer para ayudarnos a nosotros mismos en circunstancias tan espantosas?

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