Posteado por: gruporenacer | Lunes 1 septiembre 2014

Décimo Aniversario Grupo Renacer Gral. Pacheco


Una foto de Marcela Quinteros.

18 de octubre de 2014

Hipolito Irigoyen 288,

U.T.N, Universidad Tecnologica Nacional Facultad Regional Gral. Pacheco (Partido De Tigre)

Posteado por: gruporenacer | Lunes 1 septiembre 2014

Una Esperanza (Republicación)


Por Enrique Conde. Publicado originalmente el 14 de mayo de 2014.

 

Para todo padre, los hijos son   esperanza…

Una esperanza, acompañada de sueños que nacen durante la dulce espera, sueños al verlo nacer, sueños al tomarlo contra el pecho con brazos trémulos para no dañarlo, sueños en las largas noches viéndolo descansar llenos de felicidad… al sobresalto por su llanto… por su primer ajó y aquel inefable primer pa…pá… o ma… má…

Luego por sus primeros pasos tomados de las cosas… la alegría por sus pequeños éxitos… que aumenta una emoción llena de esperanza.

Por las primeras palabras que brotan a borbotones en un idioma ininteligible…

Cuando luego ellos crecen, junto a ellos nuestras esperanzas se agigantan…

Sucesivas esperanzas que van siendo realidad a medida que se desarrollan… y un día empiezan el jardín de infantes, luego preescolar, desde allí a la escuela, al liceo y siguen creciendo y un día son hombres o mujeres.

Sueños que incluyen nuestras charlas tirados en el pasto a la sombra de un árbol, sueños y esperanza que no terminan cuando nos dicen que se van de casa, porque han encontrado el amor que nos dará a nuestros nietos, frutos que albergarán nuevas esperanzas.

Posteado por: gruporenacer | Sábado 30 agosto 2014

Las culpas


Fragmento del libro de Harold Kushner, “Cuando a  la gente buena le suceden cosas malas”.


 

Hace algunos años tuve una experiencia que me enseñó la forma en que la gente puede empeorar una situación que ya de por sí es mala, culpándose a sí misma. En enero, tuve que oficiar dos funerales, en días sucesivos, para dos ancianas de mi comunidad. Las dos fallecieron a “una edad avanzada”, como diría la Biblia; las dos sucumbieron al  desgaste normal de su cuerpo después de una vida larga y plena. Sus casas estaban próximas así que realicé las visitas de pésame a las dos familias en la misma tarde.
En la primera casa, el hijo de la mujer fallecida me dijo:
-Si hubiese mandado a mi madre a Florida y la hubiera sacado de este frío y nieve, todavía estaría viva. Yo tengo la culpa de que haya muerto.
En la segunda casa, el hijo de la otra mujer fallecida me dijo:
-Si no hubiese insistido en que mi madre fuera a Florida, todavía estaría viva. Ese largo viaje en avión, el cambio abrupto de clima, fue demasiado para ella. Yo tengo la culpa de que haya muerto.
Cuando las cosas no resultan como lo deseamos, es muy tentador suponer que si las hubiésemos hecho de otro modo, la historia hubiera tenido un final feliz. Los religiosos saben que cada vez que se produce una muerte, los sobrevivientes se sienten culpables. Como el curso de acción que eligieron no salió bien, creen que el opuesto -retener a mamá en casa, postergar la operación- hubiera resultado mejor. Después de todo, ¿qué podría haber sido peor? Los sobrevivientes se sienten culpables porque ellos conservan la vida y, en cambio, el ser querido ha muerto. Se sienten culpables cuando piensan en las palabras amables que jamás le dijeron, y las cosas buenas que nunca tuvieron tiempo de hacer por esa persona. Ciertamente, muchos de los rituales de todas las religiones tienen por fin ayudar a los deudos a desprenderse de esos sentimientos irracionales de culpa por una tragedia que ellos, en realidad, no causaron. Pero ese sentido de culpa, la sensación de que “yo tengo la culpa”, parece ser universal.
Al parecer, hay dos elementos involucrados en nuestra predisposición a sentir culpa. El primero es nuestra necesidad extenuante de creer que el mundo tiene sentido, que hay una causa para cada efecto y una razón para todo lo que sucede. Eso nos lleva a encontrar patrones y relaciones tanto donde realmente existen (fumar produce cáncer de pulmón; la gente que se lava las manos tiene menos enfermedades contagiosas) como donde sólo las inventamos con nuestra mente (los Red Sox ganan cada vez que uso mi suéter de buena suerte; el muchacho que me gusta me habla los días impares, pero no los pares, excepto cuando hubo un feriado que modificó el patrón). ¿Cuántas supersticiones públicas y personales se basan en algo bueno o malo que sucedió inmediatamente después de que hicimos algo, y en nuestra suposición de que sucederá lo mismo cada vez que se presente el mismo patrón?
El segundo elemento es la noción de que nosotros somos la causa de lo que sucede, especialmente de las cosas malas. Aparentemente, hay una breve distancia entre creer que cada evento tiene una causa y creer que tenemos la culpa de cada desastre. Las raíces de este sentimiento pueden encontrarse en nuestra niñez. Los psicólogos mencionan el mito infantil de omnipotencia. Los bebés llegan a pensar que el mundo existe para satisfacer sus necesidades y que ellos hacen que las cosas sucedan. Se despiertan a la mañana y ponen en movimiento al resto del mundo. Lloran y alguien corre a atenderlos. Cuando tienen hambre, los alimentan, cuando se mojan, los cambian. Con frecuencia, no superamos por completo esa noción infantil de que nuestros deseos hacen que las cosas sucedan. Una parte de nuestra mente continúa creyendo que la gente enferma porque nosotros la odiamos.
En realidad nuestros padres suelen alimentar esa noción. Sin comprender que nuestros egos infantiles son muy vulnerables, nos reprenden cuando están cansados o frustrados por razones que no tienen nada que ver con nosotros. Nos gritan por interponernos en su camino, por dejar los juguetes desparramados o por poner el televisor demasiado fuerte, y nosotros, en la inocencia de nuestra niñez, suponemos que tienen razón y que nosotros somos un problema. Su ira puede pasar en un instante, pero nosotros continuamos llevando las cicatrices de sentirnos culpables, pensando que cada vez que algo sale mal, nosotros debemos asumir la culpa. Años después, si nos sucede algo malo a nosotros o a las personas que nos rodean, los sentimientos de nuestra niñez vuelven a emerger y suponemos instintivamente que hemos vuelto a cometer un error.

Posteado por: gruporenacer | Sábado 30 agosto 2014

Reflexiones de una mamá


Por Silvia Dobler, Renacer Esperanza.


Hola, buenas noches amigos de Renacer… les comparto una reflexión que me anda dando vueltas…

Hay acontecimientos en la vida de las personas que dejan una huella para siempre. Éstos marcan un hito; Y luego de ellos ya no volvemos a ser los mismos.

Podemos mencionar entre los más hermosos: el nacimiento de nuestros hijos – cuando nos dieron el título de mamá, de papá-; para los que tenemos la dicha de ser abuelos… el día del nacimiento de esos amorcitos; el día de nuestra graduación; el día de nuestro matrimonio; etc.
Pero también hay de los otros, de los tristes, de los dolorosos: uno de ellos es justamente el ver morir a uno o más hijos. Y no es mucho lo que les podemos decir a todos los papás de Renacer sobre esto que ya no se haya dicho. Que es la crisis existencial más profunda que una persona pueda vivir… que es lo más parecido a la propia muerte que podamos experimentar… que no es una enfermedad, pero que a raíz de esto podemos llegar a enfermarnos…

Claro que cuando los acontecimientos son de los felices, nadie se sienta a pensar ni a cuestionar nada, porque todo está bien… Sólo cuando nos pasan cosas fuertes, dolorosas, tristes, como es esto tan absurdo como ver morir a un hijo, entonces sí, uno entra a cuestionarse una serie de cosas y actitudes, y entre ellas surge el sentido de su propia existencia.
Y como decíamos al principio que estas circunstancias son una bisagra en nuestra vida, y que ya no volveremos a ser los mismos, es ahí cuando deberíamos utilizar todas nuestras fuerzas internas para lograr una existencia que valga la pena ser vivida, como dice Viktor Frankl, “utilizar la fuerza indómita del espíritu” para encontrarle un sentido valioso a nuestra vida..

Entonces, tenemos la opción de decidir cómo queremos ser; o sea que a partir de este suceso tan doloroso, nos queda la libertad de elegir qué clase de ser humano queremos ser. En honor a nuestros hijos, todos nuestros hijos, los que cruzaron el charco antes que nosotros, y los que aún nos acompañan en esta tierra, ¿qué clase de ser humano queremos ser?
¿A ustedes les parece que podemos culpar al destino por lo que nos pasó, y quedarnos en éso? O a partir de aquél acontecimiento tan doloroso y que nos marcó, que no pudimos elegir, ni evitar, preguntarnos: ¿qué hago con ésto que me pasó?.

La respuesta que le demos a esta pregunta, marcará la diferencia entre una vida inundada de desesperación y tristeza o una vida que merezca ser vivida, con una nueva escala de valores y plena de sentido.

¡Les mando un abrazo en el amor de nuestros hijos!
Silvia

Posteado por: gruporenacer | Viernes 29 agosto 2014

RENACER ES ESPERANZA


“Buceando en nuestro aljibe” – Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer


   Cuando nos enfrentamos a la partida de un hijo, que es la más grande conmoción existencial a la que se puede enfrentar un ser humano, perdemos la noción de todo lo que nos rodea.

     Es una conmoción tal como si hubiera caído una bomba a nuestro alrededor, como si  un volcán hubiera explotado en nuestro interior; no sabemos donde estamos y nos asaltan los ¿por qué?

    Porqué a mi hijo o mi hija, porque no  a mí, porque no hicimos esto o aquello y una nube de confusión nos envuelve y no vemos la puerta para salir de esa situación, es como si la vida ya no tuviera sentido para nosotros.

    Siempre pensábamos que si perdíamos un hijo, nosotros nos moríamos detrás de él, sin embargo, estamos vivos y las preguntas no encuentran respuestas y cuando venimos a Renacer nos dicen que  nunca nadie ha tenido respuestas a las preguntas que surgen, porque no somos nosotros los que tenemos que hacerle preguntas a la vida o a Dios, sino que es la vida la que nos hace una pregunta, tú padre o madre que has perdido un hijo ¿cómo vas a vivir de ahora en adelante?

    Generalmente cuando se pierde un hijo en la cultura en que vivimos se piensa que tenemos más derechos, sin embargo la realidad es que tenemos más responsabilidades, en primer término, tenemos la responsabilidad de qué hacer de nuestra propia vida desde ahora hasta el día que inexorablemente nos toque partir.

     El Mensaje de Renacer nos muestra que en ese instante crucial, tenemos que optar entre decirle sí a la vida o dejarnos llevar por las emociones y cerrar puertas y ventanas, tirarse en la cama, no querer trabajar, renunciar a arreglarse, como si estuviéramos muertos en vida.

     Si nos morimos en vida, detrás de la partida de nuestros hijos,  estamos haciendo  de ellos nuestros verdugos, en tanto el Mensaje de Renacer nos muestra que es posible asumir un cambio de actitud, asumir  una actitud positiva y hacer de nuestros hijos, no ya nuestros verdugos, sino nuestros maestros.

     Siguiendo a Víctor Frankl que recluido en un campo de concentración perdió a su esposa, A un hijo en gestación, a su madre, a su padre y a un hermano y sufrió las vejaciones propias del régimen, en base a su fe y esperanza de vivir. salvó su vida y luego escribió diciendo que frente a lo que nos sucede en la vida, que  no podemos cambiar, hay algo que sí podemos cambiar que es nuestra actitud frente a la vida.

     Nosotros no podemos cambiar lo que nos ha sucedido, pero podemos cambiar nuestra actitud y en vez de sentirnos morir y andar por este mundo con la cabeza gacha como juntando moneditas del suelo, andar con la frente en alto en homenaje a ese hijo y asumir una actitud positiva producto de nuestro amor hacia ellos.

    ¿Qué es lo que une a una madre o a un padre a su hijo o su hija, sino el amor?

     El Mensaje de Renacer, nos dice: ¿acaso necesitamos de su presencia física  para seguir amándolos?

     Al nacer nuestros hijos nos enseñaron una manera distinta de amar; nosotros conocíamos lo que era el amor a la madre, al padre, a los abuelos, a los tíos, a los hermanos, luego al compañero o la compañera, pero cuando ellos llegaron a nuestro hogar nos enseñaron a amar de una manera distinta  y ahora, al partir, nos han enseñado otra manera de amar, un amor incondicional, más sublime que  ni siquiera necesita de su presencia física.

     Entonces, por ese amor, podemos cambiar de actitud frente a la vida, en homenaje a ese hijo que partió y podemos hacernos la pregunta ¿cómo habría querido vernos? ¿llenos de angustia? ¿llenos de odio? ¿o llenos de amor?

    Cada uno en su intimidad puede responderse esta pregunta.

    A veces, cuando los recordamos, pensamos en ellos como que  están allí donde tuvieron el accidente, o en la cama del sanatorio u hospital, o en el momento que decidieron por su cuenta partir o fueron agredidos… pero ellos no están ahí.

    Ellos están en otro lugar, al que por nuestras limitaciones físicas no podemos acceder, pero cualquiera sea nuestra creencia de a dónde vamos a ir después de nuestra propia muerte… allí están ellos esperando nuestra llegada.

    La responsabilidad que surge desde ese momento hasta el instante de nuestra muerte, es la de vivir dignamente.

    Vivir dignamente en su homenaje, pero también vivir dignamente por nosotros mismos que lo merecemos y vivir dignamente por quienes nos rodean.

    Por los hermanos, quienes han perdido a un ser tan querido, su compañero de juegos y picardías, muchas veces su compañero de pieza, su mascota o  su modelo, según  la edad.

    Ellos están sufriendo calladamente y ven que sus padres, sumidos en su propio dolor, se han  olvidado que ellos existen, entonces, suman a su dolor, el dolor de perder a su mamá y a su papá que ya no son los mismos.

     ¿Somos las mismas personas antes, que después de la partida de un hijo? No, no somos las mismas personas.

     Si no somos las mismas personas, sólo quedan dos opciones o somos mejores personas o somos peores personas, ¿qué eligen ustedes?

     Es esa la gran opción que se nos presenta en la vida frente a lo que nos sucedió.

      Seguramente que por el camino de las emociones, encerrándonos en nosotros mismos y renunciando a vivir, no vamos a ser mejores personas, quizá lleguemos a ser un estropajo, lleno de  angustia, de llanto, de bronca, de odio, de resentimiento que es el camino al que nos llevan las emociones.

     Pero según nos dice Víctor Frankl, el ser humano es el único ser del universo que es capaz  de oponerse a aquello que lo condiciona, de oponerse a sus propias emociones y agrega: nos podrán quitar todo menos la última de nuestras libertades, que es la libertad de asumir una actitud frente a lo que nos pasa en la vida.

     ¡Sí, la partida de un hijo nos ha condicionado! Pero tenemos la libertad que nadie nos puede quitar, de asumir una actitud positiva en homenaje a ese hijo.

     Elisabeth Kübler Ross, que es una científica suizo-norteamericana, que  se dedicaba en su profesión de médico a atender enfermos terminales, nos dice que aunque parezca extraño, la pérdida de un hijo puede producir en los padres un despertar espiritual.

    Ese es el “despertar espiritual” al que se refiere el Mensaje de Renacer, cuando nos enfrenta a la opción de ser mejores personas, no mejores personas que los demás que sería una actitud de vanidad, sino mejores que nosotros mismos, mejores hoy que ayer, mejores mañana que hoy.

    Entonces aparece la figura de nuestros hijos como maestros.

    Su partida nos enseña a no temerle a la muerte, nos enseña a dimensionar el poco valor que tienen las cosas materiales, nos enseña a ser más tolerantes con las cosas que nos pasan a diario, nos enseña a comprender el dolor de los demás, en fin, nos enseña  a ver la vida y la muerte de una manera muy distinta  a como la ve la cultura en la cual estamos inmersos.

    En Renacer, si bien podemos homenajear a nuestros hijos llevándoles flores al cementerio, u ofreciéndole misas, prendiendo velas o  exhibiendo su foto, hemos aprendido una forma más profunda de homenajearlo, que es con nuestra propia vida.

    Es seguro que cada uno, en su momento, hemos ofrecido nuestra propia vida a cambio de la suya y no nos fue concedido, pero hoy podemos vivirla en su homenaje

     Diariamente, ya sea en nuestro hogar, en la calle, en la oficina o donde sea que estemos, se nos presentan situaciones que nos pueden fastidiar, nos pueden molestar, que habitualmente contestábamos con ira, fastidio o violencia, pues bien, frente a esas situaciones, que son hechos que  no podemos cambiar, ahora podemos, en homenaje a nuestros hijos cambiar también de actitud. Por ejemplo,  en la calle en vez de acordarnos de la familia del otro conductor, en vez de fastidiarnos cuando en la cocina nos pasa algo, en homenaje a nuestros hijos podemos cambiar de actitud y en poco tiempo nos daremos cuenta que ya no contestamos, que ya no nos violentamos, que ya no nos fastidiamos y eso constituye en gran medida ser mejores personas, gracias al homenaje que le estamos haciendo, calladamente a nuestro hijo.

     Se dirá que es difícil, sí, es dificilísimo, pero ¿acaso no es más difícil vivir amargados, desilusionados, llenos de pena y angustia? Entre dos cosas difíciles podemos elegir aquella que sea mejor, todo depende de cada uno y de nadie más.

     La semilla es buena, dependerá de cada uno que caiga en terreno fértil y que la cuide hasta que se robustezca, nosotros sólo trasmitimos el mensaje y les podemos asegurar que es posible.

     Todos hemos llegado de la misma manera.

     Renacer es la esperanza  que llegará un momento, en que la paz interna  que perdimos el día de la partida de nuestros hijos, llenándonos de oscuridad, volverá a nosotros como demostración cabal del triunfo del amor sobre el dolor.

                                                                                          29 DE AGOSTO DE 2014

     Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida Ana Zaida.

                  Enrique, Ana Doris  y Ulises

        De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

                 “Por la esencia de Renacer”

 

 

Posteado por: gruporenacer | Viernes 29 agosto 2014

Como ve al Grupo Renacer la Sociedad, testimonio de un papá


Aporte de Ricardo papá de Mariela.



El sábado próximo pasado,concurrí, junto al Grupo Lanús, a la celebración de los 18 años de la puesta en marcha del Grupo Renacer avellaneda.

Además del enorme trabajo que hicieron los padres del grupo, no solo en la ornamentación del lugar, la torta, souvenires y demás, me gustó mucho, el testimonio, de una mujer presente en el lugar, amiga de una mamá del grupo, que se dirigió a todos los presentes, contando, como había vivido el tiempo que llevan juntas, estas dos amigas , se conocen desde muy chicas , durante “el duelo”, de una de ellas.

Primero quiero destacar, que si bien, tengo, gracias a los compañeros que me han enseñado muchas cosas sobre encuentros y demás, una experiencia en la materia, no hubiera puesto a nadie a hablar en el frente si ser papá, mamá o hermana. Y vaya que me equivoqué, lo que escuché, me gustó mucho y me dió una manera más precisa, cosa que resume , muy bien Juan Francolino, en uno de sus escritos en este Blog, del día de hoy, sobre como nos ven, desde afuera de Renacer, la comunidad, en este caso, una amiga de una integrante de Renacer.

Quizás una de la virtudes de Sandra Garcia, para con esta amiga, fue saber que en ella tenía una compañía, una contención y que no era necesario, como a veces hacemos, recluirnos de todos, escapar de nuestros entorno, o acosarlos con nuestro dolor y muy por el contrario, pensar en conservarlos y saber que el apoyo que nos van a dar, va a cubrir una parte de nuestras angustias, dolor y desesperación, el resto, deberemos tratarlo, compartirlo y transformarlo en nuestro grupo semanal.

Escuche de este señora, palabras como amor, tolerancia, dolor, dedicación, lucha, caerse, levantarse, pasión, sobreponerse y trascender, todas palabras que juntas, nos hablan de un camino bien hecho, sin romper esos puentes que nos unen al mundo real, que sigue andando mas allá de todo, que no se detiene y que una vez rotos, suele costar reconstruir.

Lo que aprendemos en Renacer, nos sirve para la vida misma, y debemos plantarnos frente a la sociedad como referentes sociales que somos y decirles, acá estamos, para lo que sea, hay mucha gente que sufre, allí afuera, por distintas cosas y en los grupos, hemos crecido, leyendo a Viktor Frankl, diciendo: “el hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano” y de eso se trata esto, de cambiar esa situación de extremo dolor por una de extremo amor, repartiéndolo a aquel que nos necesita, salgamos a contar en los barrios donde funcionamos que es Renacer y en que podemos ayudar y seguramente allí surgirán cosas, como El merendero, La asistencia a los chicos de Escobar , las visitas a los hospitales, la ayuda a los hogares, las limpiezas de plazas y mantenimiento de las mismas, somos gente útil, con ganas de hacer y llenos de amor, repartámoslo en la sociedad, en nombre de nuestros hijos, estamos vivos, somos poseedores de una gran experiencia de la “fuerza indómita del espíritu”, ponernos de pie y continuar caminando, a pesar de haber recibido un mazazo enorme de la vida.

La sociedad, no debe vernos como un “pobre” grupo de gente que se les murió un hijo, no, muy por el contrario, lo que deben ver es el hecho, de que a pesar del dolor, salimos adelante por amor y estamos para lo que sea, útiles, para servir.

Ricardo.

Papá de Mariela.

Posteado por: gruporenacer | Viernes 29 agosto 2014

Renacer, como siempre, lo hacemos amorosamente entre todos.


Por Graciela Canteros
Hacer un proceso de duelo implica una búsqueda interna y externa que nos propone e invita al autoconocimiento.
Poder respondernos preguntas como:
¿Qué sentido tiene mi vida de ahora en adelante? Cómo salgo de mi sufrimiento? ¿Cómo me alivio de mis sentimientos negativos: culpas, enojo, envidia, ira, autocompasión, etc. ? ¿¿Por qué si no soy una mala persona estoy viviendo esta tragedia? ¿¿Dónde estaba Dios y donde está? ¿Qué es lo que me ayuda a sentirme mejor? ¿QUIERO SENTIRME MEJOR? ¿Para qué me sirve tanto dolor? Etc. Etc.
Con el tiempo y observando como va siendo el transcurrir de nuestras vidas, a medida que vamos trascendiendo el sufrimiento y el duelo, podemos ir descubriendo unos cuantos “para que”…
La mayoría de los “por qué” no tendrán nunca respuesta, pero si podemos ir encontrando respuestas a los “para qué” que nos pueden ayudar a encontrar un sentido a la vida y sus circunstancias, que las casualidades no existen y que, aún de lo peor que nos ha sucedido en la vida, que es perder a nuestros hijos, podemos descubrirnos fortalecidos, a pesar de todo.
El camino del autoconocimiento que  nos ayudará a trascender el dolor implica una búsqueda absolutamente personal. Nadie puede ni debería obligarnos  a un “deber ser”, a acciones impuestas desde el deseo y la elección de otros.
Por más que a mi me genere impotencia que no elijan buscarle un nuevo sentido a sus vidas, hacer lo que los ayudaría como: leer, ayudar a otros, cambiar de actitud, debo respetarlos, porque es lo que pueden y eligen hoy.
Lo que si puedo y debo contarles es como fue mi proceso, mostrarles que hay caminos posibles de transitar, que no solo alivian sino que nos pueden conducir a momentos de plenitud y agradecimiento por haberlos elegido, caminos que nos llevan a descubrir que es posible tener y sentir paz, más allá de que no sea un estado permanente y tengamos recaídas, lo cual no solo es normal sino que es parte de nuestros ser seres humanos.
No me cansaré de repetir que no hay que asustarse del sufrimiento ni de las recaídas porque es lo que nuestro ser elige y necesita para seguir creciendo, aunque sea difícil aceptarlo. Si tenemos la decisión de querer estar mejor, sin prisa pero sin pausa , si vamos dando los pasos necesarios, lo lograremos.
La vida, como lo ha sido siempre, no es lineal, tiene altibajos, está en cada uno ver como levantarse y continuar. Lo que puede hacer una diferencia significativa es elegir hacerlo en soledad o compartir este arduo camino junto a otros. Porque es en la diversidad de experiencias que podemos aprender y descubrir opciones nuevas o impensadas. Pero también es en el común denominador de compartir el mismo dolor que nos vamos sosteniendo unos a otros y cuando miramos hacia atrás vemos el avance.  Poco o mucho, todo suma.
Porque somos como las semillas. Algunas necesitan abono y muchos cuidados. Las hay que necesitan más o menos agua, las hay fuertes o frágiles. Las que el clima les afecta diferente, las que crecen rápido o las que tardan años, las que son pequeñas o llegarán ser árboles…y las hay que, aun cayendo en los lugares menos fértiles o insólitos pueden crecer y florecer en soledad…
En la naturaleza la diversidad  es NATURAL y la enriquece, ¿por qué será que a los humanos nos cuesta  tanto aceptar las diferencias y los diferentes procesos de cada uno?
Renacer está integrado por seres humanos, con valores e imperfecciones que se despliegan de manera particular en cada grupo y en cada reunión y  Renacer lo hacen todos los que participan.
Para mi Renacer es la tierra fértil que recibe amorosamente a todas las semillas. El Renacer que conozco es un homenaje a nuestros hijos, es una obra de amor en su memoria y que prioriza el corazón por sobre el intelecto. Es un Renacer posible desde el dar y recibir, recibir y dar, sin esperar nada a cambio, incondicionalmente. Es el ser auténticos y honestos, en principio con  nosotros mismos.  Es construir vínculos antes que juzgar y criticar. Es aceptar al otro diferente a mi. Es saber que no hay una única verdad ni una única realidad.
El  Renacer que conozco no sabe, desde nosotros,  de luchas de poder,  y en el que todos somos pares, más allá de formalidades útiles, de lo que podemos dar fe y estar conformes con los logros al día de hoy.
Con respeto y de corazón estaré por siempre agradecida a Alicia y Gustavo Berti. Con respeto y de corazón creo que en Renacer todo aporta,  la esencia, los objetivos,  la literatura, los coordinadores, los padres que sostienen los grupos, los espacios que nos ceden gratuitamente, pero creo y siento que,  por sobre todo, lo más valioso es el mensaje dado con  amor y  los vínculos basados en el respeto de los tiempos y  la libertad de como elige vivir su vida cada padre luego de la partida de su hijo.
Siempre he dicho  ¿de que serviría un grupo Renacer si no hubiera padres que acudieran?  Renacer  y los grupos que existen  se mantienen en el tiempo  porque amorosamente  saben y pueden contener a los padres que lo necesitan.
Comparto  estas reflexiones porque para mí, cada día, en cada reunión,  el Renacer,  al que pertenezco y conozco, son los padres que llegan en busca de ayuda y la encuentran,  al mismo tiempo que la dan, aún sin proponérselo,  en un acto de amor de y por los hijos, de y por si mismos, de y por los demás.
Con todo mi cariño, besos y abrazos abrazados Gra
Posteado por: gruporenacer | Jueves 28 agosto 2014

Como ve la sociedad al Grupo Renacer


Por Juan Francolino, papá de Luciana, Grupo Renacer.


 

Hace unos días, el Grupo Renacer que funciona en la localidad de Avellaneda Provincia de Buenos Aires, celebró su décimo octavo Aniversario, si bien somos muchos los que consideramos que Renacer es un grupo abierto y pueden participar familiares y amigos, no es habitual escuchar la palabra de los amigos en los encuentros; en el mencionado encuentro habló Viviana, amiga de un matrimonio que concurre al grupo.

Esta exposición nos hizo notar cual es la visión que tiene de nosotros la gente que no participa de los grupos y la responsabilidad que nos cabe al ser referentes sociales.

Hace unos años el filosofo y escritor argentino Tomás Abraham, al hablar sobre una psicología de la autoestima y una psicología de la guerra en su libro “La empresa de vivir”1 abordó temas con los que trabajamos y menciona al Grupo Renacer en los siguientes terminos:

“¿Pueden los psicólogos y los expertos de la paz, los cultores y los especialistas de la autoestima, enfrentar estas dolencias?

¿Comprenderlas? Algunos de ellos acuden a la literatura de Viktor Frankl, porque su logoterapia se sostiene entre otras cosas en su experiencia de los campos. Su terapia del futuro, del sentido, su interrogación que no apunta al desmenuzamiento del dolor sino a su posibilidad de inscripción en un proyecto de vida, puede ser utilizada para abrir un nuevo espacio en una zona en la que ya no hay nada. Quién sabe, quizás su reflexión sirva a muchos mientras la logoterapia no sea un recetario para sectas de la dicha. Dice Frankl: cuando uno se enfrenta con una situación inevitable, insoslayable, siempre que uno tiene que enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, por ejemplo, una enfermedad incurable, un cáncer que no puede operarse, precisamente entonces se le presenta la oportunidad de realizar el valor supremo, de cumplir el sentido más profundo, el del sentimiento.

Sólo un Fausto de corporación puede creer que existe una ciencia que pueda recetarle al hombre que hacer con su extremo dolor. La ideología de la salud ofrece tantas garantías como las religiones de la salvación. El aspecto interesante de lo que se llama ayuda mutua es que combina una transmisión de conocimientos y una experiencia compartida. Pero el puente que se tiende entre el que sufre y el que ayuda debe inventarse nuevamente. Si no es así, se convierte en otra forma de la manipulación de masas.

Los testimonios de las victimas de la psicología de la guerra marcan una zona que la medicina de la felicidad no puede invadir. De nada sirve el ritual de la autoestima, ni el poder superior, a los que vieron –como dice Levi- el rostro de la Gorgona. Los miembros del Grupo Renacer han tocado una zona de dolor a la que el aleccionamiento de la psicología triunfalista no tiene acceso. Han develado una zona desde la que es posible observar las gesticulaciones megaterapéuticas. Quiero decir que la sociedad terapéutica y su medicina de la felicidad no ofrecen un código para descifrar las conductas en las situaciones limite. Por el contrario, la psicología de la guerra tiene la función crítica de despojar de su legitimidad al saber de la sociedad terapéutica.

La zona límite es la que pone a prueba a la ética, al peso de su palabra. Y esta palabra es también silencio.”

 

Este tipo de expresiones tanto de familiares, amigos y personas ligadas a la formación social y cultural nos dice que estamos haciendo un trabajo trascendental y nos da una gran responsabilidad para seguir trabajando con amor.


 

1Abraham Tomás, “La empresa de vivir”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2000

Posteado por: gruporenacer | Miércoles 27 agosto 2014

Renacer San Justo celebra su 20 Aniversario


Renacer San Justo celebra su 20 Aniversario!!!!

Domingo 31 de agosto a las 11.30 hs. Juntos aprendemos a escucharnos, a respetarnos, a sonreír nuevamente, a vivir el día a día. Sintiendo que mientras ellos vivan en nuestros corazones, en nosotros seguirán vivos. Contaremos con la presencia del Dr. Carlos J. Bianchi.

Almuerzo a compartir.

 

Salón de Junta Vecinal Carlos tejedor 1557 entre Savia y Alicia Moreau de Justo.
a 1 1/2 cuadra de Avda. Gral Paz y Avda. de Los Corrales
Lomas del Mirador-Pdo. de La Matanza.

Los esperamos

Posteado por: gruporenacer | Martes 26 agosto 2014

Sobre la NO personería jurídica en los Grupos Renacer


Por Alicia Schneider y Gustavo Berti

 

Para abordar este tema de una manera comprensible es necesario volver brevemente sobre algunos aspectos de la historia de Renacer, dado que cada tanto, especialmente en grupos compuestos por padres que no conocen bien la historia de Renacer, creen que teniendo personería jurídica se solucionan muchos problemas.
Entonces yo pregunto: Si la solución a todos los problemas pasa por la personería, entonces nosotros que creamos el grupo y todos los grupos que hemos trabajado durante 26 años sin esa personería ¿o somos tontos en no habernos dado cuenta en tenerla desde el principio o en realidad no es necesaria?
Desde muy temprano en Renacer hemos dicho que cuando un hijo muere algo nuestro muere con él y que podemos dejar que muera nuestro ser o nuestro ego y elegimos, como no puede ser de otra manera, dejar morir nuestro ego. Esta es una de las razones por las que rechazamos la personería, pues los cargos, inevitables, llevan a un reverdecer del ego.
Hemos insistido en la necesidad de una igualdad, una paridad absoluta en los grupos. Ningún padre puede o debe ser más que otro y todo cargo lleva en si una desigualdad respecto al padre que no tenga cargo alguno: habrá entonces un presidente, secretario, tesorero, etc., que decidirán por otros padres. Esto es inadmisible desde todo punto de vista.
Por ultimo Renacer no es un pequeño grupo de padres que aspiran a tener cargos y pedir dineros. Renacer es un mensaje creado y mantenido así, con esta absoluta igualdad, por miles y miles de padres que han contribuido a forjarlo a través de 26 años de esfuerzos y sacrificios y han puesto en ese mensaje, que fluye a través de ellos hacia la vida, el recuerdo y la memoria de sus hijos, los que partieron prematuramente y los que aún están de este lado de la vida y todos esos padres merecemos que se nos respete y que esa memoria colectiva sea mantenida en la misma manera y con la misma pureza con que fue construida.
Si estas razones no fueran entendidas y se persiste el deseo de proseguir en busca de personería no podemos ver en esta persistencia más que un acto directo de mala fe cual es usufructuar un nombre forjado y respetado en muchos lugares del mundo a través de años y esfuerzos de miles de padres para crear con ese mismo nombre algo que no es Renacer. (En palabras más simples y como ejemplo: No se puede tener una licencia para servir Coca cola y vender Pepsi cola.)
Para sintetizar: es muy simple cualquiera puede formar todo tipo de grupo, con o sin personería, por lo tanto quienes quieran tener personería que lo hagan pero no se denominen Renacer pues no lo son, ni lo serán jamás.

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