Tomemos las riendas de nuestra vida

Enrique Conde

De la fuente inagotable de RENACER    

Después de perder un hijo o hija, como lo hemos dicho tantas veces, la vida es como sacarse un guante de goma de la mano, todo lo que estaba adentro quedó afuera y todo lo que estaba afuera quedó adentro.

     Es un cambio totalmente radical, ya no somos las mismas personas, no podemos serlo, entonces tengo que elegir.

     ¿Qué opciones tenemos?

     Sólo ser una mejor persona o ser una peor persona, no hay otra.

     Quien pretenda transitar por la vida de la misma manera, se va a dar cuenta que es un absurdo.

      Ineludiblemente, tenemos que decidir si queremos ser mejor persona o queremos ser peor persona.

      Ser una peor persona es muy fácil, ni siquiera hay que levantarse de la cama, no hay que hacer ningún esfuerzo, ni siquiera hay que contestar cuando alguien nos hable.

      Ser una mejor persona, ese es el desafío que nos deja un hijo/a cuando se ha ido, ¿Tenemos la obligación moral de transformarnos en una mejor persona o no la tenemos? Sí, la tenemos.

      Si no cumpliéramos con esa responsabilidad, después aparecerá algo que se llama culpa.

     El hombre se siente culpable no por lo que ha sucedido, sino por lo que tiene que hacer y todavía no lo ha hecho.

     La culpa no está en el pasado, está en el futuro, por lo que hacemos, por la actitud que asumimos.

     Tenemos que darnos cuenta que a nosotros nos ha cambiado la existencia, si no nos damos cuenta, nunca vamos a salir adelante.

     El desafío es «qué hace cada uno de ahora en adelante, qué voy  a hacer yo, qué va a ser de mi vida».

     Tengo que pensar primero: «cómo voy a sufrir lo que tengo que sufrir». Segundo: «qué voy a ser yo dentro de cinco años».

    ¿Voy a ser una persona amargada, vencida por la vida, inútil para la sociedad, sin ningún valor? Porque si eso es lo que va a pasar, entonces, lo que ustedes harían, es hacer de ese hijo vuestro verdugo.  ¿Eso es lo que quieren hacer? ¿no? Entonces tienen que tomar las riendas de sus vidas, nadie las puede tomar por ustedes.

     Son ustedes los que tienen que tomar las riendas de sus vidas y hacerse cargo de ella. .

        La pérdida de un hijo/a, es la pregunta más importante que nos ha hecho la vida y, por lo tanto, la respuesta debe ser de igual importancia. 

      El padre no sabe cuál es la respuesta, pero su intuición le dice que debe estar basada en  una transformación espiritual.

      A través del dolor, tenemos la oportunidad de transformarnos; ¿por qué me voy a transformar? ¿Por qué tengo la oportunidad de transformarme? ¿Por qué debo hacerlo?

      Porque cuando lo trágico nos acontece, se produce una conmoción existencial, que significa que toda nuestra existencia está siendo conmocionada de raíz.

      Es como si estuviéramos de rodillas frente a la vida diciendo: “Sólo sé que no sé nada”, «yo creía que la vida era una cosa, pero resulta que la vida es otra cosa».

      Nos miramos al espejo y no nos reconocemos, estamos en un mano a mano con la conciencia, sabemos lo que hicimos bien y lo que hicimos mal. ¿Por qué? ¿Quién es el juez de qué es lo que está bien y qué es lo que está mal?

      Nosotros, sí, pero es a través del amor incondicional que sentimos por nuestros hijos.

      Los hijos que no están, despiertan en nosotros ese amor incondicional, aquel que no tiene ni reclamos ni expectativas, que no necesita siquiera de la presencia física del ser querido para amar, para expandirse, pues, pese a no tenerlo físicamente igual los seguimos amando.

      Y frente al amor incondicional, sabemos que esta vida es vista, por primera vez, con los ojos del espíritu, los ojos al desnudo, mi yo frente a mi existencia, desnudo frente a mi existencia.

      Por eso tengo la posibilidad, desde allí, desde esa posición de rodillas frente a la vida, levantarme porque elijo hacerlo; elijo, por sobre el dolor, elijo el amor.

      El amor por nuestros hijos debe ser el que, lentamente, vaya ganando terreno al dolor, pero será en la medida en que, como siempre decimos, debemos ejercer la auto renuncia, cuando entramos a un grupo como RENACER que nos muestra ese camino.          

      Es la intuición la que nos muestra el camino. Encontramos valores en la medida que los percibimos interiormente, valores que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo.

      Que la partida de ese ser tan amado no signifique el fin de nuestra vida, que signifique el comienzo de algo maravilloso, un camino luminoso que tiene que  ver con el servicio, tiene que ver con el dar mi mano y en ese dar mi mano al otro que sufre, mi propio dolor va desapareciendo, va disolviéndose.

      ¿Por qué? Porque lo que estamos tratando de hacer, es tratar de convertir nuestro dolor en amor, porque el dolor puede pasar, pero el amor es para siempre.

      RENACER ofrece un camino luminoso, positivo, amoroso y que tiene que ver con transformar el dolor, ese dolor tan increíble, transformarlo en amor, porque:  ¿Qué es más fuerte? ¿Qué es más fuerte que el dolor? El amor, por el hijo.

      Nosotros podemos sentir el dolor de su ausencia, pero mucho más fuerte que el dolor por la ausencia del hijo, es el amor hacia ese hijo.

      El dolor va a pasar, si sabemos canalizarlo positivamente, pero el amor siempre quedará.

      De un sufrimiento extremo como éste podemos aprender tanto… se abren caminos inesperados que jamás hubiéramos pensado. que se nos iban a presentar, pues la vida tiene tesoros para descubrir y cada uno puede descubrirlos, pero depende de cada uno de nosotros. 

      Mamás y papás nuevos, sepan que es así y que debemos abrirnos a esas posibilidades, tenemos que abrir los ojos, abrir el corazón y abrir la mente para descubrir que detrás de este dolor, que hoy muchos están sintiendo todavía tan fresco, sepan que ahí no se agota todo.

      Hay una frase muy linda que leí: “Al sentir esperanza, no estamos negando que las cosas sean como “parecen ser”, simplemente estoy afirmando que en ese “parecer ser” no se agota todo lo que esas cosas son.”

      Es hacer el esfuerzo de ponerme de pie y saber que de mí depende cómo yo viva mi vida, como yo viva cada día de mi vida y las respuestas que dé a las preguntas, a los interrogantes duros y a los planteos duros que la vida nos hace.

      Como cada uno responda a cada uno de esos interrogantes, se va definiendo como persona y van a hacer de sí, lo máximo que pueda llegar a ser como persona.

      Es a través del sufrimiento que nos modelamos, como es que a través del fuego se va haciendo la obra del orfebre.

      Es posible obtener una transformación interior, que al principio ni siquiera soñábamos que podíamos lograr. 

       Entonces, la partida de nuestros hijos, no habrá sido en vano, porque  dejó en este mundo personas mucho mejores de lo que eran cuando ellos estaban. 

                                                            Viernes 23 de Setiembre de 2022

Eiségesis de lo expresado por sus iniciadores Alicia   y Gustavo Berti, recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enrique y a Enriquito.  

Hoy, me toca a mí Ana Doris, en homenaje a mi querido papá, continuar su obra ya escrita de antemano pensando que este momento llegaría algún día y dejándome como trasmisora de su labor de mensajero de RENACER, ya que siempre afirmaba, fervientemente, que el mensaje de RENACER debe trascender a las personas.

                          De RENACER Congreso – Montevideo, Uruguay

                                              “Por la Esencia de RENACER«

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