Posteado por: gruporenacer | Lunes 28 julio 2014

Hacer hablar a los iniciadores, a propósito de Alicia y Gustavo.


Por Juan Francolino, papá de Luciana, Grupo Renacer.

Los textos disponibles en “La Esencia de Renacer” son producto de la experiencia dentro de los grupos y de la sustentación teórica por medio de disciplinas como la antropología, la sociología y la logoterapia. Con frecuencia se toman fragmentos o frases corriendo el riesgo de des-contextualizar y hasta entrar en contradicciones con lo que se dice y se hace. Y cuando se refieren a Alicia y Gustavo, en ocasiones, no se sabe si quienes los mencionan se sirven de los iniciadores o le sirven a ellos; en su afán de querer expresar su afecto y agradecimiento se producen situaciones ambiguas. Se hace necesario leer el material disponible desde una visión crítica y contraponiendo las propias experiencias para poder enriquecer la base teórica que acompaña la labor de los grupos.

Otro aspecto a tener en cuenta cuando se lee la “Esencia de Renacer” es que Alicia y Gustavo hablan desde dentro del “Grupo Renacer” como parte de él.

Se deben tomar sus obras para investigar, para construir objetos, para relacionar y aplicar en la práctica las construcciones teóricas.

Dado que los cuatro pilares en los cuales se basa la tarea de los Grupos Renacer son la libertad, la responsabilidad, la universalidad y la paridad se disponen de los elementos para trabajar con respeto y llevar a la práctica los conceptos planteados en los escritos.

Y por último la importancia de “La Esencia de Renacer” radica en su contenido y aplicación, no en quienes fueron sus autores y al llevar a la práctica los conceptos permiten aliviar el sufrimiento de muchas personas trasmitiendo de esta forma el mensaje de amor que nuestros hijos nos dejaron.

Esta es la forma de agradecer el trabajo y dedicación a lo largo de mas de veinticinco años.

 

 

 

NdeA:

 El título es una paráfrasis de un texto Pierre Bourdier en el que se refiere a la obra de Michel Foucault:
Bourdieu P. “¿Qué es hacer hablar un autor? A propósito de Michel Foucault”, en Capital cultural, escuela y espacio social, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003

Posteado por: gruporenacer | Domingo 27 julio 2014

Semillas somos – ( Jorge Bucay )


Aporte de Ricardo Mario Gonzalez.

En el silencio de mi reflexión

percibo todo mi mundo interno

como si fuera una semilla,

de alguna manera pequeña e insignificante

pero también pletórica de potencialidades.

…Y veo en sus entrañas

el germen de un árbol magnífico,

el árbol de mi propia vida

en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene

el espíritu del árbol que será después.

Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil,

absorbiendo los jugos que la alimentan,

expandiendo las ramas y el follaje,

llenándose de flores y de frutos,

para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe

cómo llegar a ser árbol.

Y tantas son las semillas

como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños

esperan el tiempo de germinar,

echar raíces y darse a luz,

morir como semillas…

para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos

que a su vez nos digan, en su solidez,

que oigamos nuestra voz interior,

que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino

con símbolos y señales de toda clase,

en cada hecho, en cada momento,

entre las cosas y entre las personas,

en los dolores y en los placeres,

en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez enceguecedora.

Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos…

Y un día, mientras transitamos

este eterno presente que llamamos vida,

las semillas de nuestros sueños

se transformarán en árboles,

y desplegarán sus ramas que,

como alas gigantescas,

cruzarán el cielo,

uniendo en un solo trazo

nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,

…una sabiduría interior las acompaña…

porque cada semilla sabe….

cómo llegar a ser árbol

Posteado por: gruporenacer | Viernes 25 julio 2014

Los principios de la vida (Kübler-Ross, Elizabeth. Una luz que se apaga.)


Aporte de Ricardo Mario Gonzalez.

¿Qué significa perder un hijo? ¿Quién puede ayudar a quién durante semejante crisis? ¿Cómo podemos ser más sensibles a las necesidades de aquellos que se enfrentan a las más terribles pruebas de la vida? ¿Pueden los padres que pierden un hijo reasumir una vida normal y feliz?

La vida fue creada para ser sencilla y hermosa. En el desafío que brinda la vida, siempre habrá lo que yo llamo tormentas, grandes y pequeñas. Pero, por experiencia, sabemos que todas las tormentas pasan, que después de la lluvia brilla de nuevo el sol, que la primavera sigue siempre al más crudo invierno.

Pero para los padres cuyo hijo ha muerto o se le ha diagnosticado una severa incapacidad o enfermedad mortal, estos pensamientos nunca ayudan ni son creíbles. Una afirmación aparentemente amistosa, como “Fue la voluntad de Dios” o “Por lo menos lo tuvieron durante un tiempo”, no sólo es inoportuna sino también irritante para la mayoría de los padres afligidos.

Nadie puede confortar con éxito a otra persona de los dolores de la vida; nadie puede hacer que desaparezca nuestra aflicción. Nadie puede realmente consolar a un padre que ha perdido un hijo o hacer que la siniestra realidad se desvanezca. Pero podernos ayudarlo y estar a su disposición. Podemos estar allí cuando necesiten hablar, cuando necesiten llorar, cuando tengan que tomar decisiones demasiado difíciles. Y podemos ayudar previniendo muchos de los desastrosos efectos posteriores a tan dolorosas pérdidas, mediante una mucho más sensible y receptiva actitud antes de que la muerte ocurra, siempre que ello sea posible.

Posteado por: gruporenacer | Viernes 25 julio 2014

Grupo Renacer Avellaneda: 18 aniversario


aniversario de Renacer Avellaneda

Posteado por: gruporenacer | Viernes 25 julio 2014

“Si yo hubiera…” es la antesala de la culpa imaginaria


Enviado por Enrique Conde

En Renacer, la mayoría de los padres se acercan con sentimientos de culpa, a veces muy indefinidos, a veces puntuales. Sabemos que este sentimiento es, en la mayoría de los casos, injustificado, pero debemos fundamentarlo en alguna medida para que el padre logre ver el error de concentrar valiosas energías en un camino sin retorno.
A una persona que se lamenta diciendo: “Si yo hubiera hecho…”, “si yo hubiera sabido…”, “si yo le hubiera dado…”, “si yo no le hubiera dado…” debemos recordarle que como padres siempre hicimos y vivimos de la mejor manera que supimos y pudimos. Seguramente no quisimos herir o causar daño alguno, todo lo que hicimos creímos hacerlo porque así debía ser. Somos humanos, y como tales, cometemos errores.
Sin embargo podemos observar a padres que se quedan anclados en el pasado, en el “si hubiera sabido”…, “si no hubiera dicho”…, “si hubiera actuado de otra forma”…, etc., que no progresan en el camino de regreso a una vida plena.
La pérdida se hace así atemporal, en 10 años, en 20 años, todo es igual y hoy, aún varios años después, a esas personas al hablar de sus hijos sus ojos se llenarán de lágrimas, y volverán a narrar con todo detalle el día fatídico en que el hijo fue arrancado de sus vidas.
También observamos a padres que más que llorar por la ausencia del hijo, por el dolor que les produce su partida, centran sus energías en reñir con el destino, “por qué justo a él o a ella”, o “por qué de esa manera”, “por qué ellos que siempre fueron buenos y dadivosos”, etc.
Ante estas preguntas o quejas sin respuesta, estos padres mantienen una herida abierta por espacios prolongados de tiempo, muchas veces de por vida.
En ninguno de estos casos se produce la aceptación del hecho y el saludable camino hacia el sentido, considerando nuestra vida desde este punto en adelante, ya que el pasado no puede ser cambiado.
Estos padres se debaten muchas veces en sentimientos de culpa ficticia o imaginaria.
Nicolás partió en un accidente de moto y durante un tiempo nos reprochamos haberle comprado la moto.
Un día fuimos a visitar a un matrimonio que había perdido un hijo, cosa que hacíamos todos los sábados por la mañana durante un tiempo, porque nos hacía sentir muy bien y la señora nos dice: acá a la vuelta, hay una mamá que perdió un hijo y está muy mal ¿por qué no van a visitarla?
Fuimos y la mamá se pone a hablar y en un momento nos dice: si yo lo hubiera dejado salir con la moto, mi hijo no se hubiera muerto.
Entonces le preguntamos: ¿cómo es eso? y ella nos dice: mi hijo, todos los días después de almorzar salía a dar una vuelta con su moto y ese día discutimos, nos enojamos y yo, en penitencia, le dije: hoy vos no usarás la moto.
Mi hijo se sentó en el zaguán, pasaron unos amigos con un auto, lo invitaron a dar una vuelta, tuvieron un accidente y el único que murió fue mi hijo.”
Y agregó: “si yo le hubiera dado la moto, mi hijo no estaría muerto.”
Y ahí a su frente estábamos nosotros que pensábamos que si no le hubiéramos dado la moto nuestro hijo Nicolás, no estaría muerto…
Entonces, ¿Quién tenía razón?
Las cosas suceden porque tienen que suceder.
Pensemos un poco juntos; cada uno de nosotros ¿tiene, realmente, poder sobre la vida o la muerte de otra persona?
¿Está en nosotros poder decidir cuándo y en qué minuto y momento puede morir una persona?
Cuántas veces hemos visto que se le aprieta a alguien el gatillo de frente y la bala pasa por acá, por allá y no lo mata y en una de esas, una bala perdida mata a una persona.
Nadie tiene poder sobre la vida o la muerte de otra persona, ese poder para el creyente vendría de Dios y para quien no lo es, es el destino, es la vida, es el minuto de esa persona, ni un minuto antes ni un minuto después, las circunstancias se van dando de manera que él o ella tuviera que estar en ese momento, o en ese lugar, en ese minuto.
Eso es todo, ninguno de nosotros es tan omnipotente.
Todo lo que ha pasado no se puede modificar y continuar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos lleva a ninguna parte, no nos conduce, absolutamente, a ningún lado.
Cuando uno pierde un hijo, es un proceso normal buscar la responsabilidad, así como cuando una persona se enferma, lo primero que hace es mirar para atrás a ver qué comió, con quién estuvo, qué hizo, en qué pudo haber sido responsable de eso, o si se golpeó o si se cayó, entonces, si uno le pregunta cuando empezó su enfermedad, dice: ¡ah! mi enfermedad comienza, aunque sea un cáncer de huesos, mi enfermedad comienza cuando comí una pizza en tal lugar.
Es normal eso de buscar siempre la causa del efecto, entonces, cuando muere un hijo uno siempre busca la causa ¿por qué pasó esto?, ¿quién fue el responsable? ¿fue el médico? ¿fue el que conducía? ¿fue el que lo indujo? ¿fue el que lo introdujo en tal cosa? Todas las especulaciones que uno pueda hacer.
Y poco a poco, generalmente durante las noches que no se puede dormir, uno va descartando algunas de estas causas y finalmente se queda con un culpable: uno mismo.
Entonces, aparece una culpa que es una culpa imaginaria o ficticia, la culpa real es cuando, realmente uno ha dejado de hacer algo o es responsable, en alguna medida, de lo que sucede.
Puede ser que la persona sea responsable, es muy difícil saberlo.
Generalmente, cuando uno no encuentra a quien culpar, surge la culpa ficticia, la culpa imaginaria, se culpa, primero, a Dios y cuando después piensa que no es así, termina echándose la culpa a sí mismo.
Y luego, ¿qué he hecho para merecer esto y una noche uno dice: si esto es un castigo, pues junto con la culpa aparece el concepto de castigo, ¿he hecho algo de lo que me siento culpable?, y la muerte de mi hijo es el castigo que recibo ¿lo han pensado ustedes así?
Tenemos noticias para ustedes, si lo que están buscando es sobre la culpa y el castigo, evidentemente, el que castiga debe ser un ser superior, pero ese ser superior, a su vez, tiene que tener un cierto grado de justicia para castigar, entonces si uno comete algo por lo cual se le debe castigar, el castigo debe ser para él, pero no puede ser, que por un acto que uno cometa, se castigue a él, a su mujer, a sus hijos y a todos los parientes, porque eso sería una cosa absolutamente injusta; entonces, si se tiene que castigar a alguien quedaría mudo, sordo, rengo o se muere, pero el castigo tiene que ser personal, no puede ser general.
¿Se dan cuenta ustedes de la importancia de esto?
Lo razonable es pensar que si hay una noción de castigo, el castigo tiene que ser hacia la persona, no puede ser hacia el resto de las personas ¿por qué se va a castigar a toda la familia, por algo que cometió uno de ellos?
Entonces no puede ser un castigo y si no puede ser un castigo tampoco es lógica la noción de culpa, que hemos imaginado, entonces piensen en otra cosa ¿por qué se van a estar amargando por una cosa tan absurda como ésta?
Para Elisabeth Lukas existen cosas más importantes que hacer que desenterrar errores del pasado; el presente debe ser utilizado y el futuro planeado”.
Esto nos recuerda una frase de Séneca: “El hombre feliz archiva su pasado, pone en orden su presente y está en condiciones de reformar su futuro, cuantas veces crea necesario”
Nosotros compartimos plenamente este criterio, de aquí se desprende que el “trabajar” y “elaborar” los sentimientos negativos, reactivando momentos dolorosos, no solo no es positivo, sino que impide que se vea con claridad cuales son las opciones hoy.
El pasado no puede ser cambiado, pero lo que existe aún es la libertad de elegir la actitud con que me enfrentaré y resolveré mi culpa real si existe y desechar la imaginaria que nunca existió.
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
bertilogoterapia@gmail.com
Viernes 25 de Julio de 2014

Posteado por: gruporenacer | Jueves 24 julio 2014

Cómo se abrió el camino


Aporte de Ricardo Mario Gonzalez

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a sus compañeros seguir por allí.
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, finalmente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si esa es la mejor elección.
Paulo coelho

Posteado por: gruporenacer | Martes 22 julio 2014

Juntos caminaremos el empedrado


 Aporte de Ricardo Mario Gonzalez

Ven, toma mi mano, el camino es largo. Debemos viajar por el empedrado. No, no estás solo, iré contigo. Conozco bien el camino, yo he estado allí. No temas a la oscuridad. Estaré contigo, debemos dar un paso tras otro…, pero recuerda, podemos detenentos un rato. Es un camino largo hasta el otro lado y aquí hay muchos obstáculos.

Tenemos muchas piedras que sortear, unas más grandes que otras. Impacto, rebeldía, rabia para comenzar. Luego viene la culpa, la desesperación y la soledad. Es duro el camino, pero debemos hacerlo, es la única manera de alcanzar el otro lado.

Ven, dame tu mano. ¿Qué? Oh sí, es fuerte. He sujetado muchas manos como la tuya. ¡Oh! has caído…, llora y sigue adelante, no te averguences, yo te entiendo. Espera aquí un instante y toma aliento; cuando estés mejor continuaremos paso a paso, no hay necesidad de apurarse.

Sabes, es grato oírte reír. Sí, estoy de acuerdo, los recuerdos son buenos. Mira, estamos en la mitad del camino; ahora puedo ver el otro lado, parece tan tibio y soleado. ¡0h! has visto, estamos cerca de la última piedra y estás solo y de pie; mira tu mano, has soltado la mía. Hemos llegado al otro lado.

Pero espera, mira atrás, alguién está parado allá. Ellos están solos y quieren cruzar el empedrado. Mejor me voy. ¿Por qué? porque ellos necesitan mí ayuda. Sigue adelante y espérame, tú conoces el camino, has estado allí.

¿Qué, estás seguro? Sí, de acuerdo. Es tu turno amigo, de ayudar a otros a cruzar el empedrado.

Posteado por: gruporenacer | Viernes 18 julio 2014

NOSTALGIA


 Aporte de Patricia Lagunes

 

Cuando no quede nada más de que hablar,
cuando no quede nada más que romper,
y no haya más que descubrir…

Cuando en aquel lugar donde el tiempo solía detenerse, empiece a oscurecer,
cuando yo esté lejos y tú estés triste…

Quédate conmigo, aquí conmigo.
Mirando el mismo lugar
desde dos puntos distintos.

Quédate en mi memoria, déjame recordarte.
Vuelve a estar en las canciones que cantaba.

Sólo quédate…

Algunas hojas caen antes de otoño.
Y algunos sueños terminan antes de acabar el invierno.
¿Sabes por dónde te llevará tu destino?

Y si el tiempo decide no cambiar tu mirada,
tal vez oigas una voz dentro de ti.
Será mi voz llamándote desde algún lugar.

Quédate conmigo, aquí conmigo.
Donde no sea necesario
tocarnos para sentirnos.

Quédate en mi memoria, déjame recordarte.
Cantarte un poco más, observar tu rostro.

Solo quédate…

Y veré el sol reflejado en el agua.
Sentiré el viento en mi espalda.
Y pensaré en ti, recordaré aquellos tiempos.

Y cuando alguien más logre hacerme sonreír,
y entonces cante nuevas canciones y conozca nuevos lugares…

Cuando cierre los ojos,
cuando recueste mi cabeza sobre la hierba…

Quédate conmigo, aquí conmigo.
Dentro de un cuento,
dentro de una canción.

Quédate en mi memoria, déjame recordarte.
Déjame encontrar a quien tenía latiendo este corazón.

Sólo…

Quédate conmigo, aquí conmigo.
Quédate en mi memoria, déjame recordarte…

DE: Raul Eduardo Huarachi Tapia
( ENVIADO POR PATRICIA LAGUNES )

Posteado por: gruporenacer | Jueves 17 julio 2014

La respuesta del hombre al sufrimiento yace en la trascendencia.


Hemos mostrado los senderos, propuestos desde la Logoterapia, que conducen
hacia el sentido inherente en las crisis existenciales, que llevan hacia los valores
creativos, experienciales y de actitud. Así también hemos visto cómo estos tres senderos
se funden en uno solo cuando el hombre doliente se encuentra, rostro a rostro con Otro
como su par que en su tragedia lo reclama. En estas circunstancias el hombre
intuitivamente conoce que “no vale la pena perder tiempo derribando vallas”
(emociones que supuestamente lo condicionan) cuando se puede saltarlas para ayudar al
hermano que sufre, y al saltarlas se da cuenta que se levanta por sobre sí mismo, que
verdaderamente existe y en ese proceso trasciende su existencia inauténtica en su
camino hacia el ser auténtico, y también trasciende su existencia fáctica (corporal y
psíquica) dándole alas a su espíritu para este salto de libertad. Pero al mismo tiempo, y
arrastrado por el sentido, que espera por él ser realizado, en ese mismo salto que
paradójicamente lo conduce, no sólo al Otro, sino al ser, su propio ser, desaparece la
angustia existencial, pues la nada se desvanece en la plenitud del sentido.
Hemos avanzado la hipótesis de que todos los grupos de ayuda mutua son, desde
su inicio mismo, grupos de “transformación interior” lo que nos ha llevado a plantear la
forma en que un grupo puede ayudar más adecuadamente a un integrante a llegar a ese
estado de conciencia ampliada que llamamos espiritualidad, y nos hemos preguntado si
esto se logra haciéndole reflexionar y analizar continuamente las emociones y
sentimientos que se originan en este momento histórico de su persona, o abriéndole su
horizonte de libertades (posibilidades) y ayudándole de esta manera a encontrar su
nuevo momento histórico, su nuevo modo del ser, en ese, su viaje por un nuevo
territorio, sólo que esta vez acompañado y ayudado por sus compañeros de destino.
Parece evidente que al hombre que tiene que hacer su viaje por la vida con un
platillo de la balanza sobrecargado por las realidades que el destino, ya sea biológico,
psicológico o circunstancial le ha deparado, la mejor forma de ayudarlo no es
alivianar ese platillo ( hecho de por sí imposible de llevar a cabo), sino cargando el
platillo de lo que él ofrece a la vida mediante la realización de posibilidades
cualitativamente mejores, en otras palabras, de la realización de las posibilidades de
sentido, entendiendo por sentido aquella opción que cumple la triple condicionalidad de
ser bueno para la persona, ser bueno para los demás y ser bueno para la vida misma.
Hemos observado que el primer paso en este largo y difícil camino que los
grupos de ayuda mutua ofrecen ha sido aprender nuevas maneras de comunicación que
partan desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro. Y lo mejor de cada uno es ese
amor que aún tenemos por la vida, por Dios, por nuestros seres queridos o por uno
mismo, puesto que si los corazones estuviesen resecos, sin amor alguno, nadie estaría en
un grupo, y esta pasión es humilde y es desapegada y es autorrenuncia. Estos tres
fenómenos humanos han estado larvados en la existencia en la mayoría de los
integrantes de los grupos, y reflejan la autotrascendencia humana. Hemos llegado así a
“descubrir”, a desocultar que la respuesta del hombre al sufrimiento yace en la
trascendencia, y se hace evidente una conclusión más: el sufrimiento no puede ser
curado, ni resuelto, ni elaborado, el sufrimiento sólo puede ser… trascendido.

Alicia y Gustavo Berti

Posteado por: gruporenacer | Martes 15 julio 2014

Renacer pidió por “un mundo mejor, sin ningún tipo de violencia”


SIN POLITICA DE NINGÚN TIPO…. SIN IDIOLOGIAS EXTREMAS SIN TOMAR POSICION EN NINGUN TIPO DE CONFLICTOS.. SOLO LO QUE EXPRESAN LOS INICIADORES DE RENACER Y QUE POR AÑOS, NO HEMOS TENIDO NINGUN TIPO DE PROBLEMAS CON ESTO !!!

!!! EL SI A LA VIDA DE RENACER ES LA MEJOR MUESTRA DE AMOR EN NOMBRE DE NUESTROS HIJOS QUE PODEMOS DAR , ADEMAS DE COMPARTIRLO CON EL HERMANO QUE SUFRE !!!!..

Ricardo Mario Gonzalez
Nota publicado en “El diario del centro del país” el día 12 de mayo de 2014.  ( http://www.eldiariocba.com.ar/noticias/nota.asp?nid=81140 )
..
Renacer pidió por “un mundo mejor, sin ningún tipo de violencia”
.
..
Ali­cia Sch­nei­der, una de las fun­da­do­ras del gru­po de pa­dres que han per­di­do hi­jos, abo­gó ayer por “un mun­do me­jor, sin vio­len­cia”.
Al ha­blar en la ce­le­bra­ción de los 20 años del gru­po Re­na­cer de Vi­lla Ma­ría, la rio­cuar­ten­se sos­tu­vo que “vi­vi­mos en una so­cie­dad muy vio­len­ta, tal vez siem­pre ha si­do así, pe­ro hoy se per­ci­be así a tra­vés de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción”.
Re­na­cer rea­li­zó su reu­nión pú­bli­ca anual en el au­di­to­rio So­bral en ho­ras de la ma­ña­na y lue­go rea­li­zó una suel­ta de glo­bos en el tea­tri­no ubi­ca­do en las in­me­dia­cio­nes. El en­cuen­tro po­bló el re­cin­to de ave­ni­da Mi­tre, con fa­mi­lias de nues­tra ciu­dad, la re­gión y tam­bién de otras pro­vin­cias.
Ali­cia y su es­po­so Gus­ta­vo fue­ron los úl­ti­mos ora­do­res de la reu­nión, y se mos­tra­ron preo­cu­pa­dos por las ma­ni­fes­ta­cio­nes de vio­len­cia en ho­ga­res y es­cue­las, y pu­sie­ron de re­lie­ve que Re­na­cer “no es só­lo un gru­po de ayu­da mu­tua en­tre pa­dres que han per­di­do a sus hi­jos” si­no que “te­ne­mos la res­pon­sa­bi­li­dad co­mo mo­vi­mien­to de lle­var ade­lan­te una ta­rea pre­ven­ti­va, que es su­mar­nos a la pré­di­ca por un mun­do me­jor”.
“De­be­mos pro­cu­rar en to­das nues­tras ac­cio­nes la to­le­ran­cia, la unión, la re­con­ci­lia­ción y el en­cuen­tro”, ex­pre­só, “y no ser ve­hí­cu­los de nin­gún ti­po de vio­len­cia”.
Asi­mis­mo, re­mar­có que “el vio­len­to tam­bién su­fre, no tie­ne paz”.
Ali­cia y su ma­ri­do Gus­ta­vo Ber­ti fun­da­ron Re­na­cer ha­ce un cuar­to de si­glo y su idea se imi­tó en in­fi­ni­dad de lu­ga­res del país y del mun­do.
La reu­nión, ma­ti­za­da por mú­si­ca, bai­le y ví­to­res a los dis­tin­tos ora­do­res, cul­mi­nó con aplau­sos “a nues­tros hi­jos, no só­lo a los que par­tie­ron an­tes que no­so­tros, si­no a los que es­tán aquí acom­pa­ñán­do­nos”.
Si bien Renacer na­ció co­mo gru­po de au­toa­yu­da, des­de ha­ce tiempo se ha cam­bia­do es­te tér­mi­no por el de ayu­da mu­tua. “En la elec­ción del tér­mi­no ayu­da mu­tua por so­bre au­toa­yu­da he­mos res­pe­ta­do el con­cep­to fran­klea­no de la fe­li­ci­dad co­mo re­sul­ta­do y no co­mo me­ta, y con­si­de­ra­mos que la ayu­da a uno mis­mo es el re­sul­ta­do de una ta­rea ade­cua­da­men­te cum­pli­da que con­sis­te en la ayu­da a un her­ma­no que su­fre y en ese pro­ce­so de ayu­dar a otro me ayu­do a mí mis­mo en una ta­rea de ayu­da mu­tua. Es­ta vuel­ta de tuer­ca exis­ten­cial que va de “re­ci­bir pa­ra des­pués dar” (tan fre­cuen­te en los “preám­bu­los” de gru­pos de au­toa­yu­da) ha­cia el “dar pa­ra re­ci­bir” de Re­na­cer, es con­sis­ten­te con el pos­tu­la­do cris­tia­no y rea­fir­ma la au­to­tras­cen­den­cia del ser hu­ma­no que se re­co­no­ce en la si­guien­te fra­se de Frankl: “El hom­bre que se le­van­ta por so­bre su do­lor pa­ra ayu­dar a un her­ma­no que su­fre tras­cien­de co­mo ser hu­ma­no”.
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Renacer pidió por “un mundo mejor, sin ningún tipo de violencia”

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