Renacer no debe terminar siendo un grupo de duelo: aspectos.


El 10 de abril de 2010, Alicia Schneider y Gustavo Berti publicarón la carta Renacer no debe terminar siendo un grupo de duelo”.   Pocos días después Enrique Conde escribió un texto con reflexiones sobre los ASPECTOS  de Renacer, el cual se publicó hace exactamente 9 años. Reproducimos ese texto:


                             En relación a “RENACER NO DEBE TERMINAR SIENDO UN GRUPO DE DUELO” nos permitimos detallar, a mero titulo informativo, algunos aspectos de este movimiento, a veces desconocidos y otras veces ignorados.

                                               Cuando Alicia y Gustavo Berti perdieron a su hijo Nicolás, por entonces, la pérdida de un hijo, era considerara como una tragedia o una enfermedad, o una situación que desemboca en una o ambas cosas.

                                               Pero el matrimonio Berti considerando que no siempre las cosas son lo que parecen ser y que en ese “parecer ser” no se agota todo lo que esas cosas son, empezaron por pensar que algún sentido tendría que tener el hecho que se encontraran, ya sea en su consultorio para él o en su actividad docente para ella, con  muchos padres que también habían perdido hijos y se les ocurrió convocarlos ¿para que?

                                               ¿Para qué?, era la pegunta de los convocados y la contestación fue: “no sabemos que vamos a hacer,  pero una cosa es cierta, no vamos a ser un grupo de llorones, vamos a juntarnos para ver cómo podemos encontrar un sentido, un significado a esto que nos pasó.”

                                              Impulsado por sus espíritus científicos, ya que la especialidad de él es la de neurocirujano, y la de ella docente, sintieron la necesidad de encontrarle un fundamento científico a lo que les estaba sucediendo, pues la crisis les había producido una desconexión de la realidad que los rodeaba, de extraordinaria intensidad, lo que les despertó una gran curiosidad por entenderla.

                                               En ningún tratado de psicología occidental les fue posible encontrar una descripción del bienestar que experimentaban al ver que unos padres que habían llegado al grupo, por vez primera, con los rostros extenuados por el dolor, abandonaban la reunión con una sonrisa en los labios y una mirada de agradecimiento en sus ojos.

            La falta de respuesta por parte de las ciencias de la psiquis, les planteó la duda inicial con respecto a la tarea que llevaban a cabo.

                                                Esta curiosidad recién pudo ser satisfecha cuando, adentrado ya en la tarea de trabajar en Renacer y buscando una teoría científica que validara la experiencia empírica que se estaba recogiendo, les llegó el conocimiento de Husserl y su fenomenología, donde él hablaba de la reducción trascendental, y fue entonces, que se dieron cuenta que la experiencia vivida, que tanta curiosidad les despertaba, había sido precisamente eso, una reducción trascendental, una formidable puesta entre paréntesis del mundo que les rodeaba, capaz de hacerles experimentar la nada en su plenitud.

                                                 Una reducción trascendental, que según Husserl, mediante un cambio de actitud, era capaz de “provocar una transformación personal que implica, además, la más grande transformación de la propia existencia, que le está dada como tarea a la humanidad en cuanto humanidad.”

                                                 Fue, entonces, que al conocer, por primera vez, que otros hombres afirmaban en sus obras, sin vacilación alguna, lo que estaban experimentando ellos, les proporcionó el temple necesario para continuar en ese camino que, aunque por entonces no tenía un destino establecido, iba a terminar en una experiencia colectiva inimaginable en ese primer momento.

                                                    El encontrar, finalmente, una explicación a la experiencia vivida, indujo su interés hacia la fenomenología, puesto que habían comenzado una tarea sin base teórica previa y estaban recolectando gran cantidad de información a la que había que encontrarle un marco que verificara, adecuadamente, sus límites y su valor.

                                                    La falta de respuesta por parte de las ciencias de la psiquis, les llevó a descartar prontamente la psicología profunda y el conductismo en sus diversas variantes, así como la psiquiatría, como marco referencial de la tarea de los grupos y, además, a indagar en las ciencias orientales de la conciencia, a fin de comprender los estados de beatitud en los que ya no hay vivencia del sufrimiento, pero aún no había mayor progreso, hasta que llegó a sus manos un libro de Víctor Frankl, “El hombre en busca de sentido”.

                                                      Allí, Frankl narra sus experiencias durante tres años de internación en varios campos de concentración nazis, durante la segunda guerra mundial, y lo hacía rescatando, por sobre todas las cosas, la entereza y la dignidad humana aun en las situaciones más abyectas.

                                                      Entonces, comenzó a tomar forma la búsqueda de un marco conceptual para la tarea de ayuda mutua, marco ofrecido por la Logoterapia y el Análisis Existencial de Víctor Frankl, con sus profundas raíces en la fenomenología.

                                                      Fenomenología, como un modo de investigar que no caracteriza el “que” material de los objetos de investigación filosófica, sino el “como” formal de estos.

                                                      Por lo tanto, en el estudio del sufrimiento y su respuesta mediante la ayuda mutua, el método fenomenológico ha de ser útil para estudiar la manera de sufrir del hombre doliente y otorgar su justa y correcta dimensión existencial, a los fenómenos con los que nos hemos de encontrar.

                                                      En este método está implícito dedicarse de entrada al fenómeno humano del sufrimiento, antes que a las emociones y sentimientos, que son epifenómenos derivados del fenómeno originario que es el sufrimiento mismo.

                                                      Sin duda, que era eso lo que estaban haciendo, una reflexión sobre lo que les estaba pasando, sobre el sufrimiento que experimentaban y, por sobre todas las cosas, sobre las diversas maneras de sufrir del hombre en el mundo y de aquellas cosas que  hacían bien y ayudaban a aliviar el sufrimiento.

                                                      Esta experiencia podía ser extrapolada porque los padres que han perdido hijos, aprenden que la vida tiene un sentido incondicional y también, que como seres humanos que somos, estamos siempre orientados hacia la búsqueda de sentido, que yace oculto en cada situación de nuestras vidas.

                                                      La psicología, como apéndice de las ciencias naturales, sólo se remite a aquello que puede demostrarse, debiendo dejar de lado todo lo relacionado con la fe.

                                                      La psicología positivista margina los valores humanos trascendentes, reduciéndolos a epifenómenos de “mecanismos” naturales.

                                                        Tanto la psicología como la psiquiatría, confrontados al hombre sufriente se preocupan por analizar las emociones de las que el hombre tiene experiencia, surge así esa tendencia a estudiar y tratar de ocultar, farmacológicamente, o desarraigar analíticamente el miedo, la ira, la culpa, etc.

                                                      Jaspers, desde su posición nos dice: “La libertad no puede demostrarse al que la niega, como se pueden demostrar las cosas que se dan en el mundo, pero como en la libertad se halla el origen de nuestro obrar y nuestra conciencia de ser, lo que el hombre sea, no sólo es contenido de saber, sino también de  fe.”

                                                      Sucede que en ocasiones, es, precisamente, el sufrimiento inevitable el que sirve de despertador al hombre, el que le desafía a caminar con dignidad el resto de su vida, que le impulsa a crecer, a madurar, a cambiarse a sí mismo, y en este proceso, desconocido para el mundo emocional de nuestra psiquis, poder cambiar a la comunidad en la que se vive, al tener acceso a una dimensión o esfera de nuestro ser antes desconocida: la dimensión espiritual del hombre.

                                                      Víctor Frankl creó un modelo de gran valía para ayudar al hombre en su lucha por encontrar sentido a los interrogantes existenciales que la vida le plantea, ayudándolo a encontrar sus valores y a ser consciente de su libertad y responsabilidad; es un modelo de psicología no determinista que se asienta sobre tres pilares básicos que son: la libertad, la percepción de sentido y el sentido de la vida.

                                                      El modelo frankliano considera al hombre como un ser bio-psico-espiritual, sin dejar de ser una unidad dentro de esta multiplicidad de dimensiones, libre, responsable y siempre orientado a algo o alguien más allá de él mismo; integrado a una sociedad como persona única e irrepetible, aportando su unicidad para el desarrollo de esa comunidad en una tarea solidaria; comprometido existencialmente en la búsqueda de valores y sentidos que esperan ser realizados por él, con una fe teísta y una filosofía existencial que lo lleva a un optimismo trágico y lo reconoce libre  y consciente, inserto en un mundo de responsabilidad, siendo suya la decisión sobre el ante qué o quién se hace responsable, ya sea su propia conciencia, la vida, la sociedad, Dios, o por último aquellos seres que lo han precedido en el viaje evolutivo que llamamos muerte.

                                                       Y este nuevo hombre se encuentra inserto en un mundo de valores y sentidos, que hace suyos sólo con no escapar a las preguntas que la vida misma va haciéndole según pasan los años; un mundo en el que ese hombre afirma su existir ya sea creando, amando y, cuando el tiempo llega, sufriendo si es necesario, pero asumiendo una actitud que lo haga digno de ser hombre.

                                                      A título ilustrativo, transcribimos algunos de los conceptos más significativos de pensamiento de Víctor Frankl manejados en Renacer.

                                                         “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  un hermano que sufre, trasciende como ser humano.”

                                                         “Al hombre se le puede arrebatar todo en la vida, menos la última de las libertades individuales: la actitud con que enfrentará lo que le toca vivir.”

                                                           “Si se quiere definir al hombre, habría que definirlo como el ser que hasta puede liberarse de aquello que lo determina.”

                                                          “Debemos ser capaces de enseñarle a los seres sufrientes, que lo que importa no es lo que nosotros esperamos de la vida, sino lo que la vida todavía espera de nosotros, porque si todavía estamos vivos, es porque  la vida aún espera algo de nosotros.”

                                                            “El hombre elabora la materia que el destino le brinda: una veces creando y otras viviendo o padeciendo, se esfuerza por desbastar su vida lo más posible para convertirla en valores, en valores  de creación, de vivencia o de actitud”

                                                          “El destino le pertenece al hombre como la tierra que lo ata con la fuerza de la gravedad, sin la cual caminar no sería posible.”

                                                             Víctor Frankl sostiene que nosotros somos libres, pero nuestra  libertad no es libertad de, sino libertad para, es decir, no somos libres de las cosas que nos condicionan, no somos libres de nuestro cuerpo, no lo podemos cambiar, no somos libres de nuestras emociones y no somos libres de nuestros sentimientos, pero somos, precisamente, libres para enfrentar y para oponernos a las emociones y a los sentimientos, es como salirse afuera de sí mismo para oponerse a sí mismo.

                                                 En palabras de Alicia y Gustavo Berti escuchamos:

        “Renacer ha crecido de manera explosiva, no por la difusión periodística que cada uno haya podido darle, tampoco por un azar del destino o una circunstancia fortuita, sino por tener un mensaje tan poderoso que ha roto barreras sociales, culturales y geográficas.

        Es un mensaje del cual todos nosotros, aun sin darnos cuenta, hemos sido y somos portadores, pero que al mismo tiempo, y por el hecho de ser portadores de ese mensaje que nuestros hijos nos han dejado, nos añade una responsabilidad extra en nuestras vidas, cual es  la de llevarlo con dignidad y honestidad.

        En la medida que llevemos el mensaje con amor, con convencimiento, con mucho respeto por cada uno de los papás, eso es Renacer.

        Así lo vemos nosotros y a donde vamos, por supuesto, llevamos el mensaje como lo vemos nosotros, pero ustedes también saben que decimos que los grupos no pueden imponer valores.

        Nos resistimos a que alguien le diga a un papá este libro no se puede leer, porque no estamos de acuerdo con ese libro; no lo vamos a decir nunca, porque Renacer acompaña a los papás y a las mamás hasta que cada uno comprenda que vivir su vida, tal como le es dada, es su propia responsabilidad.

        Y ahí nos paramos, hasta ahí llegamos y somos fieles y consecuentes con el pensamiento de Frankl

        No hay personería jurídica, no hay cargos, no hay manejo de dineros, nos limitamos a reunirnos dos veces al mes para ayudar a los papás que nos necesitan, eso es Renacer.

        El verdadero Renacer es en el campo de batalla, allí donde está el sufrimiento, allí donde las personas requieren de aquellos que ya han pasado por este camino.

        Ayudar, es amor, es amor incondicional; eso significa darse al otro, desde lo mejor de mí para encontrarme con lo mejor del otro y aceptarnos como somos, porque todos tenemos defectos, yo los tengo, yo sé que cada uno de ustedes piensa que tiene algunos… pero igual esos “pocos” pueden molestar al que está enfrente o al que está al lado, entonces, tratemos de encontrarnos con lo mejor del otro.

        Hemos encontrado que el continuo desmenuzamiento de la forma en que los hijos se van, de lo que ocurrió ese día etc. no es útil para el proceso de recuperación, por el contrario, es el aquí y el ahora, que deben ser considerados poniendo toda las energías  en planear el futuro  sin el ser amado.

        Revivir la realidad dolorosa en todos sus detalles, no ha probado ser beneficioso para la recuperación integral del padre, esto, invariablemente, conduce a una etapa de la cual es muy difícil salir.

         En la dimensión espiritual es donde se generan los fenómenos más humanos del hombre: el amor, la libertad y la responsabilidad, que son los que nos permiten darnos cuenta de un hecho capital para enfrentar nuestro destino: una cosa es lo que nos ha pasado y otra cosa, y muy distinta, es lo que cada uno de nosotros decide hacer con aquello que nos ha sucedido.”

        Es necesario trabajar con una nueva realidad, una realidad que ha estado oculta, pero que comienza a dejarse ver a través de este camino de espiritualidad al que la muerte de un hijo nos abre las puertas, toda otra visión, todo otro proyecto, enfrentado a éste queda disminuido.

        Renacer, es el ámbito, el lugar, las personas, el mensaje que cobija, protege, que ama, que acuna a los padres y les hace recordar esa melodía única e irrepetible que sólo cada uno de nuestros corazones puede entonar, con la que hemos nacido, la que Dios o la vida puso en nosotros al nacer y Renacer hace que despertemos de ese dolor, despertemos de esa angustia, despertemos de los rencores, despertemos de las emociones que nos hacen daño, para escuchar, nuevamente, la melodía de nuestro corazón, única e irrepetible, donde residen nuestros valores, los valores espirituales, aquellos que son los verdaderos, los fundamentos de nosotros como seres humanos, esos valores que también a veces relegamos en el diario vivir y cuando  nos toca vivir esta conmoción existencial de perder uno o más hijos, o al único hijo, la vida ahora nos desafía, entonces, nos olvidamos un poco de esa nuestra melodía, pero está allí, tenemos que saber y aprender a despertarla y a escucharla nuevamente.

        Y, así, vivir en sintonía con esa melodía; esa melodía, es el fluir con la vida, es el aceptar lo que venga de la vida.”

                                                  Finalmente, Víctor Frankl sostiene que la felicidad no es una meta a lograr, sino el resultado de una tarea o misión adecuadamente cumplida. Ni siquiera es preciso que sea llevada a cabo exitosamente. Cuando el hombre ha cumplido, sin evadirse, con aquella tarea que la vida le ha demandado, sin importar el resultado,  puede sentirse feliz, puede sentirse realizado sin cuestionamiento alguno.

                                                      Si hemos aprendido que la felicidad no es una meta, sino que nos es otorgada como resultado de una tarea cumplida adecuadamente, qué mejor tarea para hacernos felices, que aquella que llevamos a cabo en nombre de nuestros amados hijos.

                                                      A la luz de su historia se puede comprender la preocupación de Alicia y Gustavo Berti cuando nos dicen “RENACER NO DEBE TERMINAR SIENDO UN GRUPO DE DUELO”

Ulises, Ana y Enrique

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

 

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