20 Aniversario de Renacer: Huerta Grande 2008

 

A 1 año del Encuentro del Huerta Grande por el 20 Aniversario de Renacer  publicamos el índice con el material de ese encuentro.

ÍNDICE

¡Sí, se puede!
ECOS DE HUERTA GRANDE 2008
ECOS DE HUERTA GRANDE 2008 II 
Ecos de Huerta Grande – III -
Renacer cumple 20 años
Reunión con Padres Nuevos
Reunión con hermanos
Alicia y Gustavo Berti
20 Aniversario de Renacer
Personalismos
Sobre sexualidad
Sobre las creencias
Sobre papás que han perdido bebés
Sobre la tristeza
Sobre el miedo por los hijos que quedan
Sobre el nombre de Renacer
Sobre la culpa
La historia no termina con la muerte de un hijo
Sobre la ausencia de una religión
Sobre el término suicidio
Sobre el funcionamiento de los grupos
Sobre el odio
Hay estados interiores para los que no existen palabras.
Hay mucho que hacer por nosotros mismos y por otros que nos necesitan.
No nos reunimos por el dolor, nos reunimos por el amor a nuestros hijos.
Somos libres de elegir, no somos víctimas del destino.
La sociedad tiene que ver en nosotros claros referentes de fortaleza y de dignidad.
Renacer es un mensaje que viene de nuestros hijos, a través nuestro y se dirige a la vida.
Debemos pensar no en un Renacer para hoy, sino en un Renacer para dentro de cincuenta años.
El sufrimiento es catalizador de un crecimiento interior.
Ser moral es dar al otro el doble de lo que uno espera de ellos.
Nuestros hijos, estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas y nos tocaron para cambiarnos.
Cuando perdemos un hijo, la vida nos da una segunda oportunidad.
Nuestra esperanza es que ustedes decidan trabajar por un Renacer para dentro de 50 años.

Una Historia de Amor

 

Homenaje a Nicolás

 

 Estrella fugaz que surcó el firmamento, iluminado nuestro camino

 

 

De parte de quienes vinimos, entramos, nos ayudaron, nos abrazaron cuando

Renacer era una cosa ya hecha”

 

Por  Ulises, Ana y Enrique de Renacer Congreso- Montevideo Uruguay

 “Por la Esencia de Renacer”

 20 de Mayo de 2009

 

 

 

 

 

“A través de estos años que fueron años duros y difíciles, tuvimos muchas

dificultades y tuvimos problemas y tuvimos enemigos; tuvimos problemas

de afuera y tuvimos  problemas de a dentro […] queremos contarlo, porque 

para muchos de ustedes Renacer era una cosa ya hecha que estaba

cuando vinieron, entraron, los ayudaron, los abrazaron, pero se preguntaron

¿cómo nació Renacer? ¿cómo se originó? ¿qué dificultades tuvo que pasar?

¿cómo creció? ¿cómo llegó a ser lo que es ahora?”

Gustavo Berti en Huerta Grande 2003

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¡Qué difícil es hablar de la muerte…!

 “Qué difícil que es hablar de la muerte cuando afuera el sol ilumina el verde brillante de las hojas, las gotas de rocío en el pasto, las flores blancas del laurel… en realidad es difícil hablar de la muerte en cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Tiene que ver con negar la existencia de una certeza. Todos sabemos que vamos a morir, que es inevitable y, sin embargo, haremos lo imposible por negarlo y damos la espalda cuando “le pasa a los demás”. Hasta que un día nos pasa a nosotros; le pasa a seres que amamos más que a nada en el mundo… le pasa, incluso, a nuestros hijos, quienes nos enseñaron una insospechada forma de amar, que teníamos reservada sólo para ellos. Y de entre todas las diversas formas de morir un hijo, el suicidio está entre las más duras y trágicas para los seres que quedan, generalmente, sumidos en un dolor que no conoce iguales y en una incredulidad que les hará repetirse, una y otra vez: ¿por qué? al mismo tiempo que se reprochan el “no haberse dado cuenta” de lo que iba a suceder para evitarlo y, de aquí en más, comenzarán el largo y angustiante camino de las culpas que los acosarán día y noche y no los dejarán vivir, dormir, respirar. Se culpan ellos, culpan a otros, culpan a Dios y aún quizá, lo que les causa tanto más desasosiego, culpan a los hijos que decidieron irse de esa manera. El dolor no parece tener límites, las nociones de castigo los asechan y quizá, también, la mirada de los demás que creen verlas, aun cuando no lo sean, como acusadoras. Pero, así como sabemos poco y nada sobre la muerte y el proceso de morir, lo que nos hace difícil consolar a los que sufren, especialmente a un padre que pierde hijos, menos sabemos sobre cómo hablar al padre cuyo hijo se quitó la vida. Y lo que es más aún, poco y nada sabemos de lo que lleva a un niño o a un joven a suicidarse. A veces “parecen” haber causas directas, muchas otras no, y los padres se debatirán en un sin fin de explicaciones tentativas, buscando el sosiego y la paz que parece haberlos abandonado para siempre. Y es tratando de comprender qué llevó a su hijo de apariencia y vida normal, a tomar decisión tan extrema, como los padres de los hijos que deciden terminar con sus vidas, pueden perder la paz. Elizabeth Lukas, discípula de Víctor Frankl, llega a una conclusión: “cada persona responde a la vida de una manera individual.” Víctor Frankl, dice en sus libros, que el hombre en su búsqueda de un sentido para su vida, a veces, pareciera no encontrarlo en esta tierra, lo que puede motivarlo a esperar hallarlo “del otro lado”, porque si así no fuese, no tomaría decisión alguna. Se fueron de nuestra vida “dando un portazo”, sin pedirnos permiso, pero se fueron. Consideremos, por un momento, dárselo para que la partida sea menos dolorosa, para que ellos sepan que los amamos por sobre todo y a pesar de todo, y que no los juzgamos. Respetémosles su decisión de partir, aún de esa manera, a pesar del dolor. Quizás palabras similares a éstas puedan señalar el comienzo del retorno a la paz interior: Hijo querido, hasta aquí llegamos juntos. Tú has decidido seguir tu propio camino, has decidido partir. Yo te respeto, te quiero y deseo que seas feliz, que Dios te bendiga. Es el amor que nos enseña, porque, detrás, alrededor, y dentro del dolor que debemos vivir, está el amor, que es lo único que nos puede salvar del abismo. Elizabeth Lukas reflexiona que no importa cuan irrevocables sean los hechos, la logoactitud “ayuda a la gente a darse cuenta que todavía les queda una elección: elegir la actitud que adoptarán frente a esas situaciones. Pueden aceptarlas o condenarse a sí mismos o al mundo, pueden mostrar coraje y confianza en el futuro, o desesperanza. Es su decisión: el destino más cruel no tiene el poder de decidir cómo deben ellos enfrentarse a él.” Si encontramos una actitud positiva, al enfrentarnos a circunstancias extremadamente negativas, encontramos un gran consuelo en el hecho de que no necesitamos perder autoestima; podemos, aún, con orgullo, llevar nuestro sufrimiento con dignidad y ser, así, un ejemplo para otros padres en sus propias tragedias. Por su parte, Elisabeth Kübler-Ross nos dice que las partidas prematuras – sean cuales fueren las causas – son una lección de amor incondicional, y, nuestros hijos, los maestros del verdadero y desinteresado amor, aquel que no tiene reclamos ni expectativas, que ni siquiera necesita de su presencia física. Dejando fluir estos sentimientos en nuestro interior, daremos paso al nacimiento de un nuevo ser en nosotros. Un ser capaz de disfrutar nuevamente del sol y de la naturaleza en todo su esplendor, un ser que no resentirá la vida, porque ha comprendido la muerte. Que no rechazará el dolor, porque ha sabido aprender de él, y que se acercará a otros que sufren, ayudándolos a realizar su propio aprendizaje hasta encontrar la luz”.

Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti. Abril de 2009.

De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer”

Alicia y Gustavo Berti en Río Hondo

El próximo mes  se realiza el encuentro por el 16 Aniversario de la creación del  Grupo Renacer Tucumán. Recordamos momentos de encuentros anteriores:

Charla de Alicia y Gustavo Berti en el IX Encuentro de Grupos Renacer del N.O.A.
Realizado en mayo de 2006 en Río Hondo, Santiago del Estero, República Argentina.

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Caminos luminosos

         Gustavo Berti-Alicia Schneider Berti

 

                “Para Renacer no hay, realmente, una fórmula, nosotros siempre pensamos que hay que alentar el pensamiento positivo y amoroso de los papás que van  ingresando y hacerles ver que todavía en su vidas hay un horizonte pleno de posibilidades para que ellos elijan como vivir su vida  y que cada uno tiene que hacer su mejor esfuerzo  y que la responsabilidad de cómo vivimos nuestra vida  es siempre nuestra, desde el primer día.

 

                 El desafío para nosotros, no es lamentar lo perdido, sino encontrar los nuevos caminos que se abren a partir de esa pérdida; nuevos caminos de esperanza, de amor, de solidaridad, de compasión, de tratar de ser mejores. Ese es el desafío al que nos enfrentamos todos los días de nuestra vida. 

 

               No todo termina cuando se va un hijo, más bien, muchas cosas comienzan cuando se va un hijo.

 

               La tarea es descubrir que es lo que comienza en la vida después que se va un hijo.             

 

               En el futuro están todas las posibilidades, de las cuales tenemos que elegir aquellas que tengan sentido.

 

              ¿Cuáles son las posibilidades con sentido?

 

              Aquellas que sean buenas para mí, buenas para los que me rodean y buenas para la vida; si no cumplen  la triple condicionalidad, no es una elección plena de sentido.

 

              Sepan que es así, debemos abrirnos a esas posibilidades, tenemos que abrir los ojos, abrir el corazón y abrir la mente para descubrir que detrás de este dolor que hoy muchos de ustedes están  sintiendo,  sepan que ahí no se agota todo.

 

              Al sentir esperanza, no estamos negando que las cosas sean como “parecen ser”, simplemente estamos afirmando que en ese “parecer ser” no se agota todo lo que esas cosas son.

 

              La vida tiene tesoros para descubrir y cada uno de ustedes puede descubrirlos, pero depende de cada uno de ustedes.

 

              En cada uno de nosotros está la semilla que debe germinar y ser regada cada día, la semilla de la comprensión, de la solidaridad, del abrazo fraterno, del olvidarme de mí para pensar en el otro, para pensar en el bien común.

 

              Nosotros tenemos para dar cosas valiosas  por la vida y tenemos en nombre de quien darlas, porque podemos darlas en nombre de nuestro hijo y hacer que el recuerdo de nuestro hijo perdure en la vida.    

 

              De esa manera, muy de a poquito, podemos lograr cambios perdurables, ya no sólo en nosotros mismos, sino a través de esta actitud, en la comunidad en la que vivimos.

 

              No va a ser con lágrimas que vamos a demostrar cuanto los amamos o los extrañamos, es a través del amor que demostremos, a través del amor que demos.

 

             Está bien llorar, pero hay un tiempo para llorar, no se puede llorar eternamente, porque si se llora eternamente se destruye la familia, se alejan los amigos, los otros hijos pronto se alejan también de nosotros; sería una serie de pérdidas sucesivas, no solamente la pérdida del hijo, otras pérdidas que vendrán después, eso es lo que nosotros tratamos de evitar ofreciendo un camino.

 

             En los grupos se les muestra a los padres que hay un tiempo de llorar, pero también hay un tiempo  de levantar la frente y caminar por la vida con dignidad, haciéndose responsable por la manera en que cada uno de nosotros  vivimos nuestra vida.

 

             Si el resultado de la muerte de un hijo, es hacer una persona más solidaria, más compasiva, más receptiva al dolor y al sufrimiento de los demás, entonces, su muerte no habrá sido en vano.

 

             Estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas y que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.

 

             A Renacer no voy a dar tristeza, llanto, bronca o rabia, pues si voy a dar algo en memoria de mi querido hijo, tengo que dar algo hermoso, y lo único que tengo para dar es amor; todavía podemos sentir  y dar amor en nombre de los hijos que no están.

 

            Renacer ofrece la posibilidad de hacer una transformación interior, un crecimiento interior si tú así lo eliges hacer, pues, como siempre, depende de tu elección y es tu responsabilidad.

 

             Para llegar a la meta es necesario tener en primer término fe en el camino que se va a iniciar y en el proceso, luego dar el primer paso y finalmente perseverar.  Si alguno de esos pasos no se cumple no llegaremos a ningún lado.

 

             Vemos a personas que de acuerdo a muchos estándares podrían estar destruidas porque han sufrido la tragedia, que representa el peor de los miedos para las personas que tienen hijos, es decir, la realidad de haber perdido un hijo y, sin embargo, se levantan, se hacen solidarias, compasivas, ayudan a otro papá o a otra mamá que ha pasado por la misma experiencia de vida tan dolorosa,  mostrándoles que hay un camino más allá del dolor y colaboran para que la comunidad en la que viven sea un mejor lugar para vivir.

 

             La clave es que tanto sufrimiento no debe ser estéril, porque la verdadera tragedia sería no sólo haber perdido un hijo, sino, que habiéndolo perdido, elegir morirme con él.

 

             De un sufrimiento extremo como éste podemos aprender tanto, pues se abren caminos inesperados que jamás hubiéramos pensado que se nos iban a presentar.

 

             Hacer el esfuerzo de ponerme de pie y saber que de mí depende como yo viva mi vida, como yo viva cada día de  mi vida  y de las respuestas que dé  a las preguntas, a interrogantes y duros planteos que la vida nos hace.

 

             Como yo responda a cada uno de esos interrogantes me va definiendo como persona y van a hacer de mí, finalmente, lo máximo que puedo llegar a ser como persona.

 

             Pensamos que es a través del sufrimiento que nos modelamos, como es que a través del fuego se va haciendo la obra del orfebre.

 

             Podemos lograr una transformación interior que al principio ni siquiera soñábamos que podíamos lograr.

 

             Renacer ofrece un camino positivo, amoroso y que tiene que ver con transformar el dolor, ese dolor tan increíble, transformarlo en amor, porque más fuerte que el dolor es el amor por el hijo. 

 

             Nosotros podemos sentir el dolor de su ausencia, pero mucho más fuerte que el dolor de la ausencia del hijo, es el amor hacia ese hijo.

 

             Lo que estamos tratando de hacer, es de convertir nuestro dolor en amor, porque el dolor puede pasar, el dolor va a pasar si sabemos canalizarlo positivamente, pero el amor siempre queda.

 

             Finalmente quisiéramos decirles a todos los papás, que sepan que se puede, que la partida de ese ser tan amado no signifique el fin de nuestra vida, que signifique el comienzo de un camino que tiene que  ver con el servicio, tiene que ver con el dar mi mano y en ese dar mi mano al otro ser que sufre, mi propio dolor va desapareciendo, va disolviéndose.

 

                Son los caminos luminosos de los que hablamos.” 

 

 

 

                           Gustavo Berti-Alicia Schneider Berti

Nuestra esperanza es que ustedes decidan trabajar por un Renacer para dentro de 50 años.

Palabras de Alicia y Gustavo Berti en el Encuentro por el 20 Aniversario de Renacer – Huerta grande – Córdoba – Septiembre de 2008.

Es este el mensaje que nosotros hemos llevado a lo largo de 20 años y a la gente le costaba creer, a los papás les costaba creer que hubiese algo en nosotros que nos permitiera defendernos, que nos permitiera enfrentarnos y oponernos a este dolor.
Sin embargo, hoy sabemos que existe, hoy lo vemos, lo vemos en los rostros de ustedes, ustedes lo ven en los rostros de otros padres que entran a los grupos y entran con los rostros desfigurados de dolor y salen con una sonrisa en los labios, esa es la fuerza del espíritu.
Y cuando nosotros accedemos a la dimensión espiritual, cuando nosotros tomamos poder de nuestra dimensión espiritual, nos encontramos en la verdad y como contrapartida se nos brinda la iluminación y la paz interior.
Esa es la tarea que los grupos Renacer han hecho, es la tarea por la cual nosotros hemos bregado y ustedes han dicho sí a es mensaje.
Nuestra esperanza es que ustedes, a su vez, decidan  trabajar por un Renacer para dentro de otros 50 años, porque nosotros vamos a ir pasando pero el mensaje debe quedar, entonces, llegaremos a algo que también lo dijimos hace muchos años, por primera vez lo dijimos en Mercedes, Uruguay, todos nosotros estamos aquí haciendo la memoria colectiva de nuestros hijos, pero estamos haciendo una memoria colectiva muy peculiar, porque no está dirigida en contra de algo, es una memoria colectiva a favor de la vida y pueden imaginarse esa memoria colectiva como un hermoso jardín donde cada uno va a plantar algo en recuerdo de su hijo y cada uno deberá decidir si va plantar una rosa, si va a plantar un jazmín o si va a dejar que crezca una ortiga, esa es responsabilidad nuestra, pero lo que hoy estamos haciendo nosotros, sepamos eso, es forjando la memoria colectiva.
Si quieren verlo de otra manera, es decir, que todos nosotros somos de un club, somos socios de un club al que nadie quiso entrar, pero del que nadie puede salir, a no ser que me saquen, en lo que a mí respecta, con los pies para adelante en un cajón,  entonces voy a dejar de pertenecer a este club, pero  pertenezco a un club para toda la vida, ¿por qué no tratar de hacerlo lo mejor posible? ¿por qué no tratar de hacerlo lo más bello, lo más humano, lo más reconfortante, lo más acogedor posible?
¿Por qué  tratar de hacer un club donde haya tantas lágrimas y tanto dolor? ¿Por qué no tratar de embellecerlo, de hacerlo lo mejor posible?, porque ese es el legado nuestro, ese es el legado que nosotros hacemos a nuestros hijos.
Bueno, como tenemos algunas preguntas para contestar, vamos a terminar pidiéndoles a ustedes que asuman el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años para que traten de que los papás nuevos que llegan al grupo sigan ese camino que ustedes pueden mostrarles, un camino de humanización y no un camino de rencor, un camino de bronca, un camino de odio,  sino, como dijo Moñi, un camino pleno de amor, porque lo merecemos nosotros, lo merecen nuestros hijos y hoy, por sobre todas las cosas, lo merece  el mundo, lo merece la humanidad, porque es necesario que en esta vida, en este mundo, haya seres compasivos y solidarios que trabajen pensando en los demás.
Muchas gracias.